The beautiful truth

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The beautiful truth

Es un documental que se centra en la exploración de la terapia del Dr. Gerson (1929) para combatir el cáncer y otras complejas enfermedades, a base de una dieta completamente orgánica, libre de alimentos procesados y químicamente producidos. Terapia que fue y sigue siendo rechazada por la gran maquinaria médica a la que no parece convenirle curar el cáncer. El documental expone igualmente los vínculos existentes entre las instituciones gubernamentales de seguridad alimentaria de los Estados Unidos, con las grandes corporaciones e industrias agroquímicas, en una compleja relación de poder y dinero, en donde el consumidor termina pagando con el deterioro de su salud al integrar alimentos convencionales y procesados a su dieta.

Nacionalidad: USA
Director: Steve Kroschel
Duración: 1h 31min.
Año: 2008

Para los interesados en ver el documental completo:

Diez razones para comer bio

“Diez razones para comer bio” expone los beneficios de la agritultura orgánica para la salud de la naturaleza y la humana, en una sociedad en donde la gran maquinaria de la seguridad alimentaria está lubricada por los intereses de grandes compañías agroquímicas.

Publicado este mes en “Le magazine de la maison saine”, el artículo escrito por Yves Gagnon ha sido traducido del francés por Fernando Fernández, en exclusiva colaboración con el objetivo de nutrir la red de voces, experiencias y conocimientos alrededor de la agricultura orgánica, de la cultura de la vida conscientemente sana. ¡Nuestro agradecimiento para Fernando y reflexiva lectura para todos!

Diez buenas razones para comer bio

Por Yves Gagnon
(Traducido por Fernando Fernández Ocampo del texto original en francés publicado en “Le magazine de la maison saine”-maisonsaine.ca- el 8 de abril del 2013)

Contrariamente a lo afirmado por la industria de los agroquímicos, los alimentos certificados biológicos son de mejor calidad nutritiva, sanitaria y ambiental.

Envalentonados por un mercado anual de $ 44 billones de dólares por la venta de pesticidas sintéticos contra 2,2 billones para los bioplaguicidas (BCC Research, 2012), las compañías agroquímicas están haciendo todo lo posible para mantener su lugar en el sistema de producción de alimentos que sirve a sus intereses. Un mecanismo es poner en práctica estrategias para denigrar a la agricultura biológica u orgánica que frena la venta de pesticidas de síntesis, químicos de los cuales más del 80% se consagran a la agricultura industrial, de acuerdo con la Agencia de Protección Ambiental de los Estados Unidos (US EPA).

Las recientes afirmaciones de Sylvian Charlebois en el artículo “Los mitos del bio”, publicado en el periódico La Presse el 19 de enero del 2013, constituye un buen ejemplo de esta estrategia de desinformación. Charlebois dice: “Lo que prevalece en el mundo biológico es el origen de los productos utilizados. Los pesticidas y fungicidas utilizados (en la agricultura bio) se derivan esencialmente de productos naturales, pero algunos estudios sugieren que estos productos pueden a veces ser tan tóxicos como algunos productos químicos”. Esta es una afirmación tramposa que oculta una verdad que el mismo gobierno francés aceptó en el 2003. En el informe “Evaluación nutricional y sanitario de los alimentos de origen biológico”, de la Agencia Francesa de Seguridad Sanitaria de los Alimentos (AFSSA), se concluía: “El modo de producción biológica, prescribiendo el recurso a los productos fitosanitarios de síntesis, elimina los riesgos ligados al uso de estos productos para la salud pública y ayuda a disminuir la contaminación ambiental, especialmente de los recursos hídricos. El conjunto de estudios disponibles indican que la gran mayoría de los productos biológicos no contienen residuos de los pesticidas autorizados en la agricultura convencional.”

Es importante precisar que el Sr. Charlebois es Vice-decano de Investigación y de Estudios Superiores de la Universidad de Guelph, en Ontario, Canadá. Institución que en el año 2012 habría recibido $780.000 dólares canadienses de algunas sociedades agroquímicas, tales como Monsanto y DuPont de Nemours, según afirma Laure Waridel, cofundadora de Equiterre y autora del libro L´envers de l´assiette, en una réplica suya a los argumentos del Sr. Charlebois. Sylvain Charlebois es igualmente miembro de numerosos consejos de administración de compañías privadas y del Comité Consultativo de Expertos de la Agencia Canadiense de Inspeccion de Alimentos, según Wikipédia.

Algunas veces ciertos cronistas, periodistas y presentadores, al ejercer su oficio con ligereza, contribuyen a difundir información no muy bien documentada. Es el caso, por ejemplo, de Johane Despins, co-presentadora del programa televisivo L´épicerie, de Radio Canadá (red de televisión y radio pública canadiense- N.E). Recientemente, la presentadora afirmó durante la emisión del programa Tout le monde en parle que no había diferencia entre los alimentos biológicos y los provenientes de la agricultura convencional. ¡Pero, nada más falso! Hace 30 años que nos interesamos en el tema y podemos afirmar que todos los estudios independientes que hemos consultado demuestran y señalan las innumerables ventajas a favor de la calidad de los productos biológicos. Por tanto, exponemos en este texto una síntesis de los conocimientos adquirido sobre los productos biológicos, a lo largo de los últimos años. En el libro Manger bio c´est mieux! editado recientemente por Éditions Terre vivant, dos ingenieros y una nutricionista exponen las ventajas de la calidad orgánica de los alimentos. A continuación puntualizamos diez buenas razones para consumir alimentos orgánicos certificados.

    Paisaje de cultivos de afé orgánico en Fredonia, Antioquia, Colombia. Créd: María Elena Collazos
Paisaje de cultivos de afé orgánico en Fredonia, Antioquia, Colombia. Créd: María Elena Collazos

1. Menos residuos de pesticidas

Los alimentos biológicos certificados pueden contener, algunas veces, trazas de residuos de pesticidas mientras que los alimentos provenientes de la agricultura convencional están, casi siempre, significativamente contaminados. Manzanas, apios, pimentones, melocotones, fresas, nectarinas, uvas, pepinos, espinacas, lechugas, arándanos y papas son alimentos industriales que presentan los índices más altos de contaminación de pesticidas y constituyen “la docena sucia” de la alimentación, según la lista de productos alimenticios agrícolas contaminados, publicada anualmente por el Environmental Working Group Américan.

En una carta publicada por La Presse, Laure Waridel explicaba las consecuencias de los pesticidas en la salud de los niños: “Un estudio publicado en 2010 en la revista científica Pediatrics sostiene que los niños expuestos a altas concentraciones de pesticidas organofosforados en su dieta duplican su riesgo de padecer trastornos por déficit de atención con o sin hiperactividad (TDAH). El estudio fue realizado con 1139 niños de 8 a 15 años. Según la Academia Americana de las Ciencias, la principal fuente de exposición de los niños a los pesticidas es la comida. Este problema se puede evitar en gran parte, optando por la comida orgánica, como lo demuestra otro estudio publicado en Environmental Health Perspectives.

En el marco de esta investigación, los científicos midieron los residuos de pesticidas organofosforados presentes en la orina de un grupo de niños americanos de 3 a 11 años. Cuando la dieta de los niños era de alimentos convencionales, los residuos de pesticidas fueron detectados en el 91% de las muestras de orina. Cinco días depues de que los niños fueron alimentados con dieta principalmente biológica, los residuos de pesticidas en la orina eran “no detectables” o “casi no detectables”. La dieta bio hacia la diferencia.

La Environmental Protection Agency (EPA) reconoció que 112 tipos de pesticidas registrados en los Estados Unidos fueron identificados como cancerígenos o susceptibles de serlo. Se ha establecido que hay relación entre la presencia de pesticidas en el medioambiente y el aumento de los riesgos de cáncer del cerebro, del seno, del estómago, de la próstata y de los testículos, y de la leucemia infantil. Muchos pesticidas químicos son importantes perturbadores endocrinos. Actuando sobre nuestras hormonas, los pesticidas pueden desencadenar efectos negativos sobre nuestro sistema inmunitario (alergias), nuestro sistema reproductor (trastornos de la fertilidad), y también sobre nuestro estado de ánimo y nuestras facultades intelectuales.”

La EPA dice además que los pesticidas pueden afectar el desarrollo de los niños bloqueando la absorción de nutrientes importantes de la dieta que son necesarios para su sano crecimiento. Además, si el sistema excretor de los niños no está completamente desarrollado, agrega la EPA, sus cuerpos no podrán eliminar completamente los pesticidas. La exposición a los pesticidas en las fases críticas de su desarrollo puede alterar de manera permanente sus sistemas biológicos. Según Pesticides Action Network, es este fenómeno lo que explicaría el aumento de los casos de malformación al nacimiento, de pubertad precoz, asma, obesidad, diabetes y de ciertos canceres.

En una carta publicada el 16 de julio de 1991 por el New York Times, el Dr. Samuel Epstein, profesor de medicina en la Universidad de Chicago y fundador de la Coalición de Prevención del Cáncer, resaltaba que la EPA estimaba entonces que los pesticidas aplicados en la producción de alimentos agrícolas podrían causar hasta 60.000 casos de cáncer por año, únicamente en los Estados Unidos. Información más detallada, puede encontrarse en su libro The Safe Shopper´s Bible.

2. Un valor nutritivo superior

Un número importante de investigaciones independientes demuestran que los productos biológicos tienen un mayor valor nutritivo que los alimentos provenientes de la agricultura convencional. Enseguida presentamos algunos hechos que confirman esta realidad.

Los alimentos biológicos contienen niveles de magnesio más elevadas y una presencia más grande de oligoelementos. En los alimentos convencionales se observa regularmente deficiencias de cinc, boro, iodo, hierro y cobre. Diversos estudios reportan niveles muy altos de nitritos cancerígenos en los alimentos convencionales, fertilizados con dosis masivas de nitratos, lo cuales se convierten en nitritos después de la cosecha. En su libro L´agriculture biologique – Pourquoi et comment la pratiquer, el ingeniero agrónomo Claude Aubert relata que la espinaca fertilizada con 160 kg de nitrógeno por hectárea (dosis normal en la agricultura convencional) conserva, cuatro días después de la cosecha, niveles de nitritos 50 veces más altos que los encontrados en espinacas producidas naturalmente.

