“Lo orgánico sabe a realidad”

Entrevista a Sara González de CERES mercado orgánico

En Colombia, la presencia de los mercados verdes es aún anecdótica. Comercios establecidos, en el que un colombiano pueda hacerse a una despensa con alimentos orgánicos, todavía constituyen alternativas adjetivadas como originales, debido a su carácter escaso.

En este contexto, algunos agricultores orgánicos optan por comercializar sus productos en el exterior, en la búsqueda de mercados y consumidores que estén dispuestos a pagar el valor de un alimento sano. En general, el consumidor colombiano desconoce el valor nutricional de alimentarse con frutos de la tierra producidos bajo esquemas limpios de producción. En el afán de la cotidianidad de un país, en donde la economía de gran cantidad de hogares es de subsistencia, el valor que se busca al adquirir la canasta familiar es el de la frugalidad.

No obstante, la posibilidad de acceder a una alimentación sana no debería ser privilegio de clases pudientes, sino una realidad común a todos. En Colombia se evidencian múltiples factores que dificultan este objetivo: escasas políticas encaminadas al incentivo y al fortalecimiento de redes de producción agropecuaria orgánica y/o con buenas prácticas; exiguo control y promoción de la producción orgánica ante las cadenas de supermercados, que comúnmente no pagan el valor justo al productor orgánico, mas etiquetan el alimento biológico con un precio elitista; incipiente demanda de alimento orgánico por parte del consumidor nacional, que se traduce en costos elevados para la oferta agrícola orgánica colombiana. Y así, se podrían incluir cantidad de aspectos que tocan desde dinámicas económicas, así como la soledad de los agricultores biológicos, hasta un inminente cambio de consciencia de consumidores y productores.

Afortunadamente, al otro lado de la moneda, se visualiza gente trabajando con convicción e ideas frescas en la gestación de la transformación de los hábitos alimenticios venidos con la modernidad – vinculados con la inmediatez de la síntesis química – hacia una cultura alimenticia sensata y consciente. En ese escenario actúa Ceres, mercado orgánico, que en Medellín abre sus puertas no sólo a la comercialización de los productos orgánicos de campesinos de la región, sino también a la comprometida tarea de re-educar a consumidores en una cultura de nutrición en donde haya conocimiento del origen y del tratamiento de los productos alimenticios. En donde haya consciencia del trabajo de los agricultores y de su sostenibilidad. En donde haya una contribución a la protección del medio ambiente a través del consumo de alimentos agroecológicos producidos bajo esquemas respetuosos de la naturaleza.

Mercado orgánico Ceres, en Medellín. Foto tomada del sitio Facebook de Ceres, mercado orgánico

Mercado orgánico Ceres, en Medellín. Foto tomada del sitio Facebook de Ceres, mercado orgánico

CERES Colombia conversó con Sara González, co-propietaria y co-fundadora de Ceres mercado orgánico, acerca de su experiencia con su establecimiento; charla que evidenció la inminencia del fortalecimiento de redes de campesinos, consumidores y comercializadores, en la búsqueda de una realidad alimenticia sostenible y saludable.

CERES Colombia: ¿Qué es CERES mercado orgánico?

Sara González: Ceres es un espacio en donde comercializamos productos orgánicos y vegetarianos, cultivados y procesados de la mano de personas interesadas en rescatar las raíces de la alimentación integral, completa y sin contaminaciones. Es un mercado en donde se ofrecen frutas y verduras orgánicas, agroecológicas, sin ningún tipo de fumigaciones. Y otra línea de conservados orgánicos, una línea para el hogar y otra de aseo personal.

CC: ¿Cómo surgió la idea de montar un mercado con este tipo de productos?

SG: Julia correa, mi socia, y yo, desde siempre en la universidad, hemos tendido a la prácticas relacionadas con obras sociales. Decidimos, en el momento de emprender una vida laboral, buscar una solución con la que pudiéramos abarcar un público en la ciudad. Encontramos muchos campesinos en el mercado convencional y quisimos apoyarlos y la agricultura orgánica entonces nos pareció el complemento perfecto. Apoyar al campesinado que es un público vulnerable, pero que está de cierta manera aportando para la sostenibilidad tanto de su familia, como del medio ambiente y a la salud de quienes consumen sus productos.

CC: Siendo tú, Sara, comunicadora social y Julia, diseñadora de interiores ¿Cuál es la relación que construyen con la agricultura orgánica?

SG: La agricultura orgánica es un estilo de vida. Al estar vinculadas a este mundo hemos aprendido mucho; hemos trabajado de la mano de expertos en agricultura orgánica. Son conocimientos que uno va interiorizando y comprendiendo. No tanto la parte técnica; no tenemos el conocimiento de un agrónomo o una persona que ha estudiado la tierra y sus componentes. Manejamos muy buenos contactos, tenemos buenos maestros y trabajamos con los campesinos en una base de confianza.

CC: ¿ Cuál es el perfil de los productores que proveen su mercado?

SG: Trabajamos inicialmente con dos proveedores para la verdura. Uno de ellos es un campesino que se llama Jhon Ríos, él tiene sus cultivos en La Ceja. Ha sido parte de la organización COAS1. Ahora es independiente. Es un campesino gran amigo nuestro. Él se encarga de liderar una red con sus amigos aledaños para trasmitir su conocimiento. Y también estamos de la mano con una finca en Rionegro, donde se está generando una cooperativa de apoyo a los campesinos y existe un gran cultivo que es un lugar de enseñanzas.

CC: Los productos comercializados ¿han sido certificados bajo un sello nacional o ustedes mismas han hecho el control?

SG: Manejamos un aval de confianza con nuestros proveedores. En nuestro equipo de trabajo contamos con personas que nos acompañan y asesoran en estos procesos. Con los campesinos hacemos las visitas y ellos son quienes deben explicarnos cómo hacen sus procesos de siembra y fumigación. La agricultura orgánica se hace evidente, además que deben contar con insumos de preparaciones que se deben encontrar en el cultivo. Se deben hacer evidentes los biofertilizantes y diferentes minerales, como la harina de rocas en los cultivos. Se van creando redes y es nuestro deber y responsabilidad confiar en esa red. Los campesinos con los que trabajamos llevan en esto muchos años, incluso más de los que tiene Ceres en el mercado, ellos han forjado sus procesos agroecológicos por su cuenta. Ahora, en conjunto con Ceres, se refuerzan los procesos y canales de distribución.

