Entrevista

4C es el Código Común para la Comunidad de Cafeteros. El fundamento de esta norma es propiciar y establecer sostenibilidad en tres dimensiones esenciales, ambiental, social y económica, de la caficultura. La norma 4C plantea, pues, parámetros para integrar al cultivo, la postcosecha y la comercialización del café verde, que crean condiciones de armonia entre el caficultor y la naturaleza beneficiada, así como buen provecho para el amante de un excelso y sano café.

CERES Colombia Ltda estuvo en gira de verificación de la unidad 4C del Comité Departamental de Cafeteros. María Elena Collazos, auditora, fue entrevistada a propósito de la norma por el Diario del Huila. Les compartimos la entrevista.

Auditores del Código 4C evaluaron al Comité de Cafeteros del Huila

Por Fausto Manrique
Diario del Huila, Neiva
Enero 26 de 2013

María Helena Collazos, auditora de la firma Certification of Environmental Standards Colombia Ltda (Ceres), estuvo esta semana en la región para verificar el cumplimiento del Código Común 4C en el Comité Departamental de Cafeteros.

¿Desde hace cuántos años están en Colombia?
Desde 2005 estamos acá en Colombia haciendo labores de auditoría, orgánicos y otros estándares para café.

¿Cuál es el propósito de su visita a Neiva?
Estamos haciendo la verificación de la unidad 4C Huila de la Federación Nacional de Cafeteros, durante toda la semana estaremos en actividades de inspección.

¿En qué consiste el Código 4C?
La norma 4C tiene varias áreas o dimensiones para evaluar: la dimensión social, ambiental y económica.

¿Qué características tiene cada dimensión?
En la dimensión social nosotros revisamos todo el tema de pagos a trabajadores. Es decir que en la unidad todas las entidades involucradas, todos los socios del negocio al menos le garantizan a los trabajadores un pago de salario mínimo de acuerdo a lo que dice la ley colombiana. Que haya programas de capacitación, salud, seguridad, buenas prácticas agrícolas, en manejo adecuado de agroquímicos.

¿Es decir que el Comité de Cafeteros del Huila debe estar cumpliendo estos parámetros para recertificarse?
Sí. El Comité Departamental de Cafeteros del Huila, debe tener o desarrollar programas en la parte social relacionados con la salud, la educación, para todos los miembros, todos los socios que están dentro del programa 4C.

El Código 4C es bastante estricto en lo ambiental, ¿que parámetros se deben cumplir?
En la parte ambiental es más concreto, está relacionado con los recursos ambientales, la protección de fuentes de agua, el uso adecuado de agroquímicos, que haya muy buena disposición de residuos terrestres, no solamente envases vacíos, sino otros residuos peligrosos en la unidad.

¿Qué otros aspectos incluye la dimensión ambiental?
Que se implementen programas de reutilización, de reciclaje, que haya un uso muy racional del agua, de la energía, que cada práctica que implemente el productor, así sea la fertilización, esté ligada a un análisis de suelos o una recomendación técnica, que no se sobrepasen en las recomendaciones de producción.

vía Auditores del Código 4C evaluaron al Comité de Cafeteros del Huila.

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Sonidos de una misma sinfonía

Acerca del sistema productivo orgánico de BIO-BIO

Foto tomada del sitio FB de “Bio verdecitos germinados-flores comestibles”

Los germinados son alimentos que guardan el potencial nutritivo total que porta la semilla. Una semilla germinada es un alimento vivo, en el que no se han alterado los valores nutricionales básicos, los que comúnmente van disminuyendo con el crecimiento de la planta, su procesamiento y la cadena de transporte y comercialización que experimenta. La riqueza en enzimas, minerales, oligoelementos, aminoácidos, clorofila que portan los germinados, bien podría contribuir a colmar los vacíos nutricionales que en nuestros días son generados por los poco saludables hábitos alimenticios.

Además de constituir una experiencia nutricional para quienes los consumen, los germinados aportan un matiz gourmet a las comidas. El universo de sabores, colores y olores que se desprende de ellos, puede convertir un almuerzo cotidiano en una fiesta en la boca en la que todo el mundo está invitado.