La dietética moderna reconoce la importancia de las sustancias bioactivas que están presentes en los frutos y legumbres para prevenir el cáncer, así como las enfermedades degenerativas y cardiovasculares. Es el caso, entre otros, de los polifenoles, glucosinolatos, flavonoides y sulfuros. Numerosos estudios, mencionados en el informe de la AFSSA, indican que los alimentos biológicos contienen cantidades importantes de estas sustancias bioactivas.

Una serie de estudios manejados por el Dr. Henri Joyeux, profesor de cancerología en la facultad de Medicina de Monpellier, indican que los tomates biológicos contienen más cantidad de vitamina C, beta-carotenos y licopeno protector que los tomates convencionales. Otro estudio realizado por la Universidad de California ha demostrado que los Kiwis biológicos contenían cantidades más elevadas de polifenoles y de vitamina C que los Kiwis no biológicos.

Según la AFSSA, no ha sido demostrado que estos factores tomados individualmente tengan un impacto significativo en términos de aporte nutricional. Estudios comparativos a largo término, con base en marcadores biológicos o clínicos en un grupo de consumidores, podrían elucidar esta cuestión, anota la agencia francesa. La AFSSA agrega que “el equilibrio del régimen global y la cobertura de necesidades nutricionales siguen siendo los puntos primordiales a considerar”.

3. Más vitalidad de los productos alimenticios

La agricultura biológica trabaja en colaboración con la vida, teniendo como resultado alimentos con un índice de vitalidad más elevado. Frutas y verduras, orgánicas y crudas, como los jugos frescos producidos por extracción, los brotes y los germinados tienen una vitalidad mayor, según la bioquímica Line Tremblay. Ella explica: “La vitalidad de un alimento depende de su contenido enzimático, de su potencial para generar vida (semillas, nueces, cereales enteros) y regenerar el potencial energético del organismo que lo consume. Es el vigor, la intensidad vital, la energía que posee este alimento y que éste puede a su vez transmitir.”

Aunque la vitalidad no es considerada como un factor de calidad de los alimentos por los nutricionistas y la industria agroalimentaria, ésta juega un rol fundamental en nuestra propia vitalidad y en nuestro sistema inmunitario. Pensemos en los millones y millones de microorganismos que evolucionan en la tierra no tratada químicamente. Estos microorganismos transmiten a frutos, legumbres y hierbas la fuerza vital que ellas a su vez nos transmiten cuando las consumimos en nuestra alimentación cotidiana.

Se puede evaluar la vitalidad de un alimento midiendo su grado de germinación. Si humedecemos con agua semillas de trigo durante 24 horas y las dejamos escurrir, la radícula aparecerá de 24 a 36 horas después. La semilla germina. El trigo está vivo, su vitalidad es real, grande. Repliquemos esta experiencia, pero esta vez con trigo inflado. Un sonido familiar será percibido cuando entra en contacto con el agua, y después, nada más…El cereal está muerto, su vitalidad es nula.

Se puede medir también la vitalidad de un alimento por la facilidad de su conservación. Generalmente, los alimentos biológicos se conservan bien. Por el contrario, los productos alimenticios de la agricultura convencional son más perecederos. Esto es debido a los tratamientos de irradiación, fumigación o de enceramiento que reciben estos productos para frenar su deterioración.

La energia vital de los alimentos puede ilustrarse gracias a la electrografía Kirlian, desarrollada por el ingeniero ruso Semyon Kirlian. En 1939, Kirlian fotografió accidentalmente las descargas eléctricas (el efecto corona) emitidas por una persona que estaba recibiendo un tratamiento médico con un generador de alto voltaje. Las imágenes de la ilustración muestran la energía potente y harmoniosa emitida por un jugo de naranja bio comparada con el jugo de naranja convencional pasteurizado. El calor de la cocción y de la pasteurización reduce la energía vital.

El documental The Beautiful Truth (2008) muestra las imágenes Kirlian hechas por un grupo de científicos que muestran la vitalidad de los alimentos producidos según criterios de la agricultura biológica comparándolos con productos de la agricultura convencional.

4. Proteger los cursos de agua y las aguas subterráneas

El uso de pesticidas, fertilizantes solubles y abonos líquidos utilizados en la agricultura convencional, constituyen la principal fuente de contaminación del agua. Por el contrario, en la agricultura biológica se utilizan productos menos solubles y, en consecuencia, menos contaminantes de los recursos hídricos.

5. Proteger la biodiversidad

La agricultura biológica implementa técnicas como la diversificación de cultivos, la rotación y los cultivos asociados creando ecosistemas ricos, diversificados y con nichos adecuados a la fauna nativa. Ademas, la no utilización de pesticidas de síntesis y de plantas transgénicas (OMG) ayuda a conservar las condiciones que son favorables para proteger los microorganismos e insectos útiles, las mariposas, las aves, las abejas, los batracios y los mamíferos.

6. Producir más humus

Mientras que la agricultura convencional ha hecho perder más del 50% de la materia orgánica de los suelos en los últimos 50 años (desde 1960) (la tasa de MO paso de 3% a 1.5%, según Claude Aubert), las técnicas aplicadas en la agricultura orgánica permiten producir 1,5% de humus en cinco años (1). Es este fenómeno particular el que permite explicar porque en un periodo de tres años los rendimientos de la agricultura biológica igualan a los rendimientos de la convencional, y la superan en el largo plazo. Esto ha sido demostrado en pruebas de campo del Rodale Institute

7. Economizar energía y luchar contra el cambio climático

Las fincas biológicas son generalmente de pequeñas a medianas con poco uso de la mecanización. En el plano energético, en promedio, ellas son 200 veces más productivas por acre (2). Para producir una tonelada de nitrógeno se necesitan dos toneladas de petróleo. Como bien se sabe, en la agricultura convencional se emplean en promedio 150kg de N/ha (3). Se sabe que este tipo de agricultura es responsable de más del 10% de las emisiones totales de gas de efecto de invernadero en el Quebec (4). La agricultura biológica, por el contrario, gracias a las tasas más elevadas de materia orgánica que ella produce, triplica la captura de carbono en relación con la agricultura convencional.

8. Evitar el uso de OMG

En agricultura biológica es prohibido cultivar especies modificadas genéticamente. Ningún producto biológico que nosotros consumimos es un OMG. En el año 2012, se han sembrado más de 160 millones de hectáreas con plantas transgénicas. La mayoría de OMG son plantas resistentes a pesticidas: 62% de ellas son tolerantes a uno o varios herbicidas, el 16% producen moléculas insecticidas, y el 21% tienen las dos características anteriores. En consecuencia, cultivar OMG es establecer sistemas de producción que reposan sobre el uso masivo de pesticidas que son contaminantes. Además, a esto hay que agregarle el impacto negativo sobre la biodiversidad que tienen las plantas insecticidas que producen cada segundo en sus células moléculas tóxicas (basillus thuringiensis o Bt) que afectan la supervivencia de mariposas, aves y abejas. (Fuente: www.infoogm.gc.cawww.criigen.org)

9. Un mejor y natural sabor de los alimentos

Un grupo importantes de Chefs coinciden en que los productos biológicos tienen un mejor sabor. Algunas pruebas comparativas, también así lo establecen. ¡Sólo tienes que probarlos y te darás cuenta! Esta calidad de gusto superior está asociada al balance mineral integral que tienen los productos biológicos y que fueron comentados anteriormente en el punto 2. En pruebas de laboratorio con ratas y dietas bio y convencionales, se observo preferencia de las ratas por las dietas con remolachas orgánicas (5).

10. Para apoyar a los productores

Los agricultores biológicos son generalmente contestatarios, de iniciativa propia y solidaria, que cultivan sin gran ayuda gubernamental. ¡Ellos merecen nuestro apoyo!

Un factor crítico actual es el precio de los productos bio. Pero si consumimos más productos biológicos, la mayor demanda estimulará la producción y, en consecuencia, los precios serían más favorables. Sin embargo, mirando los precios de los distribuidores constataremos que los precios de los bio son competitivos y que algunas veces menos caros que los productos convencionales. En consideraciones de los costos, no olvidemos los costos sociales y ambientales en los que incurre la producción convencional de alimentos. En este sentido, los productos biológicos certificados son más abordables.

Para conservar el equilibrio del presupuesto familiar y acceder al consumo de biológicos, se podrían reconsiderar las prioridades. Por ejemplo, podríamos reducir el consumo de carne y de otros productos que no aportan a una buena dieta, o elimina o reducir otros gastos innecesarios. Otra forma de apoyar las granjas familiares biológicas es participando en los proyectos de agricultura apoyados por las comunidades locales, como los que son coordinados por Equiterra (en Quebec, Canadá). O, otra opción, seria animarnos a devenir pequeños agricultores biológicos o urbanocultores. Esto les permitiría salir de la rutina y lograr una mejor forma física.

Referencias

1 – MEADOWS, Donella H., Ph. D. « Our Food, Our Future », Organic Gardening, septembre 2000, p. 55.
2 – MEADOWS, Donella H., Ph. D. « Our Food, Our Future », Organic Gardening, septembre 2000, p. 59.
3 – AUBERT Claude. L’agriculture biologique, Pourquoi et comment la pratiquer. Le courrier du livre, 1977, p. 91.
4 – GROLEAU, Stéphane. « L’agriculture a des gaz! », Bio-Bulle, janvier/février 2007, p. 17.
5 – OUELLET, C. « L’agriculture biologique. Une meilleure qualité nutritive? », Bio-Bulle, septembre 1999, p. 32.

La vida limpia

LA VIDA LIMPIA
Entrevista a Piedad Guerrero y Lidia Lucero, Pioneras de Biofruit Napoli.

La cálida acogida de los agricultores amainó el viento gélido que atravesaba olímpico el paisaje para endurecer nuestra piel. Llegamos al municipio José María Hernández, en Upiales Nariño, para encontrarnos con la coherencia de un grupo de agricultores apasionados por la vida. El fruto que los congrega engalana el panorama con aromas naturales y con la imagen mágica de su abrigo natural. La uvilla, la uchuva, el aguaymanto, la phisalis peruviana, es la fruta escogida por este grupo de agricultores que decidió asociarse, bajo la filosofía de un esquema de producción orgánico.