CC: ¿Qué productos constituyen la oferta de Ceres?

SG: Manejamos todo lo que son frutas y verduras. Una línea de procesados como aromáticas, sales, miel de abejas, especies, bebidas. Además de ser mercados de orgánicos, también es uno de productos vegetarianos. No vendemos nada que provenga de animales, pues estamos en su defensa. También vendemos granos, arroces, pastas, panes, café. En la línea de aseo tenemos aceites corporales., shampoos, cremas de dientes, jabones. En la línea del hogar, desinfectantes, desengrasantes, multiusos, lavalozas, jabones para las manos. También vinos locales. Son licores artesanales producidos de mora y de mortiño.

CC: ¿Todos los productos son nacionales o importan algunos productos?

SG: Tenemos cuatro productos que son importados porque tristemente no se encuentran acá. Desearíamos que todos los productos fueran locales. Tenemos el jarabe de agave que es un endulzante mexicano increíble, además de que es sumamente respetuoso con los animales. Están las bebidas que reemplazan de cierta manera la leche, de arroz y de quinoa. Una pasta biológica italiana. Y sal del Himalaya que es americana.

CC: ¿Logran hacer una dieta completamente orgánica con los productos que tienen al alcance?

SG: Claro que sí. Socialmente es imposible seguirla, porque uno no siempre puede ir a la casa a comer; tienen que comer por allí en donde se aparezca el almuerzo. Pero yo creo que con los productos que encuentras en Ceres, puedes llevar una vida orgánica y sana en tu cotidianidad.

CC: ¿A qué sabe lo orgánico?

SG: Un producto orgánico sabe a lo que debe saber. Por ejemplo, un tomate orgánico tiene un sabor increíble, sabe a realidad. Sabe a raíz, sabe a integral.

CC: Los precios ¿Son asequibles a qué tipo de consumidores?

SG: Debido a la poca demanda los productos orgánicos son un poco más costosos, para públicos estrato medio y alto. Tratamos de manejar precios muy competitivos en el mercado. Quisiéramos abarcar todos los públicos, pero entre menos demanda haya menos oferta hay y es más difícil el proceso de distribución y de comercialización. Una vez se logre posicionar e incrementar el consumo de orgánicos, los precios tienden a bajar. Son productos muy especiales en el mercado y por eso incrementa su costo.

CC: ¿Qué percepción tienen del consumidor colombiano?

SG: Podemos hablar del consumidor paisa. Las personas de Medellín son de mentalidad muy cerrada. Somos criados de una manera que creemos que es la única. No todos tenemos la capacidad para abrir nuestra mente y percepción para entender esto. Ha sido muy difícil. Ha sido un proceso de educación y capacitación, constante acompañamiento. Mostrarles con hechos, cifras, qué es lo que pasa con los químicos. Pero se ha ido logrando un público, un mercado. Creo que con todo el impacto global que se ha generado hacia el medio ambiente, la gente ha reflexionado que no tiene por qué ser así, que estamos acabando con el planeta, que nos estamos intoxicando. En este momento estamos generando un despertar hacia la agricultura orgánica, hacia una vida sana, hacia una vida más tranquila. Estamos en un inicio, pero vamos muy bien.

CC: Ustedes manejan cierto tipo de actividades, como las salidas agroecológicas ¿estas actividades están enfocadas hacia esa re-educación del consumidor?

SG: Claro que sí. Tenemos ciertos programas para tratar de acercar al consumidor hacia las prácticas de agricultura orgánica; porque la gente se ha alejado completamente de sus raíces, de su conexión con el campo. Uno escucha a niños que creen que las frutas y las verduras vienen del supermercado y que son transportadas a la casa, entonces no logran esa relación de la tierra hacia la mesa. En estas salidas estamos invitando a familias con sus hijos, sus amigos, a que vengan y conozcan las prácticas; que vean que es un proceso muy bonito, muy grande. Queremos mostrar que nuestros productos tienen gran valor nutricional y social. Y también, con unos compañeros del restaurante vegetariano “Verdeo” estamos generando espacios en donde surgen charlas, clases de cocina, en donde se enseña a la gente a consumir sano, a consumir otros productos, a ver qué está pasando con el mundo.

CC: ¿Qué impacto ha tenido Ceres en su localidad?

SG: Pienso que ha sido un impacto positivo en la comunidad. Estamos ubicados en un lugar muy bonito, en un barrio muy tranquilo de Medellín, en el poblado. Estamos rodeados de naturaleza. La gente se intriga, la gente camina, viene mucho extranjero. Nos ven como algo novedoso, como un espacio tranquilo y ameno para disfrutar y aprender.

CC: En otros tipos de espacios como ferias o mercados móviles ¿Han participado? ¿Podríamos pensar que hay espacios para promocionar este nuevo tipo de consumo?

SG: Tenemos un gran defecto y es que le metemos mucho corazón a las cosas. Hemos tenido invitaciones a ferias pero hemos estado muy escépticas a compartir espacios  desligados de nuestra ideologías. Y ferias verdes o ecológicas son pocas. Siempre buscamos la forma de hacernos conocer, pero bajo nuestra ideología. No queremos que la gente nos confunda, que malinterprete nuestras ideas.

CC: ¿Conoces otras experiencias de mercados similares al suyo?

SG: Si. Más o menos como hace 17 años está un mercado orgánico, creo que es el único que existía antes que nosotros, en Medellín, se llama Coliflor. Es un mercado campesino muy bonito porque ellos mismo producen y comercializan sus productos. Existen charcuterías y otras tiendas que venden productos orgánicos. Pero en realidad, mercado orgánico como tal con gran variedad de productos orgánicos y naturales, solamente somos dos.

CC: ¿Cuáles son las motivaciones de los agricultores proveedores de Ceres para producir bajo esquemas de producción limpios?