Los germinados y hortalizas producidas por Bio-Bio en la finca La Araucana son alimentos vitales generados bajo un esquema productivo orgánico, en el que cada elemento converge para armonizar en una saludable relación con la tierra, el ecosistema y la salud humana. Las pasiones y conocimientos de los tres socios propietarios de Bio-Bio llevan a actuar elementos de distintas disciplinas a los cultivos, constituyendo un auténtico modelo de producción agrícola. Ciclos lunares, algo de biodinámica, manejo de energías humanas, conocimiento ancestral, control de secuencias de labores y técnicas ambientales científicas se adhieren a las técnicas de agricultura orgánica, bajo una óptica completamente integral.

En el km 18 de la zona rural de Cali, la finca la Araucana tiene la fortuna de ser el escenario en donde la energía sana de una naturaleza respetada abraza a los entes animales, humanos y vegetales. El esquema productivo integral orgánico de Bio-Bio toma forma en este espacio coloreado por los simpáticos brotes y hortalizas, que hacen pensar que el paraíso es en miniatura.

EL SUELO, TAN VIVO COMO USTED Y YO

Al comprometerse a producir bajo un sistema orgánico, es menester que el productor trabaje inicialmente en su propia mentalidad. Pactar con una desaceleración de los procesos, dejar de lado la inmediatez y conceder a los elementos naturales del campo su propia vitalidad. Juan Carlos Osorio, socio fundador de Bio-Bio, hace hincapié en la importancia de considerar al suelo como un ente vivo, al que hay que proporcionar las condiciones necesarias para su desarrollo. Juan Carlos sostiene que uno de los grandes errores de los agricultores es no otorgarle esta característica esencial al suelo.

Bajo esta verdad, en la Araucana, el suelo es permanentemente remineralizado, alimentado y se le deja descansar entre siembras. La rotación de cultivos es una actividad importante que tiene alto impacto en la salud del suelo. De esta manera, Bio-Bio opta por no cultivar las mismas hortalizas sobre el mismo suelo.

POTENCIA EN ROTACIÓN

La rotación de cultivos es una práctica que genera múltiples beneficios con respecto a la salud del cultivo y del suelo. El monocultivo, opuesto, constituye un entorno propicio para la multiplicación de plagas y enfermedades particulares en una plantación, quienes encuentran en esa monotonía el espacio óptimo para el caldeo de su existencia. Asimismo, el hecho de que las mismas plantas permanezcan en el mismo lugar, produce una reducción de los nutrientes esenciales del suelo. Es por ello que, en contraparte, la rotación estimula una producción más rica debido a diferentes factores, como la disminución de la aparición de plagas y enfermedades, que necesariamente rompen su ciclo de vida con la implementación de un cultivo distinto al que estaban acostumbradas. También hay lugar a la optimización en la distribución de nutrientes del suelo, debido a que plantas con raíces más largas, que suceden a plantas con raíces más breves, aprovechan los nutrientes acumulados en la otra profundidad del suelo que la otra planta no alcanzaba. La rotación también posibilita un control más adecuado de residuos, al confluir plantaciones con escasos restos junto con otras de gran producción de éstos.

La potencia de la rotación consiste pues en combinar distintas plantas con diferentes formas de crecimiento y demanda de alimento, en el sentido de balancear la explotación que se hace de los nutrientes de la tierra y del agua.

MEDIR LA ENERGÍA AL SUELO

Bio-Bio ha trabaja en conjunto con el grupo de investigación en ciencias ambientales y de la tierra de la Universidad del Valle, ILAMA. Uno de los estudios recientes que se han hecho, en la forma de una tesis de ingeniería ambiental meritoria, es acerca del paramagnetismo en el suelo, que involucra la relación de propiedades físicas, químicas y biológicas del mismo. El autor del estudio, Paul Guillermo López Posso, realizó pruebas para medir el paramagnetismo del suelo de la finca La Araucana.

El paramagnetismo es una condición del suelo. La medición de sus niveles arroja datos sobre el deterioro o la salud del suelo. Un resultado interesante fue que en el bosque que rodea la finca La Araucana, los niveles fueron más elevadas frente a los encontrados en las áreas cultivadas y en las de descanso de cultivos. Las variaciones en los niveles de paramagnetismo expresan la resiliencia del suelo, siendo la resiliencia la capacidad para absorber y almacenar energía. El paramagnetismo en la finca se ha calculado también en relación con la reserva energética del suelo y con su conductividad térmica y eléctrica. Y los resultados han sido contrastados con los niveles de paramagnetismo en una finca vecina sembrada bajo esquema de producción convencional. Las diferencias se expresan en valores de militensas, que en el suelo de La Araucana reportan valores de 500, mientras que en una finca sembrada con caña convencional no alcanzan las 20 militensas. Este resultado confirma el nivel deterioro del suelo sembrada en monocultivo convencional.