Constituidos como Biofruit Napoli, hoy la asociación congrega a 22 familias que encuentran en la experiencia de la agricultura orgánica una vuelta a los tiempos en donde la inmediatez no permeaba el ritmo de la vida y una alternativa comunitaria para alcanzar una estabilidad económica. “El amor en caja”, como llaman los franceses a la uchuva, es cultivada por Biofruit en Upiales y llega con altos estándares de calidad y suculencia a los mercados de Suiza, Canadá y Estados Unidos, a través de la gestión de la comercializadora Fruandes.

Actualmente, Colombia es uno de los principales productores y exportadores de uchuva; fruto que representa una alternativa prometedora para la exportación, debido a que no se deteriora fácilmente y a que es altamente demandado en el mercado internacional. En 2010, la exportación de uchuva colombiana reportó 22,2 millones de dólares, teniendo como principales compradores a Alemania, Suecia y Reino Unido. Sin embargo, la demanda creciente de uchuva por parte de Europa y Norteamérica no es correspondida por la cantidad producida en Colombia.

Biofruit Napoli representa hoy un dechado del poder de la asociación en Colombia, constituyéndose como pionera en un modelo mancomunado de producción agrícola orgánica. Triste sería que permanecieran como una rareza y afortunado que otros productores locales identifiquen la fuerza de trabajar en comunidad. No obstante, la experiencia de Biofruit Napoli no sólo ha sido en términos de producción orgánica, sino de compartir conocimientos, en vista de heredar semillas de valores comunitarios a las generaciones nacientes. CERES Colombia conversó con Piedad Guerrero y Lidia Lucero, acerca de las percepciones que de la experiencia de producción orgánica tienen estas pioneras de la Asociación Biofruit Napoli.

Piedad Guerrero y Lidia Lucero, Pioneras de Biofruit Napoli

Piedad Guerrero y Lidia Lucero, Pioneras de Biofruit Napoli

CERES Colombia: ¿Qué es Biofruit Napoli?

Lidia: BIOFRUIT Napoli es una asociación netamente orgánica. Las personas que participamos en ella sentimos amor por la naturaleza. Nos gusta vivir en ella y procurar su desintoxicación, pues por tanto componente químico hoy en día está enferma. De esa enfermedad de la naturaleza, hemos visto la necesidad de tomar el riesgo de ir en contravía de la industria porque ahora todo es químico y rápido; no se ha tenido en cuenta el proceso de la naturaleza: el nacimiento, crecimiento, desarrollo y producción de las plantas. Ahora hay ausencia de microorganismos que antes hacían su vida normal en la naturaleza. A raíz del amor arraigado por nuestra existencia, por nuestro mundo, es que nosotros hemos tomado la decisión de trabajar la agricultura orgánica. Esto para llevar una vida sana y dejar a las generaciones futuras el precedente de que es necesario tomar conciencia de llevar una vida digna y feliz en la naturaleza, retomando lo de antes, la vida limpia.

Piedad: Yo me uní a la Asociación por medio de unas compañeras que me invitaron a participar, porque mi oficio no fue este, fue la enfermería, pero como ya me jubilé me invitaron a cultivar uchuvas orgánicas. Cultivamos la uchuva bajo esquema orgánico porque vemos que lo químico nos está perjudicando y está intoxicando al campo. Por ese motivo hemos invitado a otros compañeros y asociaciones para que participen en la agricultura orgánica, pues es lo más importante en nuestra vida y queremos dejar esa herencia a nuestros hijos.

CC: ¿Hace cuánto están asociados?

L: Aproximadamente 6 años. Nuestro inicio fue casual, fue como tomar una aventura. No teníamos conocimiento en la comercialización de la fruta. Oímos conferencias que nos dieron en Ipiales, con expertos de todo el país. Al principio se nos hizo cosa fácil. Pensábamos que la uvilla nacía por allí, crecía y ya. Pero luego vimos la necesidad de organizarnos, de hacer una asociación con todos los requisitos necesarios para dividir responsabilidades en grupo. Esto es una bonita experiencia porque a pesar de que ahora la gente es tan individualista, el hecho de empezar a compartir el conocimiento, no sólo a nivel de la agricultura orgánica sino a otros niveles, es un factor que hace crecer a las comunidades. Nuestra asociación es compacta. Todos los miembros permanecen pendientes, permanentes y constantes en sus cultivos. Se ha dado también trabajo a terceros, en las cosechas. Nos estamos relacionando más con la gente, dando a conocer las bondades de esta forma de trabajo. Y así la gente va imitando y asociándose en diferentes temas, no sólo en la agricultura.

CC: ¿Cuál fue la motivación para devenir agricultores orgánicos?

L: En Nariño siempre ha sido tradicional el cultivo de la papa. Y eche abonos y eche químicos que envenenan al humano. Esta fue una de las causas. La otra fue la necesidad de lograr una estabilidad económica. La papa fluctúa y no siempre hace ganar al agricultor, no es algo seguro. Nosotros queríamos hallar una seguridad en el trabajo y en la producción. Como la plata y la salud son necesarias, entonces era una forma de subsistir divinamente. Hemos sido muy perseverantes. Esto no es fácil, las situaciones han sido difíciles. El amor a la naturaleza nos llevó a esto.

CC: ¿Cuántos asociados son? ¿Cuáles son las ventajas de la asociación?

P: Ahora somos 22 socios. Las ventajas son salir adelante trabajando conjuntamente en la agricultura orgánica. Queremos dejar el egoísmo para proponernos una producción bajo esquema orgánico de todos los productos que da nuestra tierra. Recordar a nuestros mayores, a nuestros antepasados, ellos nunca utilizaron los químicos.

L: La estabilidad, el enriquecimiento como personas y como grupo en cuanto a conocimientos y valores. Constituir una experiencia modelo a nivel nariñense, colombiano y darnos a conocer en el exterior ha sido un experiencia muy satisfactoria nacida de la asociación.

CC: ¿Entonces Biofruit es un modelo para otros productores?

P: Si, porque hemos sido los pioneros en la región en trabajar un esquema de agricultura orgánica de forma asociativa.

L: Aspiramos que nuestro esquema productivo sea reconocido para que los demás productores puedan tomar ejemplo. Esto es un trabajo que está hecho con esfuerzo y por eso nos gustaría que concientizara a la gente.

Capachos de Uchuva en José María Hernández

Capachos de Uchuva en José María Hernández

CC: ¿A quién va dirigida la uchuva orgánica producida por Biofruit?

P: Va a mercado nacional e internacional. La mandamos para Bogotá y de allí la mandan para Estados Unidos, Canadá y Suiza.

CC: ¿Qué demanda tiene esta fruta?

P: Hay bastante demanda, pero la oferta es insuficiente por eso estamos invitando a más productores para que entren en nuestra asociación.

CC: ¿Qué dificultades han tenido en su esquema orgánico y cómo las han solucionado?

L: El tiempo de lluvias es difícil para la producción orgánica. Hay altos y bajos. La cuestión química es rápida en el tiempo. En épocas de lluvia se generan muchos hongos, los terrenos se inundan y eso a veces nos desmotiva porque las plantas empiezan a enfermarse y lo orgánico requiere más tiempo para hacer el beneficio o la curación a la planta. Hay soluciones orgánicas como la manzanilla con la ceniza. Nuestro problema son los hongos debido a la gran humedad que se ha generado por el invierno. La fertilización es más fácil. Se hace con abono orgánico y estiércol de animales.

CC: ¿De dónde viene ese conocimiento?

L: De las capacitaciones con el Sena, Acción social, Pastoral social. Nos han ayudado mucho en ese sentido y de resto proviene de la experiencia.

CC: ¿Utilizan técnicas de conocimiento ancestral?

P: Esencialmente parten de las capacitaciones. Sin embargo, yo utilizo el zumo del ají con manzanilla para ahuyentar insectos. Y la utilización de la ceniza y la cal salen del conocimiento ancestral. Eso yo lo oía de mis padres.

CC: ¿Cuál es su percepción acerca de la agricultura en Colombia?

P: La gente todavía está muy apegada al químico, porque tienden a la facilidad, a la comodidad, a la inmediatez y los productos químicos les ayudan a sostener el cultivo rápido. Pero nosotros promovemos una vuelta atrás.

CC: ¿Sienten que su asociación Biofruit hace eco en la región?

P:Sí. Nosotros empezamos con seis familias asociadas al cultivo orgánico de la uchuva. Y ahora ya vamos con 22 socios y estamos con gente de la Cocha, de Pasto, de Túquerres, de Potosí. Ya hay familias y municipios que están pasándose al esquema orgánico. Eso es eco.

L: El eco es progresivo. Una motivación es la necesidad de estabilidad. Porque la agricultura en todos los niveles, así sea químico, está por los suelos ¡todo está barato! No hay un incentivo a los agricultores. No hay un seguro para las pérdidas de cultivos por los factores climáticos. Depronto no es tanto la concientización en sí, porque para eso a los gobiernos les falta mucho, sino más que todo la necesidad de estabilidad económica y en mínima parte la consciencia.

CC: ¿Qué incentivo hacia la agricultura orgánica ven de parte del gobierno?

L: Hay ausencia de incentivo. El gobierno debería apostarle a que la producción orgánica tuviera más valor, que se hiciera el diferencial entre lo químico y lo orgánico. Pues ahora vale igual en el mercado lo orgánico que lo convencional.

CC: ¿El consumidor es consciente de pagar el sobreprecio de lo orgánico?

P: Quizás en Bogotá haya más una voluntad de pagar este precio. Acá en la provincia no.

CC: ¿A qué sabe lo orgánico?

P: Tiene otro sabor porque parte de la consciencia de que son alimentos que no son dañinos para la salud. Como fui enfermera toda mi vida, sé que los químicos atacan mucho al organismo. Ahora, tanta frecuencia del cáncer es motivada también por esos hábitos de alimentación basados en la injerencia de químicos. Esto es lo que queremos cambiar. Aún cuando sea que uno tenga una huerta para consumo personal que sea totalmente orgánica.