SG: Por ejemplo, nuestro gran acompañante durante todo este proceso tuvo una experiencia de vida muy bonita y fue cuando ya, en agricultura convencional, estaba absolutamente explotado, destruido, no le quedaba ninguna opción de vida. Estaba debiendo más de lo que producía; estaba muy mal económicamente y un amigo de él, alguien que conoció de COAS, en donde él empezó a practicar la agricultura orgánica, le ofreció la oportunidad de cultivar lulo orgánico. Y él dijo, “bueno qué más me queda, tratemos”. Y se metió con la cosecha de lulo y vio que la podía hacer, que los precios eran más bajos, el sabor mejor y el fruto más sano. Y desde hace 7 años produce orgánico. Ahora está tan capacitado y tiene tanto conocimiento, que inclusive es asesor para otras fincas, para enseñarles cómo es el proceso. Se ha convertido en una inminencia en agricultura orgánica en Antioquia. Ellos están tratando de ir en contravía del mercado convencional. En orgánico tienen un pago justo por sus productos. Se encargan de producir, de vender y tienen la conciencia tranquila de que sus productos están llegando de la manera correcta al consumidor final.

CC: Ceres hace parte de una red colombiana de agricultura biológica ¿podríamos hablar del trabajo que hacen ustedes allí? ¿Cómo funciona esta red?

SG: Cuando decidimos crear este espacio de mercado orgánico, fuimos a muchas entidades institucionales en busca de ayuda, de información, de soporte. Y la verdad el desconocimiento en la secretaría de agricultura es absolutamente vergonzoso. No tienen ni idea de lo qué es un producto orgánico. Cuando empezamos no recibimos la ayuda ni la información necesarias de parte de entidades institucionales. Llegamos a la esta red que se llama RECAB2. Ellos fueron quienes nos apoyaron con la información sobre los proveedores, los agricultores. Nos dieron mucha información sobre agricultura orgánica y acompañamiento en nuestra fase inicial. Ahora ya no estamos trabajando en conjunto con ellos, pero seguimos en contacto y apoyándonos mutuamente. Nuestro gran contacto para empezar fue esta red. La red es algo muy efectivo.

CC: ¿Conocen políticas que motiven la producción orgánica en Colombia?

SG: A nivel estatal todavía está muy débil. Falta mucho apoyo del gobierno. Mucha documentación, enseñanza, capacitación. Creo que es casi nulo lo que recibimos y lo que reciben los agricultores de parte del Estado. Es más bien la gente con corazón y con capacidad para ver otros tipos de alternativas de vida la que decide apoyar los procesos de las pequeñas redes de cooperación con la agricultura orgánica.

CC: ¿Qué percepción tiene de la agricultura orgánica en Colombia?

Pienso que estamos en un nacimiento, en un inicio, en crecimiento, en desarrollo. Todo esto de la globalización, del TLC, son condiciones en donde podemos generar ideas que nos ayuden a comprender dónde está la honestidad de los productos. A mejorar las prácticas agroecológicas.

CC: ¿Qué propondría a la agricultura colombiana?

SG: Uno de nuestros sueños es seguir conectando las redes. Es seguir cambiando y mejorando la vida de los campesinos. Lo más importante es fortalecer las redes existentes. Desde que haya una buena producción, desde que se consoliden estas redes y se tengan ideales claros se tiene resuelto lo fundamental.

Entrevista y redacción: Natalia Fernández-Ruiz
31.05.12

Ceres, mercado orgánico
http://www.facebook.com/ceresmercadoorganico
Provenza: Cra 35 # 8a-3 (Una cuadra arriba de La Divina Eucaristía). Medellín, Colombia
Teléfono: 2665360

Tomado de sitio Facebook de Ceres, mercado orgánico.

Tomado de sitio Facebook de Ceres, mercado orgánico.

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Cómo crear tu propio banco de semillas ecológicas | ECOagricultor

Les compartimos esta interesante información sobre la recolección y la conservación de semillas ecológicas, publicada en ecoagricultor.com. Práctico, sencillo y en conexión con nuestra seguridad alimentaria.

Cómo crear tu propio banco de semillas ecológicas | ECOagricultor.

Una de las cosas importantes que podemos hacer, es la creación de un banco de semillas ecológicas particular. Podemos iniciarlo al  guardar las semillas de los productos ecológicos que comemos (si todavía no comes, clica aquí para encontrar productores ecológicos o encuentra grupos de consumo a los que unirte).

¿Por qué un banco de semillas? Por múltiples razones. Las principales:

(1) porque la biodiversidad alimenticia está decreciendo; según las Naciones  Unidas, durante el S.XX, el 90% de las variedades agrículas están dejando de ser utilizadas, además el 75% del alimento del mundo está en manos de 4 empresas, que en términos numéricos significa que 3 de cada 4 semillas pertenecen a Monsanto, DuPont, Syngenta, y Groupe Limagrain. Además, la mayoría, sino todas las semillas que venden están modificadas genéticamente, ya que ahí está su negocio, en patentar la naturaleza modificada genéticamente, ya que si no es MGO no puede patentarse y no hay tanto negocio. Además del negocio, también está el control de la población a través del control de la alimentación. Si volvemos a tener semillas, volvemos a tener el control y la soberanía sobre una necesidad básica, la alimentación.

(2) dado el interés en reducir la población mundial porque para la élite,  somos demasiados en un planeta con limitados recursos, la crisis económica en la que estamos puede llegar a una crisis alimentaria. Por lo tanto, tener semillas en un futuro próximo puede ser como tener oro, tanto para intercambiar como para poder cultivar nuestra propia comida. Cabe añadir, que la élite se ha encargado inteligentemente de desproveernos de todo conocimiento relacionado con la agricultura, con los ritmos de la naturaleza, con cómo cultivar un tomate, una lechuga o una patata. De esta manera, somos totalmente dependientes del sistema. Si no nos acercan la comida a los supers o en los restaurantes, no comemos.

(3) y en tercer lugar, por la importancia que tiene conocer la naturaleza de nuevo. Entrar en contacto con las semillas, la tierra, los ciclos de crecimiento y naturales, con los insectos y animales. Esta sociedad urbana y tecnócrata nos ha desconectado de la Naturaleza, parece como si ésta estuviese ahí fuera, cuando estamos y formamos parte de ella. Es una manera de desconectarnos de nuestra fuente y potencial interno.

Creando el propio banco de semillas

Al plantear el crear el propio banco de semillas hay que tener en cuenta varios aspectos:

Tipo de comida

El tipo de comida del que extraemos las semillas (a poder ser comida ecológica y local).