Esta técnica, que pertenece a una agricultura orgánica de precisión, refuerza el concepto de que el suelo es un ente vivo que evoluciona a partir de prácticas que lo respeten y asimilen como tal.

EL LADO CLARO DE LA LUNA

Al interior del cuerpo de conocimientos integral que aplica Bio-Bio, los ciclos lunares alcanzan una importancia capital para las labores de siembra, transplante, poda y cosecha de tomates, tomatillos verdes, pimentones y flores comestibles. Esta práctica ancestral hace parte de los conceptos aplicados por la agricultura biodinámica. Se basa en la incidencia que tienen la luna sobre los movimientos del agua en el suelo, en la planta y en el flujo de nutrientes, factores que afectan el crecimiento de la planta. Este efecto de gravedad, que ha sido señalado generalmente en la atracción de las mareas por la luna, se genera también en el agua que no es visible, como la salvia que fluye al interior de un árbol, por ejemplo.

La influencia de la luna sobre las prácticas agronómicas sería más efectiva en sus periodos de movimiento entre sus cuatro fases de alumbramiento y no en el día mismo del cambio de ciclo señalado en el calendario lunar. Aproximadamente dos días antes o después del cambio de ciclo, marcarían el periodo ideal para las distintas prácticas agrícolas.

Así, de luna nueva, o negra, a creciente, se experimenta un aumento de la luz, por lo que resulta ser este un periodo propicio para las labores de siembra, estimulando el incremento de hojas y de raíces. Los tubérculos y las hortalizas de hoja alcanzarían un estímulo mayor de crecimiento en esta fase. Entre el cuarto creciente y la luna llena, la cantidad de luz continúa en aumento estimulando mayor desarrollo de follaje y menor de raíces. Desde el tallo hacia las hojas, un significativo movimiento de fluidos tiene lugar al interior de la planta, impulsando un crecimiento más dinámico.

De luna llena a cuarto menguante la luz disminuye, factor que favorece el crecimiento de raíces. Es un periodo propicio para reducir el impacto del transplante. Entre el cuarto menguante y la luna nueva surge el periodo menos luminoso, lo que significa un tiempo de menor crecimiento. En esta etapa de luna “muerta”, el agricultor debe evitar las prácticas de abono y siembra. Las labores de mantenimiento de la finca, de las herramientas, pueden bien ubicarse en estos días en donde el aliento de la luna hacia las plantas se halla reducido.

DE AVES, TORITOS Y CEPAS

En la Araucana el control de plagas se arma de distintas estrategias, que entran igualmente en la lógica del espacio vivo en donde todo lo que vive confluye. El bosque nativo que encierra a la finca a modo de un “candado ecológico”, como describe Juan Carlos, atrae gran cantidad de aves que convierte la finca en un observatorio de pájaros visitado por extranjeros. Y estos volátiles se alimentan felizmente de algunos insectos al interior de los cultivos. Como bien dice este ingeniero agrónomo, aunque las aves se coman uno que otro tomatico, el aporte de su acción en la finca favorece la reducción de insectos que podrían convertirse en plagas. Biofungicidas, extractos de ají y ajo son igualmente utilizados en la estrategia.

A partir de viajes por otros países, Juan Carlos, conoció en Guatemala la trampa Torito, aplicada para atrapar insectos. La trampa Torito consiste en un plástico amarillo, ungido de un pegamento natural, que se ubica transversalmente en la era. Los insectos, inocentes de la goma, vuelan hacia la trampa, siendo ésta su último destino al mantenerlos adheridos cual telaraña. Este método de control natural ha reportado significativos resultados al interior de la producción biológica de Bio-Bio.

BALANCE POR LIBÉLULAS

La libélula es un insecto depredador de plagas. Dependiendo de la clase, algunas libélulas se alimentan de gusanos y otras de huevos. Sin embargo, también es un insecto que se relaciona con el manejo de las energías del entorno.