CC: ¿Cuáles son las características de un productor orgánico?

L: La educación es la que forma a la persona. Sin conocimiento no se puede obrar, pero hay que bajar también el conocimiento al corazón. En la formación cultural también está la clave. Desafortunadamente el facilismo está posicionado en las personas. Ausente está la idea del esfuerzo ¡todo que me den!. Entonces se tiene que iniciar un proceso formativo de generación y eso toma su tiempo. Lastimosamente el hombre no ha sabido conservar la naturaleza. Hemos sido destructores de la vida en general y estamos muriendo a causa de nuestra misma mano, sea por la contaminación, por la industrialización. El mundo va en caída. La gente habla con mucha información que está en internet ¿pero de allí a actuar?

CC: ¿Qué les ha permitido la certificación? ¿Representa para ustedes una inversión o un costo?

L: La certificación ha sido muy importante para nosotros porque nos ha permitido alcanzar un comercio internacional. Ha permitido que a nivel interno de la asociación nos organicemos, le pongamos un poco más de disciplina y rigor a la producción, que la hagamos de una forma estable, estándar y con alta calidad. En ese sentido, la labor de la certificadora es muy buena y las recomendaciones nos las hacen con el propósito de buscar que al interior de nuestra comunidad cada día nos superemos. Así que hemos mejorado la calidad de lo que tenemos y hemos alcanzado el mercado internacional. El ejemplo que estamos dando a nuestra comunidad también ha sido gracias a la certificación.

CC: ¿Cómo perciben a la certificadora? ¿Les ha aportado conocimiento?

Nosotros hemos buscado la capacitación por nuestros propios medio. Sin embargo, como la certificadora nos exige la capacitación ha sido esto una motivación para alcanzar muchos conocimientos en el esquema orgánico.

Entrevista y redacción: Natalia Fernández-Ruiz

Sonidos de una misma sinfonía

Acerca del sistema productivo orgánico de BIO-BIO

Foto tomada del sitio FB de “Bio verdecitos germinados-flores comestibles”

Los germinados son alimentos que guardan el potencial nutritivo total que porta la semilla. Una semilla germinada es un alimento vivo, en el que no se han alterado los valores nutricionales básicos, los que comúnmente van disminuyendo con el crecimiento de la planta, su procesamiento y la cadena de transporte y comercialización que experimenta. La riqueza en enzimas, minerales, oligoelementos, aminoácidos, clorofila que portan los germinados, bien podría contribuir a colmar los vacíos nutricionales que en nuestros días son generados por los poco saludables hábitos alimenticios.

Además de constituir una experiencia nutricional para quienes los consumen, los germinados aportan un matiz gourmet a las comidas. El universo de sabores, colores y olores que se desprende de ellos, puede convertir un almuerzo cotidiano en una fiesta en la boca en la que todo el mundo está invitado.

Los germinados y hortalizas producidas por Bio-Bio en la finca La Araucana son alimentos vitales generados bajo un esquema productivo orgánico, en el que cada elemento converge para armonizar en una saludable relación con la tierra, el ecosistema y la salud humana. Las pasiones y conocimientos de los tres socios propietarios de Bio-Bio llevan a actuar elementos de distintas disciplinas a los cultivos, constituyendo un auténtico modelo de producción agrícola. Ciclos lunares, algo de biodinámica, manejo de energías humanas, conocimiento ancestral, control de secuencias de labores y técnicas ambientales científicas se adhieren a las técnicas de agricultura orgánica, bajo una óptica completamente integral.

En el km 18 de la zona rural de Cali, la finca la Araucana tiene la fortuna de ser el escenario en donde la energía sana de una naturaleza respetada abraza a los entes animales, humanos y vegetales. El esquema productivo integral orgánico de Bio-Bio toma forma en este espacio coloreado por los simpáticos brotes y hortalizas, que hacen pensar que el paraíso es en miniatura.

EL SUELO, TAN VIVO COMO USTED Y YO

Al comprometerse a producir bajo un sistema orgánico, es menester que el productor trabaje inicialmente en su propia mentalidad. Pactar con una desaceleración de los procesos, dejar de lado la inmediatez y conceder a los elementos naturales del campo su propia vitalidad. Juan Carlos Osorio, socio fundador de Bio-Bio, hace hincapié en la importancia de considerar al suelo como un ente vivo, al que hay que proporcionar las condiciones necesarias para su desarrollo. Juan Carlos sostiene que uno de los grandes errores de los agricultores es no otorgarle esta característica esencial al suelo.

Bajo esta verdad, en la Araucana, el suelo es permanentemente remineralizado, alimentado y se le deja descansar entre siembras. La rotación de cultivos es una actividad importante que tiene alto impacto en la salud del suelo. De esta manera, Bio-Bio opta por no cultivar las mismas hortalizas sobre el mismo suelo.

POTENCIA EN ROTACIÓN

La rotación de cultivos es una práctica que genera múltiples beneficios con respecto a la salud del cultivo y del suelo. El monocultivo, opuesto, constituye un entorno propicio para la multiplicación de plagas y enfermedades particulares en una plantación, quienes encuentran en esa monotonía el espacio óptimo para el caldeo de su existencia. Asimismo, el hecho de que las mismas plantas permanezcan en el mismo lugar, produce una reducción de los nutrientes esenciales del suelo. Es por ello que, en contraparte, la rotación estimula una producción más rica debido a diferentes factores, como la disminución de la aparición de plagas y enfermedades, que necesariamente rompen su ciclo de vida con la implementación de un cultivo distinto al que estaban acostumbradas. También hay lugar a la optimización en la distribución de nutrientes del suelo, debido a que plantas con raíces más largas, que suceden a plantas con raíces más breves, aprovechan los nutrientes acumulados en la otra profundidad del suelo que la otra planta no alcanzaba. La rotación también posibilita un control más adecuado de residuos, al confluir plantaciones con escasos restos junto con otras de gran producción de éstos.

La potencia de la rotación consiste pues en combinar distintas plantas con diferentes formas de crecimiento y demanda de alimento, en el sentido de balancear la explotación que se hace de los nutrientes de la tierra y del agua.

MEDIR LA ENERGÍA AL SUELO

Bio-Bio ha trabaja en conjunto con el grupo de investigación en ciencias ambientales y de la tierra de la Universidad del Valle, ILAMA. Uno de los estudios recientes que se han hecho, en la forma de una tesis de ingeniería ambiental meritoria, es acerca del paramagnetismo en el suelo, que involucra la relación de propiedades físicas, químicas y biológicas del mismo. El autor del estudio, Paul Guillermo López Posso, realizó pruebas para medir el paramagnetismo del suelo de la finca La Araucana.

El paramagnetismo es una condición del suelo. La medición de sus niveles arroja datos sobre el deterioro o la salud del suelo. Un resultado interesante fue que en el bosque que rodea la finca La Araucana, los niveles fueron más elevadas frente a los encontrados en las áreas cultivadas y en las de descanso de cultivos. Las variaciones en los niveles de paramagnetismo expresan la resiliencia del suelo, siendo la resiliencia la capacidad para absorber y almacenar energía. El paramagnetismo en la finca se ha calculado también en relación con la reserva energética del suelo y con su conductividad térmica y eléctrica. Y los resultados han sido contrastados con los niveles de paramagnetismo en una finca vecina sembrada bajo esquema de producción convencional. Las diferencias se expresan en valores de militensas, que en el suelo de La Araucana reportan valores de 500, mientras que en una finca sembrada con caña convencional no alcanzan las 20 militensas. Este resultado confirma el nivel deterioro del suelo sembrada en monocultivo convencional.

Esta técnica, que pertenece a una agricultura orgánica de precisión, refuerza el concepto de que el suelo es un ente vivo que evoluciona a partir de prácticas que lo respeten y asimilen como tal.

EL LADO CLARO DE LA LUNA

Al interior del cuerpo de conocimientos integral que aplica Bio-Bio, los ciclos lunares alcanzan una importancia capital para las labores de siembra, transplante, poda y cosecha de tomates, tomatillos verdes, pimentones y flores comestibles. Esta práctica ancestral hace parte de los conceptos aplicados por la agricultura biodinámica. Se basa en la incidencia que tienen la luna sobre los movimientos del agua en el suelo, en la planta y en el flujo de nutrientes, factores que afectan el crecimiento de la planta. Este efecto de gravedad, que ha sido señalado generalmente en la atracción de las mareas por la luna, se genera también en el agua que no es visible, como la salvia que fluye al interior de un árbol, por ejemplo.

La influencia de la luna sobre las prácticas agronómicas sería más efectiva en sus periodos de movimiento entre sus cuatro fases de alumbramiento y no en el día mismo del cambio de ciclo señalado en el calendario lunar. Aproximadamente dos días antes o después del cambio de ciclo, marcarían el periodo ideal para las distintas prácticas agrícolas.

Así, de luna nueva, o negra, a creciente, se experimenta un aumento de la luz, por lo que resulta ser este un periodo propicio para las labores de siembra, estimulando el incremento de hojas y de raíces. Los tubérculos y las hortalizas de hoja alcanzarían un estímulo mayor de crecimiento en esta fase. Entre el cuarto creciente y la luna llena, la cantidad de luz continúa en aumento estimulando mayor desarrollo de follaje y menor de raíces. Desde el tallo hacia las hojas, un significativo movimiento de fluidos tiene lugar al interior de la planta, impulsando un crecimiento más dinámico.

De luna llena a cuarto menguante la luz disminuye, factor que favorece el crecimiento de raíces. Es un periodo propicio para reducir el impacto del transplante. Entre el cuarto menguante y la luna nueva surge el periodo menos luminoso, lo que significa un tiempo de menor crecimiento. En esta etapa de luna “muerta”, el agricultor debe evitar las prácticas de abono y siembra. Las labores de mantenimiento de la finca, de las herramientas, pueden bien ubicarse en estos días en donde el aliento de la luna hacia las plantas se halla reducido.