Criterios de selección

Podemos seguir varios criterios para seleccionar qué verduras y frutas escogemos, a parte del criterio ecológico. Aquellas que saben y huelen bien, los que tienen buen aspecto (no deformados), los de mayor tamaño (tienen el mayor número de nutrientes), entre otros.  El concepto es guardar las semillas mejores, de los frutos mejores. De esta manera, nos aseguramos que cuando plantemos y germinemos, también tendremos más probabilidad de tener los mejores frutos.

De todas formas, como en general no podemos saber cómo ha crecido, si rápido, fuerte, si ha resistido a plagas, etc., no podemos utilizar esos criterios. Pero también podríamos incluir: resistencia a los elementos climáticos, a parásitos, el ciclo y velocidad de crecimiento, etc. En el caso de tener acceso a las flores de ciertas verduras como cebollas, lechugas, etc., coger las semillas de las flores que florecen más tarde.

También es importante tener la mayor variedad posible, abarcando tanto verduras como frutas. Otra opción que tenemos es la de comprar semillas de alimentos que no encontramos en nuestra zona o intercambiar las semillas que tenemos por otras.

Procedimiento a seguir

Una manera de extraer las semillas, es abriendo la fruta y extrayendo manualmente o con un cubierto, luego lavando esas semillas y dejándolas secar sobre

papel de cocina, por ejemplo, ya que éste absorbe toda la huedad que puedan tener las semillas. Es muy importante que las semillas no estén húmedas, ya que de lo contrario podrían pudrirse o incluso germinar. A poder ser, dejar las semillas sobre papel, en un lugar donde corra el aire y que no les de el sol. Para saber si las semillas están secas, para proceder a guardarlas, podemos coger una y tratar de romperla al doblarla. Si se rompe, es que está lista para ser guardada. También, si se muerden, “petan”, signo de que están secas.

Cómo guardarlas

Una vez tenemos las semillas secas, éstas deben guardarse en un lugar seco, fresco o frío, y sin luz solar. A por der ser, en un lugar a temperatura estable. Así que tenemos diferentes opciones en función de las posibilidades de espacio y del lugar donde vayamos a guardarlas. Por ejemplo, en bolsas de papel o sobres cerrados, también en tela. El papel y la tela son porosos y no retiene la humedad. Una oopción es guardar el sobre cerrado dentro de una bolsita de plástico cerrada únicamente por una grapa, así que entra y sale el aire, y me aseguro de que no se pierde ninguna semilla si se sale del sobre. Otra opción es en tarros de cristal al vacío (herméticos), pero para eso hay que disponer de más espacio para guardarlos y utilizar algún método seguro para que se cierren bien.

Para que las semillas se mantengan secas se pueden utilizar tiza de pizzarra y cenizas.

Etiquetado y referencias

A cada tarro o bolsa de papel es importante anotar las referencias, personalmente pongo las siguientes como ejemplo:

  • (1) Alimento: Sandia;
  • (2) Clase: ecológico o no;
  • (3) Fecha de evasado;
  • (4) Cantidad de semillas aprox;
  • (5) Observaciones: podemos anotar lo que queramos, por ejemplo, si el fruto era bueno, muy bueno, su procedencia, etc.

Duración media de la capacidad germinativa normal  de las semillas guardadas en buenas condiciones:

Cuando queramos utilizar la semilla después de un periodo largo de conservación podemos hacer una prueba de germinación para asegurarnos de su viabilidad. Se trata de poner algunas semillas en varias capas de papel húmedo, a una temperatura de 20-25º (en el interior de casa) y observar la germinación después de una o dos semanas. La viabilidad de la semilla es la capacidad que tiene de germinar y dar lugar a una nueva planta. Las semillas pueden mantenerse viables un número muy variable de años, des de uno hasta 10 o más años. Un lote de semillas no pierde su viabilidad de forma repentina. La proporción de semillas capaces de germinar disminuye progresivamente a lo largo de los años. Esta disminución de la viabilidad depende mucho de las condiciones de almacenaje y, por lo tanto, es dificil decir el número de años que se puede conservar la semilla de una especie determinada. A pesar de esto, en la siguiente tabla damos una orientación del tiempo medio de conservación de diferentes especies:

  • 1 Año: Cebolla
  • 2 años: Maíz
  • 3 años: Guisante, Lechuga, Judia, Pimiento, Zanahoria, Tomate, Escarola
  • 4 años: Acelga, Coles, Espinaca, Haba, Nabo, Rábano, Brocoli, Col de Bruselas, Coliflor, Remolacha, Navo, Abas
  • 5 años: Apio, Berengena, Calabaza, Melón, Pepino, Cardo,  Calabacín, Sandía

Para información más detallada, no dejes de ver el documento: “Las semillas, manual de instrucciones” o este otro completo manual sobre “Cómo obtener tus propias semillas

Bolivia creará supermercados de productos orgánicos | El Centinela

Bolivia creará supermercados de productos orgánicos | El Centinela.

La Paz, 14 abr(PL) Una asociación de productores ecológicos de Bolivia planifica la creación de supermercados para la venta exclusiva de alimentos orgánicos, con el objetivo de promover una dieta saludable en la población.

Según informó hoy la Organización de Productores Ecológicos de Bolivia, las tiendas se repartirán por los nueve departamentos del país y sus productos tendrán el certificado de producción ecológica, sin químicos ni derivados.

Lo importante es difundir la idea de que no solo debemos llevar al hogar alimentos tratados higiénicamente, sino de calidad y nutritivos al 100 por ciento, afirmó la representante de la asociación, Ana María Condori.

Refirió que estos supermercados no solo garantizarán la venta de los productos, sino también su proceso de elaboración, e incluso, su siembra, riego y cosecha.

“Los productores deberán dejar de utilizar químicos para no deteriorar la tierra, y se velará porque todo el trayecto de los alimentos hasta su venta sea también totalmente ecológico”, aseguró.

Cifras oficiales indican que el sobrepeso en Bolivia por el consumo de comida chatarra aumentó un 28 por ciento desde 2005, principalmente entre menores.