Una crónica milenaria japonesa refiere a una anécdota del emperador Yuryako Tenno, en la que en un día de caza éste recibió una picadura de un tábano en el brazo. Una libélula llegó a liberarlo del tábano, dejando al Emperador gratamente impresionado. El emperador llamó a la zona “Llanura de la libélula” y la libélula se consideraba entonces como un insecto victorioso portador de buena suerte. Variados objetos dentro del contexto familiar y militar japoneses fueron decorados con la figura de la libélula para atraer la buena ventura.

La cultura oriental ha acostumbrado a situar estanques en los sectores de siembra para atraer las libélulas, estanques que las invitan a alimentarse de zancudos y otros insectos. Sin embargo el interés de su presencia también radica en la asociación que se hace de éstas con las buenas energías que favorecen los cultivos. Una finca en donde no llegaran libélulas sería una finca en donde no habría buen nivel energético.

En la finca la Araucana implementan algo que ellos llaman “Balance de la energía por libélulas”. Este tipo de energía es difícilmente medible, cuantificable, plantea Juan Carlos; no obstante, la energía que se siente en La Araucana es diferente desde el mismo momento en el que se ingresa a sus predios. Como él mismo afirma “uno puede llegar de la ciudad hasta allá y sentir el cambio en el entorno energético, pues es diferente. Y no lo digo sólo yo, sino muchas personas que visitan frecuentemente la finca”.

Este tipo de teorías, acerca del incremento de los niveles de energía sana a través de la presencia de las libélulas, se inscriben dentro de la misma línea de conceptos orientales en donde todos los elementos presentes en un contexto natural se integran como sonidos de una misma sinfonía. En comunidades campesinas japonesas, los estanques de crianza de libélulas funcionan en la lógica de protección a la naturaleza. En la finca la Araucana estos conceptos tienen eco y funcionan como elemento importante de la energía que envuelve la salud de las hortalizas y germinados allí generados.

LA BIOFÁBRICA BIOALIMENTA

En la biofábrica de Bio-Bio, situada también en La Araucana, se producen cinco insumos, en cinco espacios, importantes para la nutrición y la salud de los cultivos. La compostera, lugar de la producción de compost y bocache. Los estanques, escenarios del desarrollo de una clase de Azola, resultado de una simbiosis entre una alga verde azulada y una lenteja de agua, que funciona como fijadora de nitrógeno. Camas de lombrices levantadas y aisladas en invernadero, lombricompuesto de donde se extrae el compost y el lixiviado. Una zona de producción de caldos microbianos para la fertilización. Y, finalmente, un espacio de fabricación de extractos naturales para el control de plagas. Con fabricación propia, Bio-Bio procura la mayoría de insumos necesarios para lograr los altos niveles de calidad que caracterizan a sus productos, importando solamente fuentes de potasio y nitrógeno orgánicos de GreenLabel. Sin embargo, éstas son aplicadas en pequeñas cantidades.

Basta un recorrido por la Araucana para percibir como el esquema productivo orgánico de Bio-Bio echa mano de diversas técnicas, bajo la premisa fundamental de que un ecosistema es un universo vivo e integrado. La concepción de un equilibrio a través de una producción integral, de la interrelación de plantas, animales, suelos y humanos como integradores de un sistema de auto-nutrición, toma forma en la finca la Araucana. El resultado: deliciosos, diversos y saludables frutos de la tierra, que portan el gusto de la trascendental fusión del ser humano con la Naturaleza. Prácticas que, desde el Valle del Cauca, prolongan el bienestar de un ecosistema y de quienes lo habitan. Aventura que resultaría imposible si se actuara con generalizada ceguera antropocentrista.

Fuentes:
http://web-japan.org
Bio-Bio www.verdecitos.com

Sobre el paramasnetismo del suelo:
“Estudio del paramagnetismo en el suelo y la relación con sus propiedades físicas, químicas y biológicas”, López Posso, Paul Guillermo. Tesis a través de recurso electrónico en la Biblioteca Mario Carvajal – Univalle

GRUPO DE INVESTIGACION EN CIENCIAS AMBIENTALES Y DE LA TIERRA – ILAMA
http://ilama.univalle.edu.co

Natalia Fernández-Ruiz
Santiago de Cali, abril 2012

Crédito fotos: Bio verdecitos

La suerte de la eficiencia orgánica

Entrevista a Juan Fernando Suárez – Gerente de Calidad Hacienda Lucerna

Juan Fernando Suárez, Gerente de Calidad Hacienda Lucerna.