DE AVES, TORITOS Y CEPAS

En la Araucana el control de plagas se arma de distintas estrategias, que entran igualmente en la lógica del espacio vivo en donde todo lo que vive confluye. El bosque nativo que encierra a la finca a modo de un “candado ecológico”, como describe Juan Carlos, atrae gran cantidad de aves que convierte la finca en un observatorio de pájaros visitado por extranjeros. Y estos volátiles se alimentan felizmente de algunos insectos al interior de los cultivos. Como bien dice este ingeniero agrónomo, aunque las aves se coman uno que otro tomatico, el aporte de su acción en la finca favorece la reducción de insectos que podrían convertirse en plagas. Biofungicidas, extractos de ají y ajo son igualmente utilizados en la estrategia.

A partir de viajes por otros países, Juan Carlos, conoció en Guatemala la trampa Torito, aplicada para atrapar insectos. La trampa Torito consiste en un plástico amarillo, ungido de un pegamento natural, que se ubica transversalmente en la era. Los insectos, inocentes de la goma, vuelan hacia la trampa, siendo ésta su último destino al mantenerlos adheridos cual telaraña. Este método de control natural ha reportado significativos resultados al interior de la producción biológica de Bio-Bio.

BALANCE POR LIBÉLULAS

La libélula es un insecto depredador de plagas. Dependiendo de la clase, algunas libélulas se alimentan de gusanos y otras de huevos. Sin embargo, también es un insecto que se relaciona con el manejo de las energías del entorno.

Una crónica milenaria japonesa refiere a una anécdota del emperador Yuryako Tenno, en la que en un día de caza éste recibió una picadura de un tábano en el brazo. Una libélula llegó a liberarlo del tábano, dejando al Emperador gratamente impresionado. El emperador llamó a la zona “Llanura de la libélula” y la libélula se consideraba entonces como un insecto victorioso portador de buena suerte. Variados objetos dentro del contexto familiar y militar japoneses fueron decorados con la figura de la libélula para atraer la buena ventura.

La cultura oriental ha acostumbrado a situar estanques en los sectores de siembra para atraer las libélulas, estanques que las invitan a alimentarse de zancudos y otros insectos. Sin embargo el interés de su presencia también radica en la asociación que se hace de éstas con las buenas energías que favorecen los cultivos. Una finca en donde no llegaran libélulas sería una finca en donde no habría buen nivel energético.

En la finca la Araucana implementan algo que ellos llaman “Balance de la energía por libélulas”. Este tipo de energía es difícilmente medible, cuantificable, plantea Juan Carlos; no obstante, la energía que se siente en La Araucana es diferente desde el mismo momento en el que se ingresa a sus predios. Como él mismo afirma “uno puede llegar de la ciudad hasta allá y sentir el cambio en el entorno energético, pues es diferente. Y no lo digo sólo yo, sino muchas personas que visitan frecuentemente la finca”.

Este tipo de teorías, acerca del incremento de los niveles de energía sana a través de la presencia de las libélulas, se inscriben dentro de la misma línea de conceptos orientales en donde todos los elementos presentes en un contexto natural se integran como sonidos de una misma sinfonía. En comunidades campesinas japonesas, los estanques de crianza de libélulas funcionan en la lógica de protección a la naturaleza. En la finca la Araucana estos conceptos tienen eco y funcionan como elemento importante de la energía que envuelve la salud de las hortalizas y germinados allí generados.

LA BIOFÁBRICA BIOALIMENTA

En la biofábrica de Bio-Bio, situada también en La Araucana, se producen cinco insumos, en cinco espacios, importantes para la nutrición y la salud de los cultivos. La compostera, lugar de la producción de compost y bocache. Los estanques, escenarios del desarrollo de una clase de Azola, resultado de una simbiosis entre una alga verde azulada y una lenteja de agua, que funciona como fijadora de nitrógeno. Camas de lombrices levantadas y aisladas en invernadero, lombricompuesto de donde se extrae el compost y el lixiviado. Una zona de producción de caldos microbianos para la fertilización. Y, finalmente, un espacio de fabricación de extractos naturales para el control de plagas. Con fabricación propia, Bio-Bio procura la mayoría de insumos necesarios para lograr los altos niveles de calidad que caracterizan a sus productos, importando solamente fuentes de potasio y nitrógeno orgánicos de GreenLabel. Sin embargo, éstas son aplicadas en pequeñas cantidades.

Basta un recorrido por la Araucana para percibir como el esquema productivo orgánico de Bio-Bio echa mano de diversas técnicas, bajo la premisa fundamental de que un ecosistema es un universo vivo e integrado. La concepción de un equilibrio a través de una producción integral, de la interrelación de plantas, animales, suelos y humanos como integradores de un sistema de auto-nutrición, toma forma en la finca la Araucana. El resultado: deliciosos, diversos y saludables frutos de la tierra, que portan el gusto de la trascendental fusión del ser humano con la Naturaleza. Prácticas que, desde el Valle del Cauca, prolongan el bienestar de un ecosistema y de quienes lo habitan. Aventura que resultaría imposible si se actuara con generalizada ceguera antropocentrista.

Fuentes:
http://web-japan.org
Bio-Bio www.verdecitos.com

Sobre el paramasnetismo del suelo:
“Estudio del paramagnetismo en el suelo y la relación con sus propiedades físicas, químicas y biológicas”, López Posso, Paul Guillermo. Tesis a través de recurso electrónico en la Biblioteca Mario Carvajal – Univalle

GRUPO DE INVESTIGACION EN CIENCIAS AMBIENTALES Y DE LA TIERRA – ILAMA
http://ilama.univalle.edu.co

Natalia Fernández-Ruiz
Santiago de Cali, abril 2012

Crédito fotos: Bio verdecitos

“Para ser productor orgánico se tiene que pensar diferente”

Entrevista a Juan Carlos Osorio, socio fundador de Bio-Bio

En el km 18 a las afueras de Cali, un bosque nativo encierra un ecosistema en donde los pájaros revolotean sobre una colcha de colores formada por cultivos en miniatura. Allí, en la Araucana, la energía que fluye se percibe especial, integradora de los elementos que la cohabitan. Desde el 2001, la finca la Araucana, un terreno con más de 25 años libre de pesticidas y aditivos químicos, es el escenario para la armoniosa y sana producción de Bio-Bio.

Bio-Bio produce hortalizas, germinados y brotes bajo un esquema productivo orgánico.  Calidad gourmet, representada en suculencia de sabor, color y textura, es el distintivo de los germinados “Verdecitos”. Bajo la marca “Verdecitos”, Bio-Bio ofrece una gama variada de brotes, entre los que se encuentran auténticas rarezas en el contexto del mercado colombiano, tales como Pac Choi, germinado oriental; Sangre de Toro, de origen europeo; Rusia roja, de hojas sutilmente acorazadas y picantes; Berro crespo, ideal para sushis y sopas.

Bio-Bio produce cerca de 80 toneladas al año de hortalizas de hoja y fruto, flores comestibles y brotes, en un área de 7600 m2, de los cuales 3400 están bajo invernadero y el resto a campo abierto. Tres socios apasionados por la agricultura limpia, la medicina naturista y el yoga son las cabezas de esta empresa vallecaucana.

Su producción está dirigida hacia el mercado institucional, como hoteles cinco estrellas, restaurantes gourmet y hacia familias que “quieren comer diferente y sano”, como lo expresó Juan Carlos Osorio, agrónomo, socio fundador de Bio-Bio, con quien CERES conversó acerca de la substanciosa experiencia que como productor orgánico ha tenido, en el marco de esta empresa.

¿Cuál es el ORIGEN de Bio-Bio

Juan Carlos Osorio: Somos tres socios. Yo empecé con un socio médico en el año 2000 a hacer ensayos en la finca la Araucana en Dagua, a 1800 mts a nivel del mar. Montamos allí una producción de hortalizas, de germinados y brotes a partir de la agricultura orgánica. En 2001 empezamos la producción y en 2006 nos certificamos con CERES. 2006, 2007, 2008 estuvimos certificados. Por problemas de seguridad no volvimos a sembrar la finca. Retomamos la siembra a finales de 2010. Siempre bajo esquema orgánico.

¿Cuál es la MOTIVACIÓN de Bio-Bio para producir bajo un esquema orgánico?

JCO: La motivación principal es la salud y el convencimiento. Hay un sentimiento hacia la producción limpia en nosotros desde hace muchos años. Yo soy ingeniero agrónomo con maestría en suelos y aguas. También soy profesor en Univalle. El otro socio es Julio Calonje, médico naturista . Y el otro es un ingeniero mecánico involucrado con el tema del naturismo desde hace por lo menos unos 8 años; es practicante de yoga y es vegetariano. Somos tres socios muy comprometidos con la producción limpia.

¿Qué ACTITUDES se requieren para ser un productor orgánico?

JCO: Básicamente dos cosas. Una es la valoración de que la producción orgánica es la salida para cambiar el impacto ambiental que se da por la producción convencional, el interés por mantener bien su finca, por mejorar su salud, su dieta. La gente, partiendo de su dieta y de sus hábitos de consumo, todavía no visualiza esto. Esta es la parte más difícil, la de la conciencia. Otra parte compleja es poder afianzar el vínculo entre la producción, el consumo, la comercialización, la venta, que es lo que hemos logrado hacer nosotros en todos estos años.

¿De dónde viene el CONOCIMIENTO que aplican en su esquema productivo?

JCO: Básicamente de experiencias personales, cursos, experimentación previa. Yo tengo más de 30 años de experiencia en muchos cultivos, tanto convencionales como orgánicos. En ese camino uno ha aprendido de muchos errores, no sólo propios sino de amigos y vecinos. Hay mucho conocimiento acerca de esquemas orgánicos. Hemos mejorado nuestro esquema a través de los años y tenemos una producción similar a la convencional en cuestión de tiempos y producción por área.

¿Cómo se produce el CAMBIO de una producción convencional a una orgánica?

JCO: Cuando empezamos cometimos el error que cometen muchos: equiparar las prácticas agrícolas convencionales a las orgánicas. Básicamente lo que se hacía era una sustitución de insumos. La gente piensa que para producir una lechuga orgánica se debe cambiar la urea y los fungicidas por bioextractos. Para ser un productor orgánico se tiene que pensar diferente. El principal error es no considerar el suelo como un ente vivo, esa es la lección principal. Uno tiene que hacer suelo dentro del manejo orgánico, porque si uno quiere una producción convencional, no hay mucho esfuerzo qué hacer.