El gobierno boliviano ha abogado en los últimos años por combatir el consumo de comidas de ese tipo y propiciar la alimentación saludable.

http://www.prensa-latina.cu/index.php?option=com_content&task=view&idioma=1&id=1308551&Itemid=1

 

Germinación casera de semillas

Vídeo

“La semilla es la forma más concentrada de energía de una planta”. En este video, el Dr. Julio Calonje expone el proceso de la germinación de semillas en casa. “Al ser germinada, la semilla empieza a expresar su energía y los nutrientes se hacen mucho más asimilables para el sistema digestivo humano”.
Video tomado de:
VIDEO JC GERMINADOS MARZO 2012.avi – YouTube.
Créditos video: Ishwara – Centro Médico Integral / Dr. Julio E. Calonje Daly

Sonidos de una misma sinfonía

Acerca del sistema productivo orgánico de BIO-BIO

Foto tomada del sitio FB de “Bio verdecitos germinados-flores comestibles”

Los germinados son alimentos que guardan el potencial nutritivo total que porta la semilla. Una semilla germinada es un alimento vivo, en el que no se han alterado los valores nutricionales básicos, los que comúnmente van disminuyendo con el crecimiento de la planta, su procesamiento y la cadena de transporte y comercialización que experimenta. La riqueza en enzimas, minerales, oligoelementos, aminoácidos, clorofila que portan los germinados, bien podría contribuir a colmar los vacíos nutricionales que en nuestros días son generados por los poco saludables hábitos alimenticios.

Además de constituir una experiencia nutricional para quienes los consumen, los germinados aportan un matiz gourmet a las comidas. El universo de sabores, colores y olores que se desprende de ellos, puede convertir un almuerzo cotidiano en una fiesta en la boca en la que todo el mundo está invitado.

Los germinados y hortalizas producidas por Bio-Bio en la finca La Araucana son alimentos vitales generados bajo un esquema productivo orgánico, en el que cada elemento converge para armonizar en una saludable relación con la tierra, el ecosistema y la salud humana. Las pasiones y conocimientos de los tres socios propietarios de Bio-Bio llevan a actuar elementos de distintas disciplinas a los cultivos, constituyendo un auténtico modelo de producción agrícola. Ciclos lunares, algo de biodinámica, manejo de energías humanas, conocimiento ancestral, control de secuencias de labores y técnicas ambientales científicas se adhieren a las técnicas de agricultura orgánica, bajo una óptica completamente integral.

En el km 18 de la zona rural de Cali, la finca la Araucana tiene la fortuna de ser el escenario en donde la energía sana de una naturaleza respetada abraza a los entes animales, humanos y vegetales. El esquema productivo integral orgánico de Bio-Bio toma forma en este espacio coloreado por los simpáticos brotes y hortalizas, que hacen pensar que el paraíso es en miniatura.

EL SUELO, TAN VIVO COMO USTED Y YO

Al comprometerse a producir bajo un sistema orgánico, es menester que el productor trabaje inicialmente en su propia mentalidad. Pactar con una desaceleración de los procesos, dejar de lado la inmediatez y conceder a los elementos naturales del campo su propia vitalidad. Juan Carlos Osorio, socio fundador de Bio-Bio, hace hincapié en la importancia de considerar al suelo como un ente vivo, al que hay que proporcionar las condiciones necesarias para su desarrollo. Juan Carlos sostiene que uno de los grandes errores de los agricultores es no otorgarle esta característica esencial al suelo.

Bajo esta verdad, en la Araucana, el suelo es permanentemente remineralizado, alimentado y se le deja descansar entre siembras. La rotación de cultivos es una actividad importante que tiene alto impacto en la salud del suelo. De esta manera, Bio-Bio opta por no cultivar las mismas hortalizas sobre el mismo suelo.

POTENCIA EN ROTACIÓN

La rotación de cultivos es una práctica que genera múltiples beneficios con respecto a la salud del cultivo y del suelo. El monocultivo, opuesto, constituye un entorno propicio para la multiplicación de plagas y enfermedades particulares en una plantación, quienes encuentran en esa monotonía el espacio óptimo para el caldeo de su existencia. Asimismo, el hecho de que las mismas plantas permanezcan en el mismo lugar, produce una reducción de los nutrientes esenciales del suelo. Es por ello que, en contraparte, la rotación estimula una producción más rica debido a diferentes factores, como la disminución de la aparición de plagas y enfermedades, que necesariamente rompen su ciclo de vida con la implementación de un cultivo distinto al que estaban acostumbradas. También hay lugar a la optimización en la distribución de nutrientes del suelo, debido a que plantas con raíces más largas, que suceden a plantas con raíces más breves, aprovechan los nutrientes acumulados en la otra profundidad del suelo que la otra planta no alcanzaba. La rotación también posibilita un control más adecuado de residuos, al confluir plantaciones con escasos restos junto con otras de gran producción de éstos.

La potencia de la rotación consiste pues en combinar distintas plantas con diferentes formas de crecimiento y demanda de alimento, en el sentido de balancear la explotación que se hace de los nutrientes de la tierra y del agua.

MEDIR LA ENERGÍA AL SUELO

Bio-Bio ha trabaja en conjunto con el grupo de investigación en ciencias ambientales y de la tierra de la Universidad del Valle, ILAMA. Uno de los estudios recientes que se han hecho, en la forma de una tesis de ingeniería ambiental meritoria, es acerca del paramagnetismo en el suelo, que involucra la relación de propiedades físicas, químicas y biológicas del mismo. El autor del estudio, Paul Guillermo López Posso, realizó pruebas para medir el paramagnetismo del suelo de la finca La Araucana.

El paramagnetismo es una condición del suelo. La medición de sus niveles arroja datos sobre el deterioro o la salud del suelo. Un resultado interesante fue que en el bosque que rodea la finca La Araucana, los niveles fueron más elevadas frente a los encontrados en las áreas cultivadas y en las de descanso de cultivos. Las variaciones en los niveles de paramagnetismo expresan la resiliencia del suelo, siendo la resiliencia la capacidad para absorber y almacenar energía. El paramagnetismo en la finca se ha calculado también en relación con la reserva energética del suelo y con su conductividad térmica y eléctrica. Y los resultados han sido contrastados con los niveles de paramagnetismo en una finca vecina sembrada bajo esquema de producción convencional. Las diferencias se expresan en valores de militensas, que en el suelo de La Araucana reportan valores de 500, mientras que en una finca sembrada con caña convencional no alcanzan las 20 militensas. Este resultado confirma el nivel deterioro del suelo sembrada en monocultivo convencional.