Nos encaminamos desde Cali hasta Bugalagrande por la vía vecina a Rozo. La carretera, llana y amigable, se ensombrecía al atravesar los campos de árboles barbados, para volver a iluminarse al ritmo de los cultivos despeinados de caña. Como el sol, la caña de azúcar se impone en el paisaje del Valle del río Cauca, en donde se ubican cerca de 2000 productores del palo dulce, a los que se suman 13 ingenios. Entre productores, 76%, e ingenios, 24%, siembran alrededor de 218.000 hectáreas de caña a lo largo del recorrido del río Cauca por los departamentos del Cauca, Valle y Risaralda.

La ruta de cañaduzales nos condujo hacia la tradicional Hacienda Lucerna, predio que lanza desde sus campos y edificaciones claves de la historia del agro del Valle del Cauca. La casa blanca y roja nos saludó silenciosa con sus ojos-ventana, esos por los que han pasado instantáneas de una familia dedicada al agro; esos que testimonian de las motivaciones de Carlos Durán Castro, científico aplicado, gestor del desarrollo agropecuario del Valle del Cauca en el siglo XX.

Carlos Durán Castro aportó sólidos conocimientos e interesantes acercamientos al estudio, progreso e implementación de esquemas productivos adaptados a la realidad del campo vallecaucano. El desarrollo de la raza Lucerna, eficiente lechera adaptada a las condiciones tropicales, es sólo uno de los efectos tangibles de su emprendimiento. Políticas que pactaron por un desarrollo eficiente del agro regional, basadas en una relación respetuosa con la naturaleza y su sabiduría, constituyen la esencia de su gestión y legado.

Es así como desde su fundador, la Hacienda Lucerna ha sido una especie de finca agrícola experimental, en donde se propende por el desarrollo y aplicación de esquemas productivos adaptados al ecosistema local, respetuosos de la naturaleza y del ser humano. En 1988, Hacienda Lucerna inició su vuelco hacia la agricultura orgánica, con la generación de caña de azúcar para la producción de panela en bloque y granulada. De 152 hectáreas sembradas en caña, generan cerca de 16.875 toneladas al año. Desde esas áreas, en Bugalagrande, Juan Fernando Suárez, gerente de calidad de la Hacienda Lucerna, nos concedió una entrevista, en la que la experiencia de Lucerna como productora de panela orgánica nos reveló interesantes elementos.

Vuelta a lo tradicional 

CERES Colombia: ¿Cuál fue la motivación de H. Lucerna para producir orgánicamente? 

Juan Fernando Suárez: Lucerna era un productor completamente convencional que quemaba, aplicaba herbicida e insecticida. El Dr. Carlos Durán siempre fue un visionario y él decía “pero cómo es posible que en un cultivo de estos cada vez nos volvamos más insumo-depedientes. Tiene que existir otro esquema productivoVamos a darle un vuelco total a esto”. Él se preguntó por qué estábamos acabando con nuestro suelo y deteriorando el medio ambiente y empezó a devolverse; a arreglar esa cantidad de errores que se habían cometido. El doctor Carlos lo que hizo fue mostrarnos el camino. Demostró que la caña no sólo era productiva de la forma convencional, sino también en un esquema orgánico con el que trabajamos hace más de 20 años. Él fue capaz de eliminar el uso de los elementos químicos en la combustión orgánica, pues antiguamente los agricultores no utilizaban químicos. De allí en adelante fue una pelea muy dura, porque para los ingenios decirles “usted no puede quemar si no cortar en verde” era como pegarles una bofetada. Hemos trabajado duro y nos sentimos muy tranquilos con la decisión que el doctor Carlos tomó.

Nosotros no queremos ser únicos, pues sabemos que este es el esquema productivo de un futuro muy cercano o si no, no lo habrá.

CC: Háblenos de lo particular del trabajo en la Hacienda Lucerna.

JFS: Hemos ido rescatando técnicas y modificándolas con nuestras necesidades. Cada día estamos convencidos de lo que hacemos. No hacemos nada mecanizado. El trabajador de la hacienda ya tiene los cuidados dentro de su cultura. Piensa antes de entrar al cultivo, pues es consciente de los daños, no está mecanizado, pues normalmente a los trabajadores los mandan a hacer una tarea, pero no existe la pregunta del por qué. Respetan el cultivo porque conocen los procedimientos que se están llevando a cabo allí. Se ha ido creando una consciencia entre los trabajadores.