¿Cuál es el TRATAMIENTO que Bio-Bio le da al SUELO?

JCO: Consideramos al suelo como un ente vivo. Por ello, estamos permanentemente re-mineralizándolo, alimentando y re-inoculando los microorganismos, activándolo, dándole descanso, dándole rotación. Donde sembramos una variedad de lechuga este mes, sembramos otra diferente el otro mes. El otro tema que manejamos es medirle la energía al suelo. Hago parte de un grupo de investigación en temas ambientales de la Universidad del Valle, en donde se han desarrollado técnicas para medir la energía al suelo. En la finca en donde tenemos nuestra producción orgánica acabamos de medirle el paramagnetismo al suelo.

Tratado de esta manera ¿Cómo ha sido la EVOLUCIÓN DEL SUELO en cuanto a materia orgánica?

JCO: Nuestros niveles de materia orgánica son cercanos a seis y a ocho. El aumento de la materia orgánica es relativo desde el punto de vista agronómico. No por el hecho de tener 18% de materia orgánica es bueno persé. En la sabana de Bogotá hay suelos con 20% de materia orgánica, a los que tienen que echarles grandes cantidades de fertilizantes químicos. Creemos que el tema hay que revisarlo. Es más importante la remineralización de la materia orgánica. Por eso, usamos microorganismos que la reactiven para que la planta la pueda usar; porque la materia orgánica en condiciones de precipitación o de temperaturas frías no se mineraliza igual, entonces la planta, igual, tendrá déficit de nutrientes y minerales. Sin embargo, a partir de los análisis  iniciales hechos a la finca, la materia orgánica ha aumentado hasta tres puntos. Cada 20 ó 27 días aplicamos cerca de 40 kilos de compost al suelo, por era. Ese compost se debe mineralizar, se deben formar compuestos orgánicos en el suelo.

¿Qué IMPACTO AMBIENTAL tiene la producción orgánica de Bio-Bio?

JCO: Toda actividad del hombre genera un impacto ambiental, sea orgánica o no. Nosotros hemos tratado de mitigarlo. Al tener la finca terraceada, tratamos de prevenir al máximo la erosión del suelo. El riego por goteo nos permite manejar niveles mínimos de agua. La finca está en una zona en donde llueve mucho, así que tenemos unos lagos en donde se almacena agua-lluvia. Manejamos también algo del balance por libélulas. Tenemos árboles frutales para atraer a algunas aves que se coman a su vez a algunos insectos, orientados hacia el control de plagas. En el tema laboral, buscamos trabajadores que sean conscientes del manejo de los recursos. No hemos expandido el área de siembra porque queremos preservar el bosque nativo alrededor; pues así eso teóricamente no nos produzca nada, nos da un beneficio indirecto a través del control de plagas, del aislamiento, de la sensación de bienestar que se experimenta en la finca, un entorno favorable a los humanos. Lo ideal sería sembrar directamente dentro del bosque, pero ni las lechugas ni los tomates ni los tipos de hortalizas que sembramos se dan allí.

¿El CONOCIMIENTO que ustedes aplican es una conjugación de lo TRADICIONAL con los conocimientos modernos?

JCO: Sí, por ejemplo el campesino se guía por calendarios lunares para determinar épocas de cortar la madera. También, hay gente que dice que hay unas personas que tienen mejor mano que otras y eso tiene que ver con los estados de ánimo. El mismo esquema laboral, es decir, cómo maneja uno a la gente cuenta; uno no puede ser un agricultor orgánico si se emborracha y coge a patadas a la mujer.

¿Cuál es el impacto en cuanto a lo LABORAL de la producción orgánica frente a la convencional?

JCO: Contratamos a mucha más cantidad de gente porque no usamos herbicidas, entonces el control de malezas es manual. En menos de una hectárea, tenemos a 19 personas trabajando con nosotros. Aumenta el costo, baja la competitividad frente a lo convencional, pero esto hace parte del esquema de producción orgánico. Esta es una producción muy manual, artesanal, conjugada con técnicas modernas dentro de lo orgánico. Buscamos darle espacio a la generación de empleo y a las buenas condiciones laborales, así como darle trabajo a mujeres cabeza de hogar.

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    ¿Cuál es la relación de COSTO de su producto orgánico con el convencional?

JCO: Hemos tratado de mantener un precio bajo los rangos razonables todo el año, así el precio del mercado convencional fluctúe. Es una cuestión de oferta y demanda donde juegan los precios. No podemos salirnos mucho del margen de precios, así el producto sea orgánico. Con la experiencia hemos logrado bajar costos de producción. Tenemos margen de competitividad y eso lo podemos explotar si el mercado lo quisiera demandar. Lo otro que tratamos de diferenciar también es que nosotros no sembramos las mismas variedades ni los mismos materiales genéticos que usan los agricultores convencionales. Todas nuestras semillas son orgánicas, que son un poco más caras porque nos toca importarlas. Algunas semillas las producimos en la finca, pero es muy complicado acceder a semillas orgánicas en el mercado de semillas de Colombia. Hay poca semilla de hortaliza orgánica en Colombia. Si evaluás por un mes a un productor de lechuga convencional allí en la zona, frente a los 27 días que nos demoramos nosotros, estamos casi que a la par. En costo estamos ligeramente más caros nosotros, básicamente debido a la mano de obra, pues todo es manual y sin herbicidas, por la semilla y porque la frecuencia de aplicación de los insumos orgánicos es más alta que la del químico. El químico mata todo y vuelven y siembran a los quince días. Nosotros tenemos que hacer semanalmente aplicaciones preventivas de hongos y extractos vegetales. Nuestro esquema productivo demanda mucho más pero llevamos muchos años en él y ya tenemos claros los mecanismos de producción.

¿Las SEMILLAS ORGÁNICAS que vienen del exterior tienen un buen comportamiento en un ecosistema tropical?

Allí está el reto. Nos toca investigar porque si es cierto que el comportamiento es diferente. Hemos logrado adaptar algunas variedades y nuestro proveedor de semilla en Estados Unidos nos envía esas variedades. Vamos probando durante diferentes meses de siembra con los insumos que manejamos. Como en la finca manejamos eras de 10 m2, tenemos 750 eras, lo que nos facilita hacer ensayos a pequeña escala dentro del cultivo, para identificar la evolución de las distintas variedades.

¿Cómo percibe al CONSUMIDOR COLOMBIANO?

JCO: Últimamente hay una tendencia más marcada hacia lo orgánico, lo que tiene que ver con los flujos de la economía. Si hay una buena economía, mejora bastante la percepción y la gente quiere consumir diferente. Esto es un problema de precios. Si el precio de la lechuga o el tomate va a la baja, el jefe del hotel va a comprar el más barato. Sin embargo el chef, cocineros y jefes de cocina dan su punto de vista acerca de que el producto orgánico sabe mejor, dura más, tiene mejor color, es más brillante, entonces terminan definiendo la compra por el producto orgánico que es un poquito más caro que el producto convencional.

¿Considera el consumo de lo orgánico tendencia de una ELITE?

Es de una elite pero también se está masificando. En la medida en que quitemos los interrogantes de la producción y logremos ser tan competitivos como los otros, podemos vender tomate orgánico al lado del convencional, por ejemplo, y puede ser muy grande el consumo. Mucha gente cree que esos productos son sólo para los ricos. Pero si el producto orgánico pudiera ponerse en cafeterías de universidades, por ejemplo, y ofrecer buenas ensaladas tampoco significa que va a ser consumido, pues los muchachos optan por la comida rápida. Entonces también allí hay un concepto de hábitos de consumo, de la educación y de la cultura en el hogar.

¿Cómo percibe la producción ORGÁNICA COLOMBIANA?

JCO: La tendencia de la producción orgánica en Colombia es al crecimiento, como está pasando en todo el mundo. Lo importante es diferenciar esquemas productivos, pues hay productores que creen que tienen una producción orgánica porque no aplican químicos, pero aplican gallinaza. En nuestro caso no aplicamos gallinaza ni ningún desechos de origen animal. Utilizamos lombriz roja californiana que alimentamos con los residuos de la lechuga y con otros subproductos de nuestros cultivos.

¿Conoce OTRAS EXPERIENCIAS locales de producción similares a la de Bio-Bio?

JCO: Sí, en la zona hay unos dos o tres. No sé si están certificados pero veo que están haciendo cambios. Ellos venden hortalizas mediante fundaciones como la Epsa, la Carvajal, en los mercados verdes de Comfandi.

¿Se han ustedes integrado o ASOCIADO con otros productores orgánicos de la región para consolidar una oferta más integral de productos orgánicos?

JCO: No lo hemos hecho, pero ojalá se pueda. Todavía no hay una madurez en el mercado que permita hacer eso. Aquí la gente no es muy dada a integrarse. La asociatividad en los productores es muy baja. Hemos tratado de que algunos productores vecinos nos siembren bajo contrato, pero las fincas no están certificadas entonces finalmente no lo hacemos.

¿Qué le proporciona a Bio-Bio una CERTIFICACIÓN ORGÁNICA de sus productos?

JCO: Nos concede un sentido diferenciador, no tanto en el precio, pero si en el mercado. El hecho de que estemos certificados con un organismo serio y que eso vaya en el rótulo nuestro, le permite tener certeza al consumidor. Como nuestro mercado es institucional, la certificación genera confianza de que el producto fue fabricado bajo unas normas y unos criterios serios. Algunas instituciones lo demandan.

¿Cuál cree podría ser un mecanismo de MOTIVACIÓN para los PRODUCTORES LOCALES para cambiar del esquema convencional al orgánico?

JCO: Hay varios puntos. Uno es que esto no es sólo sembrar para vender, se necesita convicción por parte del productor de que lo orgánico es lo adecuado para él, para su salud y la de su familia, para el bienestar de su suelo y para el de su cliente. Lo otro es que el mercado lo demande. Si el consumidor no visualiza que ese diferencial de precio es un beneficio para su salud y la de su familia, el productor va a seguir en el mismo camino convencional, pues ya tiene un esquema creado.