Esta técnica, que pertenece a una agricultura orgánica de precisión, refuerza el concepto de que el suelo es un ente vivo que evoluciona a partir de prácticas que lo respeten y asimilen como tal.

EL LADO CLARO DE LA LUNA

Al interior del cuerpo de conocimientos integral que aplica Bio-Bio, los ciclos lunares alcanzan una importancia capital para las labores de siembra, transplante, poda y cosecha de tomates, tomatillos verdes, pimentones y flores comestibles. Esta práctica ancestral hace parte de los conceptos aplicados por la agricultura biodinámica. Se basa en la incidencia que tienen la luna sobre los movimientos del agua en el suelo, en la planta y en el flujo de nutrientes, factores que afectan el crecimiento de la planta. Este efecto de gravedad, que ha sido señalado generalmente en la atracción de las mareas por la luna, se genera también en el agua que no es visible, como la salvia que fluye al interior de un árbol, por ejemplo.

La influencia de la luna sobre las prácticas agronómicas sería más efectiva en sus periodos de movimiento entre sus cuatro fases de alumbramiento y no en el día mismo del cambio de ciclo señalado en el calendario lunar. Aproximadamente dos días antes o después del cambio de ciclo, marcarían el periodo ideal para las distintas prácticas agrícolas.

Así, de luna nueva, o negra, a creciente, se experimenta un aumento de la luz, por lo que resulta ser este un periodo propicio para las labores de siembra, estimulando el incremento de hojas y de raíces. Los tubérculos y las hortalizas de hoja alcanzarían un estímulo mayor de crecimiento en esta fase. Entre el cuarto creciente y la luna llena, la cantidad de luz continúa en aumento estimulando mayor desarrollo de follaje y menor de raíces. Desde el tallo hacia las hojas, un significativo movimiento de fluidos tiene lugar al interior de la planta, impulsando un crecimiento más dinámico.

De luna llena a cuarto menguante la luz disminuye, factor que favorece el crecimiento de raíces. Es un periodo propicio para reducir el impacto del transplante. Entre el cuarto menguante y la luna nueva surge el periodo menos luminoso, lo que significa un tiempo de menor crecimiento. En esta etapa de luna “muerta”, el agricultor debe evitar las prácticas de abono y siembra. Las labores de mantenimiento de la finca, de las herramientas, pueden bien ubicarse en estos días en donde el aliento de la luna hacia las plantas se halla reducido.

DE AVES, TORITOS Y CEPAS

En la Araucana el control de plagas se arma de distintas estrategias, que entran igualmente en la lógica del espacio vivo en donde todo lo que vive confluye. El bosque nativo que encierra a la finca a modo de un “candado ecológico”, como describe Juan Carlos, atrae gran cantidad de aves que convierte la finca en un observatorio de pájaros visitado por extranjeros. Y estos volátiles se alimentan felizmente de algunos insectos al interior de los cultivos. Como bien dice este ingeniero agrónomo, aunque las aves se coman uno que otro tomatico, el aporte de su acción en la finca favorece la reducción de insectos que podrían convertirse en plagas. Biofungicidas, extractos de ají y ajo son igualmente utilizados en la estrategia.

A partir de viajes por otros países, Juan Carlos, conoció en Guatemala la trampa Torito, aplicada para atrapar insectos. La trampa Torito consiste en un plástico amarillo, ungido de un pegamento natural, que se ubica transversalmente en la era. Los insectos, inocentes de la goma, vuelan hacia la trampa, siendo ésta su último destino al mantenerlos adheridos cual telaraña. Este método de control natural ha reportado significativos resultados al interior de la producción biológica de Bio-Bio.

BALANCE POR LIBÉLULAS

La libélula es un insecto depredador de plagas. Dependiendo de la clase, algunas libélulas se alimentan de gusanos y otras de huevos. Sin embargo, también es un insecto que se relaciona con el manejo de las energías del entorno.

Una crónica milenaria japonesa refiere a una anécdota del emperador Yuryako Tenno, en la que en un día de caza éste recibió una picadura de un tábano en el brazo. Una libélula llegó a liberarlo del tábano, dejando al Emperador gratamente impresionado. El emperador llamó a la zona “Llanura de la libélula” y la libélula se consideraba entonces como un insecto victorioso portador de buena suerte. Variados objetos dentro del contexto familiar y militar japoneses fueron decorados con la figura de la libélula para atraer la buena ventura.

La cultura oriental ha acostumbrado a situar estanques en los sectores de siembra para atraer las libélulas, estanques que las invitan a alimentarse de zancudos y otros insectos. Sin embargo el interés de su presencia también radica en la asociación que se hace de éstas con las buenas energías que favorecen los cultivos. Una finca en donde no llegaran libélulas sería una finca en donde no habría buen nivel energético.

En la finca la Araucana implementan algo que ellos llaman “Balance de la energía por libélulas”. Este tipo de energía es difícilmente medible, cuantificable, plantea Juan Carlos; no obstante, la energía que se siente en La Araucana es diferente desde el mismo momento en el que se ingresa a sus predios. Como él mismo afirma “uno puede llegar de la ciudad hasta allá y sentir el cambio en el entorno energético, pues es diferente. Y no lo digo sólo yo, sino muchas personas que visitan frecuentemente la finca”.

Este tipo de teorías, acerca del incremento de los niveles de energía sana a través de la presencia de las libélulas, se inscriben dentro de la misma línea de conceptos orientales en donde todos los elementos presentes en un contexto natural se integran como sonidos de una misma sinfonía. En comunidades campesinas japonesas, los estanques de crianza de libélulas funcionan en la lógica de protección a la naturaleza. En la finca la Araucana estos conceptos tienen eco y funcionan como elemento importante de la energía que envuelve la salud de las hortalizas y germinados allí generados.

LA BIOFÁBRICA BIOALIMENTA

En la biofábrica de Bio-Bio, situada también en La Araucana, se producen cinco insumos, en cinco espacios, importantes para la nutrición y la salud de los cultivos. La compostera, lugar de la producción de compost y bocache. Los estanques, escenarios del desarrollo de una clase de Azola, resultado de una simbiosis entre una alga verde azulada y una lenteja de agua, que funciona como fijadora de nitrógeno. Camas de lombrices levantadas y aisladas en invernadero, lombricompuesto de donde se extrae el compost y el lixiviado. Una zona de producción de caldos microbianos para la fertilización. Y, finalmente, un espacio de fabricación de extractos naturales para el control de plagas. Con fabricación propia, Bio-Bio procura la mayoría de insumos necesarios para lograr los altos niveles de calidad que caracterizan a sus productos, importando solamente fuentes de potasio y nitrógeno orgánicos de GreenLabel. Sin embargo, éstas son aplicadas en pequeñas cantidades.