CC: Muchas de las técnicas que aplican ¿surgen del conocimiento tradicional?

JFS: Claro. Los abuelos, bisabuelos, nuestros antepasados siempre produjeron con lo que había en campo. Ellos no ponían el uso de los químicos de por medio. Recuerdo que mi abuelo se oponía a la minería a pesar de no tener los conceptos técnicos de los daños que ésta puede producir. Hemos ido perdiendo esa costumbre de producir como tradicionalmente se hizo.

CC: ¿Toman también elementos de experiencias internacionales en orgánica?

JFS: Hay países desarrollados que llevan gran recorrido en lo orgánico. No sería lógico decir que no nos basamos en lo que ellos publiquen. Pero hay una situación particular y es que Colombia es un país tropical. Contamos con la radiación solar los 365 días del año y eso es un potencial que no tienen muchos países del mundo. A partir de ese potencial debemos referenciarnos de lo que hacen en el exterior, pero siempre puliendo con la realidad de nuestros sistemas productivos. Creo que es una mezcla de los dos.

La soledad de los ecológicos 

CC: ¿Se sienten solos como productores orgánicos en su gremio? 

JFS: No tenemos apoyo. Hay que resaltar que los productores orgánicos tenemos unos aliados muy importantes: las certificadoras que hacen que este camino tenga sentido final. La certificadora no es un agente que viene simplemente a hacer una inspección, sino un apoyo para mejorar las cosas que no se han consolidado aún. También, es una entidad que tiene credibilidad. Los productores no han podido identificar esto y se preguntan cómo van a meter una cantidad de plata en una certificación. Miran la parte de los pesos, en lugar de los beneficios a futuro. Ahora cualquier producto debería tener una certificación. La gente responde que el valor agregado de su producto es la calidad, cuando eso debe ser un compromiso. Pero ahora lo que juegan son valores agregados y qué más valor agregado que un sello certificador.

CC: ¿Existe algún incentivo estatal para la producción orgánica? 

JFS: Ninguno. En el mercado internacional tenemos un apoyo fuerte hacia la producción orgánica, porque ellos ya pasaron por lo que estamos viviendo. Ellos ya acabaron todo el recurso de ellos y entonces no les conviene que pase lo mismo en otros lugares.

CC: ¿Existen iniciativas de trabajo conjunto por parte de productores orgánicos? JFS: Productores orgánicos en conjunto no hay. Contamos con la reserva natural El Hatico, con quienes nos certificamos conjuntamente y por fortuna tenemos un ingenio que viene haciendo las cosas de forma diferente, el ingenio Providencia, donde hay alrededor de mil hectáreas certificadas en caña de azúcar orgánica. Desafortunadamente en el Valle del Cauca hay es un monocultivo de la caña, por lo que tenemos que propender a una producción más eficiente. Eficiente en términos de lograr que el suelo y el cultivo sean más duraderos, eliminando elementos químicos de la producción.

Suerte de 22 años* 

CC: Háblenos de la eficiencia de lo orgánico.

JFS: Estamos convencidos de que somos más eficientes que un productor convencional. Solamente este tema, los productores convencionales tienen que coger su cultivo cada cuatro o cinco cortes, es decir, cada cuatro o cinco años y volverlo a sembrar las suertes nuevamente, porque la producción va en caída. Entonces estamos hablando de cuatro cortes. Nosotros en este momento tenemos suertes de caña de 19 cortes y creciendo. De las labores culturales, la que más hace daño es la quema, en donde los primeros cinco centímetros del suelo mueren y allí es donde tenés todos los microorganismos benéficos para el suelo. Nosotros no hacemos eso. Hemos ido creciendo poco a poco, estamos ya en más del 3% de materia orgánica en el suelo. En cuestión de diez años hemos mejorado la materia orgánica en casi un punto. La gente se preguntará ¿apenas un punto? pero el mejoramiento de ese sólo punto es tan grande que nisiquiera se puede cuantificar.

CC: ¿Qué impactos genera la producción orgánica? 