¿Piensa que hay INCENTIVO del gobierno colombiano para la producción orgánica?

JCO: No, ninguno. Hubo un programa con Andrés Arias, antes ministro de agricultura, de donde salió el sello ecológico nacional. Con el ministro actual no ha habido una continuidad del programa y desmotaron la oficina que se había creado para este programa de agricultura ecológica. El ICA hace poco por esto.

¿Cuál es su percepción de la AGRICULTURA COLOMBIANA?

La agricultura colombiana ha desmejorado mucho frente a otros casos. He viajado y he visto otras experiencias, por ejemplo en Perú o Argentina. Afortunadamente no tenemos esas grandes áreas sembradas con transgénicos como en Argentina, pero creo que vamos a llegar allá con unas áreas que se están expandiendo en los llanos. A nivel del Valle todo está sembrado en monocultivo de caña en la parte plana; pero el Valle tiene un gran potencial en la ladera, en producción de frutas y hortalizas que se podría dar con más valor bajo producción orgánica de mandarina, mango, piña, por ejemplo. Colombia tiene un gran potencial para ser productor orgánico por sus condiciones ambientales y el mercado internacional tiene una alta demanda de estos productos. Sin embargo, nos estamos quedando atrás frente a la gran producción agroindustrial peruana, por ejemplo. Debido a sus condiciones climáticas, ellos son productores fuertes de hortalizas a gran escala. Desde el punto de vista agroindustrial ellos nos han cogido ventaja. Pero también tenemos las nuestras, como que nos cuesta un dólar y medio menos exportar una caja de hortalizas que a ellos, debido a nuestra proximidad con el transporte hacia Norte América y Europa, que son los grandes compradores. En la medida en que la India y China revolucionen el consumo orgánico, el área en el mundo no va a alcanzar. En Colombia, aún hay mucho desconocimiento de herramientas para producir lo orgánico bajo los mismos estándares de productividad que lo convencional. Pero nosotros tenemos casi la misma productividad por unidad de superficie y unidad de tiempo que un convencional.

¿Logra usted hacer una dieta variada de productos orgánicos?

JCO: Si, lo hago. Consumo todos los productos que producimos y hago un matrimonio de productos orgánicos de otros productores. Se arma un paquete y se logra hacer una dieta. Aceites, leche de soya, huevos.

¿A qué sabe lo orgánico?

JCO: Lo orgánico sabe diferente y lo bueno es que lo podemos medir. Con un grupo de la Universidad del Valle desarrollamos un dispositivo para medir y desde el punto de vista energético y eléctrico se puede diferenciar el sabor. Lo hemos hecho con 16 productos entre los que están café, maracuyá, uchuva, tomate, banano, pimentón, fresa, lechuga. Y el sabor de lo orgánico a lo convencional cambia, además de que dura más el fruto, tienen una mejor presentación, mejor textura y brillo.

Natalia Fernández-Ruiz
Santiago de Cali, abril, 2012

Crédito fotografías: Bio Bio Verdecitos

Bio Bio Verdecitos
www.verdecitos.com

La suerte de la eficiencia orgánica

Entrevista a Juan Fernando Suárez – Gerente de Calidad Hacienda Lucerna

Juan Fernando Suárez, Gerente de Calidad Hacienda Lucerna.

Nos encaminamos desde Cali hasta Bugalagrande por la vía vecina a Rozo. La carretera, llana y amigable, se ensombrecía al atravesar los campos de árboles barbados, para volver a iluminarse al ritmo de los cultivos despeinados de caña. Como el sol, la caña de azúcar se impone en el paisaje del Valle del río Cauca, en donde se ubican cerca de 2000 productores del palo dulce, a los que se suman 13 ingenios. Entre productores, 76%, e ingenios, 24%, siembran alrededor de 218.000 hectáreas de caña a lo largo del recorrido del río Cauca por los departamentos del Cauca, Valle y Risaralda.

La ruta de cañaduzales nos condujo hacia la tradicional Hacienda Lucerna, predio que lanza desde sus campos y edificaciones claves de la historia del agro del Valle del Cauca. La casa blanca y roja nos saludó silenciosa con sus ojos-ventana, esos por los que han pasado instantáneas de una familia dedicada al agro; esos que testimonian de las motivaciones de Carlos Durán Castro, científico aplicado, gestor del desarrollo agropecuario del Valle del Cauca en el siglo XX.

Carlos Durán Castro aportó sólidos conocimientos e interesantes acercamientos al estudio, progreso e implementación de esquemas productivos adaptados a la realidad del campo vallecaucano. El desarrollo de la raza Lucerna, eficiente lechera adaptada a las condiciones tropicales, es sólo uno de los efectos tangibles de su emprendimiento. Políticas que pactaron por un desarrollo eficiente del agro regional, basadas en una relación respetuosa con la naturaleza y su sabiduría, constituyen la esencia de su gestión y legado.

Es así como desde su fundador, la Hacienda Lucerna ha sido una especie de finca agrícola experimental, en donde se propende por el desarrollo y aplicación de esquemas productivos adaptados al ecosistema local, respetuosos de la naturaleza y del ser humano. En 1988, Hacienda Lucerna inició su vuelco hacia la agricultura orgánica, con la generación de caña de azúcar para la producción de panela en bloque y granulada. De 152 hectáreas sembradas en caña, generan cerca de 16.875 toneladas al año. Desde esas áreas, en Bugalagrande, Juan Fernando Suárez, gerente de calidad de la Hacienda Lucerna, nos concedió una entrevista, en la que la experiencia de Lucerna como productora de panela orgánica nos reveló interesantes elementos.

Vuelta a lo tradicional 

CERES Colombia: ¿Cuál fue la motivación de H. Lucerna para producir orgánicamente? 

Juan Fernando Suárez: Lucerna era un productor completamente convencional que quemaba, aplicaba herbicida e insecticida. El Dr. Carlos Durán siempre fue un visionario y él decía “pero cómo es posible que en un cultivo de estos cada vez nos volvamos más insumo-depedientes. Tiene que existir otro esquema productivoVamos a darle un vuelco total a esto”. Él se preguntó por qué estábamos acabando con nuestro suelo y deteriorando el medio ambiente y empezó a devolverse; a arreglar esa cantidad de errores que se habían cometido. El doctor Carlos lo que hizo fue mostrarnos el camino. Demostró que la caña no sólo era productiva de la forma convencional, sino también en un esquema orgánico con el que trabajamos hace más de 20 años. Él fue capaz de eliminar el uso de los elementos químicos en la combustión orgánica, pues antiguamente los agricultores no utilizaban químicos. De allí en adelante fue una pelea muy dura, porque para los ingenios decirles “usted no puede quemar si no cortar en verde” era como pegarles una bofetada. Hemos trabajado duro y nos sentimos muy tranquilos con la decisión que el doctor Carlos tomó.

Nosotros no queremos ser únicos, pues sabemos que este es el esquema productivo de un futuro muy cercano o si no, no lo habrá.

CC: Háblenos de lo particular del trabajo en la Hacienda Lucerna.

JFS: Hemos ido rescatando técnicas y modificándolas con nuestras necesidades. Cada día estamos convencidos de lo que hacemos. No hacemos nada mecanizado. El trabajador de la hacienda ya tiene los cuidados dentro de su cultura. Piensa antes de entrar al cultivo, pues es consciente de los daños, no está mecanizado, pues normalmente a los trabajadores los mandan a hacer una tarea, pero no existe la pregunta del por qué. Respetan el cultivo porque conocen los procedimientos que se están llevando a cabo allí. Se ha ido creando una consciencia entre los trabajadores.

CC: Muchas de las técnicas que aplican ¿surgen del conocimiento tradicional?

JFS: Claro. Los abuelos, bisabuelos, nuestros antepasados siempre produjeron con lo que había en campo. Ellos no ponían el uso de los químicos de por medio. Recuerdo que mi abuelo se oponía a la minería a pesar de no tener los conceptos técnicos de los daños que ésta puede producir. Hemos ido perdiendo esa costumbre de producir como tradicionalmente se hizo.

CC: ¿Toman también elementos de experiencias internacionales en orgánica?

JFS: Hay países desarrollados que llevan gran recorrido en lo orgánico. No sería lógico decir que no nos basamos en lo que ellos publiquen. Pero hay una situación particular y es que Colombia es un país tropical. Contamos con la radiación solar los 365 días del año y eso es un potencial que no tienen muchos países del mundo. A partir de ese potencial debemos referenciarnos de lo que hacen en el exterior, pero siempre puliendo con la realidad de nuestros sistemas productivos. Creo que es una mezcla de los dos.

La soledad de los ecológicos 

CC: ¿Se sienten solos como productores orgánicos en su gremio? 

JFS: No tenemos apoyo. Hay que resaltar que los productores orgánicos tenemos unos aliados muy importantes: las certificadoras que hacen que este camino tenga sentido final. La certificadora no es un agente que viene simplemente a hacer una inspección, sino un apoyo para mejorar las cosas que no se han consolidado aún. También, es una entidad que tiene credibilidad. Los productores no han podido identificar esto y se preguntan cómo van a meter una cantidad de plata en una certificación. Miran la parte de los pesos, en lugar de los beneficios a futuro. Ahora cualquier producto debería tener una certificación. La gente responde que el valor agregado de su producto es la calidad, cuando eso debe ser un compromiso. Pero ahora lo que juegan son valores agregados y qué más valor agregado que un sello certificador.

CC: ¿Existe algún incentivo estatal para la producción orgánica? 

JFS: Ninguno. En el mercado internacional tenemos un apoyo fuerte hacia la producción orgánica, porque ellos ya pasaron por lo que estamos viviendo. Ellos ya acabaron todo el recurso de ellos y entonces no les conviene que pase lo mismo en otros lugares.