Basta un recorrido por la Araucana para percibir como el esquema productivo orgánico de Bio-Bio echa mano de diversas técnicas, bajo la premisa fundamental de que un ecosistema es un universo vivo e integrado. La concepción de un equilibrio a través de una producción integral, de la interrelación de plantas, animales, suelos y humanos como integradores de un sistema de auto-nutrición, toma forma en la finca la Araucana. El resultado: deliciosos, diversos y saludables frutos de la tierra, que portan el gusto de la trascendental fusión del ser humano con la Naturaleza. Prácticas que, desde el Valle del Cauca, prolongan el bienestar de un ecosistema y de quienes lo habitan. Aventura que resultaría imposible si se actuara con generalizada ceguera antropocentrista.

Fuentes:
http://web-japan.org
Bio-Bio www.verdecitos.com

Sobre el paramasnetismo del suelo:
“Estudio del paramagnetismo en el suelo y la relación con sus propiedades físicas, químicas y biológicas”, López Posso, Paul Guillermo. Tesis a través de recurso electrónico en la Biblioteca Mario Carvajal – Univalle

GRUPO DE INVESTIGACION EN CIENCIAS AMBIENTALES Y DE LA TIERRA – ILAMA
http://ilama.univalle.edu.co

Natalia Fernández-Ruiz
Santiago de Cali, abril 2012

Crédito fotos: Bio verdecitos

“Para ser productor orgánico se tiene que pensar diferente”

Entrevista a Juan Carlos Osorio, socio fundador de Bio-Bio

En el km 18 a las afueras de Cali, un bosque nativo encierra un ecosistema en donde los pájaros revolotean sobre una colcha de colores formada por cultivos en miniatura. Allí, en la Araucana, la energía que fluye se percibe especial, integradora de los elementos que la cohabitan. Desde el 2001, la finca la Araucana, un terreno con más de 25 años libre de pesticidas y aditivos químicos, es el escenario para la armoniosa y sana producción de Bio-Bio.

Bio-Bio produce hortalizas, germinados y brotes bajo un esquema productivo orgánico.  Calidad gourmet, representada en suculencia de sabor, color y textura, es el distintivo de los germinados “Verdecitos”. Bajo la marca “Verdecitos”, Bio-Bio ofrece una gama variada de brotes, entre los que se encuentran auténticas rarezas en el contexto del mercado colombiano, tales como Pac Choi, germinado oriental; Sangre de Toro, de origen europeo; Rusia roja, de hojas sutilmente acorazadas y picantes; Berro crespo, ideal para sushis y sopas.

Bio-Bio produce cerca de 80 toneladas al año de hortalizas de hoja y fruto, flores comestibles y brotes, en un área de 7600 m2, de los cuales 3400 están bajo invernadero y el resto a campo abierto. Tres socios apasionados por la agricultura limpia, la medicina naturista y el yoga son las cabezas de esta empresa vallecaucana.

Su producción está dirigida hacia el mercado institucional, como hoteles cinco estrellas, restaurantes gourmet y hacia familias que “quieren comer diferente y sano”, como lo expresó Juan Carlos Osorio, agrónomo, socio fundador de Bio-Bio, con quien CERES conversó acerca de la substanciosa experiencia que como productor orgánico ha tenido, en el marco de esta empresa.

¿Cuál es el ORIGEN de Bio-Bio

Juan Carlos Osorio: Somos tres socios. Yo empecé con un socio médico en el año 2000 a hacer ensayos en la finca la Araucana en Dagua, a 1800 mts a nivel del mar. Montamos allí una producción de hortalizas, de germinados y brotes a partir de la agricultura orgánica. En 2001 empezamos la producción y en 2006 nos certificamos con CERES. 2006, 2007, 2008 estuvimos certificados. Por problemas de seguridad no volvimos a sembrar la finca. Retomamos la siembra a finales de 2010. Siempre bajo esquema orgánico.

¿Cuál es la MOTIVACIÓN de Bio-Bio para producir bajo un esquema orgánico?

JCO: La motivación principal es la salud y el convencimiento. Hay un sentimiento hacia la producción limpia en nosotros desde hace muchos años. Yo soy ingeniero agrónomo con maestría en suelos y aguas. También soy profesor en Univalle. El otro socio es Julio Calonje, médico naturista . Y el otro es un ingeniero mecánico involucrado con el tema del naturismo desde hace por lo menos unos 8 años; es practicante de yoga y es vegetariano. Somos tres socios muy comprometidos con la producción limpia.

¿Qué ACTITUDES se requieren para ser un productor orgánico?

JCO: Básicamente dos cosas. Una es la valoración de que la producción orgánica es la salida para cambiar el impacto ambiental que se da por la producción convencional, el interés por mantener bien su finca, por mejorar su salud, su dieta. La gente, partiendo de su dieta y de sus hábitos de consumo, todavía no visualiza esto. Esta es la parte más difícil, la de la conciencia. Otra parte compleja es poder afianzar el vínculo entre la producción, el consumo, la comercialización, la venta, que es lo que hemos logrado hacer nosotros en todos estos años.

¿De dónde viene el CONOCIMIENTO que aplican en su esquema productivo?

JCO: Básicamente de experiencias personales, cursos, experimentación previa. Yo tengo más de 30 años de experiencia en muchos cultivos, tanto convencionales como orgánicos. En ese camino uno ha aprendido de muchos errores, no sólo propios sino de amigos y vecinos. Hay mucho conocimiento acerca de esquemas orgánicos. Hemos mejorado nuestro esquema a través de los años y tenemos una producción similar a la convencional en cuestión de tiempos y producción por área.

¿Cómo se produce el CAMBIO de una producción convencional a una orgánica?