JFS: Si H. Lucerna fuera un productor convencional no generaría más de 8 empleos directos. En conjunto, H. Lucerna genera 70 empleos directos. En la parte ambiental es un pulmoncito en un mar de caña convencional, en donde en estas 222 hectáreas de la hacienda sabemos que no hay política de manejo diferente a la orgánica. Esto nos ha llevado al manejo de zonas de liberación. Nuestra producción y mejora han sido tan grandes, que tenemos zonas de amortiguamiento en la hacienda. Tenemos dos hectáreas de nivelación, cercas vivas y todo el sistema genera una mejor producción en las partes que lo componen. Esperamos que lo que nosotros venimos haciendo pueda ser copiado. Que nos olvidemos del herbicida y tengamos rebaños de ovejas; que nos olvidemos de las quemas y tengamos corteros que puedan sentirse sanos cortando la caña en verde; que tengamos zonas, que no sean aptas para la caña, en otro tipo de manejos. Si hacemos esto vamos a conservar el recurso hídrico, uno de los más importantes.

CC: ¿Qué actitudes se requieren para ser un productor orgánico? 

JFS: Lo primero, creer que la producción orgánica sí es posible. Lo segundo, tener ganas, porque no puedo desconocer que la producción orgánica demanda muchísimo más tiempo que la producción convencional. Pero si uno está convencido de ese tema, pues lo hace.

CC: ¿Cómo percibe el mercado orgánico en Colombia? 

JFS: En Colombia sí hay nichos, lo que pasa es que la panela es un producto muy difícil. Con la panela hay que entrar a competir con precios en el mercado nacional. El mercado internacional sí paga el valor agregado de lo orgánico.

CC: ¿Cuál ha sido la experiencia de H. Lucerna en el mercado internacional? JFS: Es triste decirlo, pero cuando empezamos con la panela orgánica, nuestro cliente en EEUU nos dio un apoyo muy fuerte. Antes de tener apoyo nacional, tuvimos apoyo internacional. Es rico pensar que el producto de uno está llegando a x país, pero más rico sería decir que nuestro producto está llegando a varias ciudades de nuestro país.

CC: ¿Qué clientes surten y cuál es la demanda? 

JFS: En el Valle a La 14, Olímpica, Surtifamiliar y Comfandi. Algunos distribuidores de pequeñas supermercados y tiendas. Esto es porque la producción no nos alcanza. Sé que si fuéramos capaces de encontrar aliados que quisieran acercarse al nicho de lo ecológico, si producimos 1200 toneladas, 1200 toneladas vendemos. Pero ahora nos tenemos que limitar a lo que hacemos. Por eso hemos pensado en hacer una pequeña alianza con otro trapiche, para tener otro sitio en donde poder producir nuestra panela e incentivar a otros productores a que se certifiquen. Tranquilamente, podemos pagar 3 mil ó 4 mil pesos más por tonelada de caña a un productor orgánico de lo que le está pagando un ingenio.

El sabor de lo orgánico 

El sabor de lo orgánico

CC: ¿Cuál es el sabor de una panela orgánica frente a la convencional? 

JFS: Como buen paisa soy buen consumidor de panela. Antes, en Medellín, compraba la panela sin diferenciarla. Pero cuando uno ya conoce su panela, uno diferencia. En una aguapanela se sienten sabores distintos. Se perciben sabores más amargos y en algunas, no en todas, cierto sabor a algún químico, como un floculante o una acrilamida sintética, pues a los cultivos convencionales de caña, faltándoles 8 semanas para el corte los maduran. Ponen banderas y con una avionetica ¡yum! les aplican ese madurante que inhibe el crecimiento de la planta, entonces la concentración de azúcar se queda en el entalle. Desafortunadamente todos esos madurantes son químicos y la mayor parte son a base de glifosato. Esto sigue siendo permitido y los que consumen azúcar convencional lo ingieren.

CC: ¿Cómo percibe los hábitos de consumo de los colombianos? 

JFS: Los productores de orgánica tenemos que mejorar algo. Sabemos que un producto orgánico tiene un valor agregado que hay que incluir en el precio. Nosotros lo ponemos, pero en una escala en la que cualquier persona pueda consumirlo. Desafortunadamente muchos productores orgánicos inflan los precios. A eso no podemos llegar, porque estamos demostrando en este momento que tenemos sistemas de producción eficientes, más rentables, entonces ¿cómo vamos a trasladarle al consumidor final esos precios tan altos? Así, el consumo de lo orgánico se vuelve elitista.