CC: ¿Existen iniciativas de trabajo conjunto por parte de productores orgánicos? JFS: Productores orgánicos en conjunto no hay. Contamos con la reserva natural El Hatico, con quienes nos certificamos conjuntamente y por fortuna tenemos un ingenio que viene haciendo las cosas de forma diferente, el ingenio Providencia, donde hay alrededor de mil hectáreas certificadas en caña de azúcar orgánica. Desafortunadamente en el Valle del Cauca hay es un monocultivo de la caña, por lo que tenemos que propender a una producción más eficiente. Eficiente en términos de lograr que el suelo y el cultivo sean más duraderos, eliminando elementos químicos de la producción.

Suerte de 22 años* 

CC: Háblenos de la eficiencia de lo orgánico.

JFS: Estamos convencidos de que somos más eficientes que un productor convencional. Solamente este tema, los productores convencionales tienen que coger su cultivo cada cuatro o cinco cortes, es decir, cada cuatro o cinco años y volverlo a sembrar las suertes nuevamente, porque la producción va en caída. Entonces estamos hablando de cuatro cortes. Nosotros en este momento tenemos suertes de caña de 19 cortes y creciendo. De las labores culturales, la que más hace daño es la quema, en donde los primeros cinco centímetros del suelo mueren y allí es donde tenés todos los microorganismos benéficos para el suelo. Nosotros no hacemos eso. Hemos ido creciendo poco a poco, estamos ya en más del 3% de materia orgánica en el suelo. En cuestión de diez años hemos mejorado la materia orgánica en casi un punto. La gente se preguntará ¿apenas un punto? pero el mejoramiento de ese sólo punto es tan grande que nisiquiera se puede cuantificar.

CC: ¿Qué impactos genera la producción orgánica? 

JFS: Si H. Lucerna fuera un productor convencional no generaría más de 8 empleos directos. En conjunto, H. Lucerna genera 70 empleos directos. En la parte ambiental es un pulmoncito en un mar de caña convencional, en donde en estas 222 hectáreas de la hacienda sabemos que no hay política de manejo diferente a la orgánica. Esto nos ha llevado al manejo de zonas de liberación. Nuestra producción y mejora han sido tan grandes, que tenemos zonas de amortiguamiento en la hacienda. Tenemos dos hectáreas de nivelación, cercas vivas y todo el sistema genera una mejor producción en las partes que lo componen. Esperamos que lo que nosotros venimos haciendo pueda ser copiado. Que nos olvidemos del herbicida y tengamos rebaños de ovejas; que nos olvidemos de las quemas y tengamos corteros que puedan sentirse sanos cortando la caña en verde; que tengamos zonas, que no sean aptas para la caña, en otro tipo de manejos. Si hacemos esto vamos a conservar el recurso hídrico, uno de los más importantes.

CC: ¿Qué actitudes se requieren para ser un productor orgánico? 

JFS: Lo primero, creer que la producción orgánica sí es posible. Lo segundo, tener ganas, porque no puedo desconocer que la producción orgánica demanda muchísimo más tiempo que la producción convencional. Pero si uno está convencido de ese tema, pues lo hace.

CC: ¿Cómo percibe el mercado orgánico en Colombia? 

JFS: En Colombia sí hay nichos, lo que pasa es que la panela es un producto muy difícil. Con la panela hay que entrar a competir con precios en el mercado nacional. El mercado internacional sí paga el valor agregado de lo orgánico.

CC: ¿Cuál ha sido la experiencia de H. Lucerna en el mercado internacional? JFS: Es triste decirlo, pero cuando empezamos con la panela orgánica, nuestro cliente en EEUU nos dio un apoyo muy fuerte. Antes de tener apoyo nacional, tuvimos apoyo internacional. Es rico pensar que el producto de uno está llegando a x país, pero más rico sería decir que nuestro producto está llegando a varias ciudades de nuestro país.

CC: ¿Qué clientes surten y cuál es la demanda? 

JFS: En el Valle a La 14, Olímpica, Surtifamiliar y Comfandi. Algunos distribuidores de pequeñas supermercados y tiendas. Esto es porque la producción no nos alcanza. Sé que si fuéramos capaces de encontrar aliados que quisieran acercarse al nicho de lo ecológico, si producimos 1200 toneladas, 1200 toneladas vendemos. Pero ahora nos tenemos que limitar a lo que hacemos. Por eso hemos pensado en hacer una pequeña alianza con otro trapiche, para tener otro sitio en donde poder producir nuestra panela e incentivar a otros productores a que se certifiquen. Tranquilamente, podemos pagar 3 mil ó 4 mil pesos más por tonelada de caña a un productor orgánico de lo que le está pagando un ingenio.

El sabor de lo orgánico 

El sabor de lo orgánico

CC: ¿Cuál es el sabor de una panela orgánica frente a la convencional? 

JFS: Como buen paisa soy buen consumidor de panela. Antes, en Medellín, compraba la panela sin diferenciarla. Pero cuando uno ya conoce su panela, uno diferencia. En una aguapanela se sienten sabores distintos. Se perciben sabores más amargos y en algunas, no en todas, cierto sabor a algún químico, como un floculante o una acrilamida sintética, pues a los cultivos convencionales de caña, faltándoles 8 semanas para el corte los maduran. Ponen banderas y con una avionetica ¡yum! les aplican ese madurante que inhibe el crecimiento de la planta, entonces la concentración de azúcar se queda en el entalle. Desafortunadamente todos esos madurantes son químicos y la mayor parte son a base de glifosato. Esto sigue siendo permitido y los que consumen azúcar convencional lo ingieren.

CC: ¿Cómo percibe los hábitos de consumo de los colombianos? 

JFS: Los productores de orgánica tenemos que mejorar algo. Sabemos que un producto orgánico tiene un valor agregado que hay que incluir en el precio. Nosotros lo ponemos, pero en una escala en la que cualquier persona pueda consumirlo. Desafortunadamente muchos productores orgánicos inflan los precios. A eso no podemos llegar, porque estamos demostrando en este momento que tenemos sistemas de producción eficientes, más rentables, entonces ¿cómo vamos a trasladarle al consumidor final esos precios tan altos? Así, el consumo de lo orgánico se vuelve elitista.

CC: ¿Cómo motivar a consumidores a optar por alimentos sanos y a productores a adoptar esquemas de producción orgánicos? 

JFS: Tenemos que trabajar desde los niños, porque los padres de familia no prefieren para ellos mismos lo mejor, pero para sus hijos sí. En escuelas, colegios, universidades, supermercados, la clave sería capacitar a los padres de familia y mostrarles los productos que existen para la alimentación sana de sus hijos. Yo creo que ese es el camino. En cuanto a los productores, hay algunos que se motivan por el bolsillo. Hay que mostrarles lo rentable que puede llegar a ser lo ecológico frente a lo convencional.

Cuestión de réplica 

CC: ¿Existe alguna divulgación de la investigación y desarrollo de Lucerna?

JFS: Compartimos todo nuestro conocimiento, pero nos falta ese apoyo en la divulgación, pues ocurre que se tiende a pensar en los agricultores orgánicos como locos o románticos. Ofrecemos visitas en donde mostramos todo el proceso de la panela, no sólo el de la planta y trapiche sino también el de campo. Lo interesante es que lo que cobramos por esas visitas, lo invertimos en investigación. Con esto queremos divulgar más el conocimiento acerca de los esquemas productivos ecológicos; que los productores vengan e interactúen, pues de esas visitas han salido ideas muy buenas. Que no sólo se piense en Lucerna como pionera, si no como una réplica de muchísimos productores en la región, que puedan alcanzar lo que nosotros, en la parte de producción ecológica. 

CC: ¿Conoce experiencias locales similares en agricultura orgánica? 

JFS: Por la zona no hay experiencias similares. Está el Ingenio Providencia que tiene alrededor de mil hectáreas certificadas. Hay réplicas en Tolima, Antioquia, la Costa Atlántica que ayudan a demostrar que estos esquemas son los viables. Hay productores de fruta que van para delante con el manejo orgánico. También los hay de palma y de café. Pequeños y medianos productores deben volverse las personas capaces de mostrar y replicar esto en las regiones. El esfuerzo no debe ser de uno solo. El mercado está pidiendo producción orgánica, pero no hemos podido enviar más producto porque no lo hay. Mientras haya más productores orgánicos, va a haber más cobertura de los mercados que ahora no se cubren por la insuficiencia de la oferta.

CC: ¿Desde la H. Lucerna como productora orgánica, qué propondría al campo? JFS: Antes se trataba de los que nos naciera tener una producción orgánica. Ahora creo que necesariamente se trata de una obligación. El recurso agua se está agotando y la gran cantidad de elementos químicos que estamos utilizando va generando una residualidad en los alimentos y en el cuerpo humano. La clave es apoyarnos unos a los otros, porque ahora estamos solos. Algo importante es que los productores nos volvamos comercializadores de nuestros productos. Así, tendremos mayor utilidad y podremos fijar un precio más favorable al consumidor final. Es allí cuando los productores preferirán producir saludable a convencional. Necesitamos más apoyo del Estado y, en las ferias, más campo a los productores ecológicos. Y tener en cuenta que lo que hacemos desde la producción ecológica es en pro de todo el país, de la naturaleza, no solo de unas cuantas personas.

Después de varias horas de dedicación de Juan Fernando hacia nosotros, en las que recorrimos la hacienda, volvimos agradecidos a la carretera. Aún con el enérgico dulce de la panela Lucerna en el gusto, nuestras papilas, románticas, sentían una conexión directa con el trabajo de la tierra, con la tradición de saber escuchar a la naturaleza, esa práctica tan propia de la labranza de nuestros abuelos. Esa que sigue guiando las acciones de la Hacienda Lucerna hacia la construcción de futuro, pues como afirmaba Juan Fernando, “Hay daños en nuestro planeta que ya son irreparables. Lo que tenemos que pensar es en cómo no continuar dañándolo. Las grandes potencias lo han hecho y quieren devolverse. Creo que tenemos que pensar es en hacer futuro”.

*Suerte: Lotes sembrados de caña de azúcar.
Información visitas guiadas Hacienda Lucerna: Juan Fernando Suárez – Gerente de Calidad
lucernaproduccion@gmail.com 

Entrevista, redacción y fotografía por:
Natalia Fernández-Ruiz
Cali, Colombia, febrero 28 de 2012