CC: ¿Cómo motivar a consumidores a optar por alimentos sanos y a productores a adoptar esquemas de producción orgánicos? 

JFS: Tenemos que trabajar desde los niños, porque los padres de familia no prefieren para ellos mismos lo mejor, pero para sus hijos sí. En escuelas, colegios, universidades, supermercados, la clave sería capacitar a los padres de familia y mostrarles los productos que existen para la alimentación sana de sus hijos. Yo creo que ese es el camino. En cuanto a los productores, hay algunos que se motivan por el bolsillo. Hay que mostrarles lo rentable que puede llegar a ser lo ecológico frente a lo convencional.

Cuestión de réplica 

CC: ¿Existe alguna divulgación de la investigación y desarrollo de Lucerna?

JFS: Compartimos todo nuestro conocimiento, pero nos falta ese apoyo en la divulgación, pues ocurre que se tiende a pensar en los agricultores orgánicos como locos o románticos. Ofrecemos visitas en donde mostramos todo el proceso de la panela, no sólo el de la planta y trapiche sino también el de campo. Lo interesante es que lo que cobramos por esas visitas, lo invertimos en investigación. Con esto queremos divulgar más el conocimiento acerca de los esquemas productivos ecológicos; que los productores vengan e interactúen, pues de esas visitas han salido ideas muy buenas. Que no sólo se piense en Lucerna como pionera, si no como una réplica de muchísimos productores en la región, que puedan alcanzar lo que nosotros, en la parte de producción ecológica. 

CC: ¿Conoce experiencias locales similares en agricultura orgánica? 

JFS: Por la zona no hay experiencias similares. Está el Ingenio Providencia que tiene alrededor de mil hectáreas certificadas. Hay réplicas en Tolima, Antioquia, la Costa Atlántica que ayudan a demostrar que estos esquemas son los viables. Hay productores de fruta que van para delante con el manejo orgánico. También los hay de palma y de café. Pequeños y medianos productores deben volverse las personas capaces de mostrar y replicar esto en las regiones. El esfuerzo no debe ser de uno solo. El mercado está pidiendo producción orgánica, pero no hemos podido enviar más producto porque no lo hay. Mientras haya más productores orgánicos, va a haber más cobertura de los mercados que ahora no se cubren por la insuficiencia de la oferta.

CC: ¿Desde la H. Lucerna como productora orgánica, qué propondría al campo? JFS: Antes se trataba de los que nos naciera tener una producción orgánica. Ahora creo que necesariamente se trata de una obligación. El recurso agua se está agotando y la gran cantidad de elementos químicos que estamos utilizando va generando una residualidad en los alimentos y en el cuerpo humano. La clave es apoyarnos unos a los otros, porque ahora estamos solos. Algo importante es que los productores nos volvamos comercializadores de nuestros productos. Así, tendremos mayor utilidad y podremos fijar un precio más favorable al consumidor final. Es allí cuando los productores preferirán producir saludable a convencional. Necesitamos más apoyo del Estado y, en las ferias, más campo a los productores ecológicos. Y tener en cuenta que lo que hacemos desde la producción ecológica es en pro de todo el país, de la naturaleza, no solo de unas cuantas personas.

Después de varias horas de dedicación de Juan Fernando hacia nosotros, en las que recorrimos la hacienda, volvimos agradecidos a la carretera. Aún con el enérgico dulce de la panela Lucerna en el gusto, nuestras papilas, románticas, sentían una conexión directa con el trabajo de la tierra, con la tradición de saber escuchar a la naturaleza, esa práctica tan propia de la labranza de nuestros abuelos. Esa que sigue guiando las acciones de la Hacienda Lucerna hacia la construcción de futuro, pues como afirmaba Juan Fernando, “Hay daños en nuestro planeta que ya son irreparables. Lo que tenemos que pensar es en cómo no continuar dañándolo. Las grandes potencias lo han hecho y quieren devolverse. Creo que tenemos que pensar es en hacer futuro”.

*Suerte: Lotes sembrados de caña de azúcar.
Información visitas guiadas Hacienda Lucerna: Juan Fernando Suárez – Gerente de Calidad
lucernaproduccion@gmail.com 

Entrevista, redacción y fotografía por:
Natalia Fernández-Ruiz
Cali, Colombia, febrero 28 de 2012