JCO: Cuando empezamos cometimos el error que cometen muchos: equiparar las prácticas agrícolas convencionales a las orgánicas. Básicamente lo que se hacía era una sustitución de insumos. La gente piensa que para producir una lechuga orgánica se debe cambiar la urea y los fungicidas por bioextractos. Para ser un productor orgánico se tiene que pensar diferente. El principal error es no considerar el suelo como un ente vivo, esa es la lección principal. Uno tiene que hacer suelo dentro del manejo orgánico, porque si uno quiere una producción convencional, no hay mucho esfuerzo qué hacer.

¿Cuál es el TRATAMIENTO que Bio-Bio le da al SUELO?

JCO: Consideramos al suelo como un ente vivo. Por ello, estamos permanentemente re-mineralizándolo, alimentando y re-inoculando los microorganismos, activándolo, dándole descanso, dándole rotación. Donde sembramos una variedad de lechuga este mes, sembramos otra diferente el otro mes. El otro tema que manejamos es medirle la energía al suelo. Hago parte de un grupo de investigación en temas ambientales de la Universidad del Valle, en donde se han desarrollado técnicas para medir la energía al suelo. En la finca en donde tenemos nuestra producción orgánica acabamos de medirle el paramagnetismo al suelo.

Tratado de esta manera ¿Cómo ha sido la EVOLUCIÓN DEL SUELO en cuanto a materia orgánica?

JCO: Nuestros niveles de materia orgánica son cercanos a seis y a ocho. El aumento de la materia orgánica es relativo desde el punto de vista agronómico. No por el hecho de tener 18% de materia orgánica es bueno persé. En la sabana de Bogotá hay suelos con 20% de materia orgánica, a los que tienen que echarles grandes cantidades de fertilizantes químicos. Creemos que el tema hay que revisarlo. Es más importante la remineralización de la materia orgánica. Por eso, usamos microorganismos que la reactiven para que la planta la pueda usar; porque la materia orgánica en condiciones de precipitación o de temperaturas frías no se mineraliza igual, entonces la planta, igual, tendrá déficit de nutrientes y minerales. Sin embargo, a partir de los análisis  iniciales hechos a la finca, la materia orgánica ha aumentado hasta tres puntos. Cada 20 ó 27 días aplicamos cerca de 40 kilos de compost al suelo, por era. Ese compost se debe mineralizar, se deben formar compuestos orgánicos en el suelo.

¿Qué IMPACTO AMBIENTAL tiene la producción orgánica de Bio-Bio?

JCO: Toda actividad del hombre genera un impacto ambiental, sea orgánica o no. Nosotros hemos tratado de mitigarlo. Al tener la finca terraceada, tratamos de prevenir al máximo la erosión del suelo. El riego por goteo nos permite manejar niveles mínimos de agua. La finca está en una zona en donde llueve mucho, así que tenemos unos lagos en donde se almacena agua-lluvia. Manejamos también algo del balance por libélulas. Tenemos árboles frutales para atraer a algunas aves que se coman a su vez a algunos insectos, orientados hacia el control de plagas. En el tema laboral, buscamos trabajadores que sean conscientes del manejo de los recursos. No hemos expandido el área de siembra porque queremos preservar el bosque nativo alrededor; pues así eso teóricamente no nos produzca nada, nos da un beneficio indirecto a través del control de plagas, del aislamiento, de la sensación de bienestar que se experimenta en la finca, un entorno favorable a los humanos. Lo ideal sería sembrar directamente dentro del bosque, pero ni las lechugas ni los tomates ni los tipos de hortalizas que sembramos se dan allí.

¿El CONOCIMIENTO que ustedes aplican es una conjugación de lo TRADICIONAL con los conocimientos modernos?

JCO: Sí, por ejemplo el campesino se guía por calendarios lunares para determinar épocas de cortar la madera. También, hay gente que dice que hay unas personas que tienen mejor mano que otras y eso tiene que ver con los estados de ánimo. El mismo esquema laboral, es decir, cómo maneja uno a la gente cuenta; uno no puede ser un agricultor orgánico si se emborracha y coge a patadas a la mujer.

¿Cuál es el impacto en cuanto a lo LABORAL de la producción orgánica frente a la convencional?

JCO: Contratamos a mucha más cantidad de gente porque no usamos herbicidas, entonces el control de malezas es manual. En menos de una hectárea, tenemos a 19 personas trabajando con nosotros. Aumenta el costo, baja la competitividad frente a lo convencional, pero esto hace parte del esquema de producción orgánico. Esta es una producción muy manual, artesanal, conjugada con técnicas modernas dentro de lo orgánico. Buscamos darle espacio a la generación de empleo y a las buenas condiciones laborales, así como darle trabajo a mujeres cabeza de hogar.

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    ¿Cuál es la relación de COSTO de su producto orgánico con el convencional?

JCO: Hemos tratado de mantener un precio bajo los rangos razonables todo el año, así el precio del mercado convencional fluctúe. Es una cuestión de oferta y demanda donde juegan los precios. No podemos salirnos mucho del margen de precios, así el producto sea orgánico. Con la experiencia hemos logrado bajar costos de producción. Tenemos margen de competitividad y eso lo podemos explotar si el mercado lo quisiera demandar. Lo otro que tratamos de diferenciar también es que nosotros no sembramos las mismas variedades ni los mismos materiales genéticos que usan los agricultores convencionales. Todas nuestras semillas son orgánicas, que son un poco más caras porque nos toca importarlas. Algunas semillas las producimos en la finca, pero es muy complicado acceder a semillas orgánicas en el mercado de semillas de Colombia. Hay poca semilla de hortaliza orgánica en Colombia. Si evaluás por un mes a un productor de lechuga convencional allí en la zona, frente a los 27 días que nos demoramos nosotros, estamos casi que a la par. En costo estamos ligeramente más caros nosotros, básicamente debido a la mano de obra, pues todo es manual y sin herbicidas, por la semilla y porque la frecuencia de aplicación de los insumos orgánicos es más alta que la del químico. El químico mata todo y vuelven y siembran a los quince días. Nosotros tenemos que hacer semanalmente aplicaciones preventivas de hongos y extractos vegetales. Nuestro esquema productivo demanda mucho más pero llevamos muchos años en él y ya tenemos claros los mecanismos de producción.

¿Las SEMILLAS ORGÁNICAS que vienen del exterior tienen un buen comportamiento en un ecosistema tropical?

Allí está el reto. Nos toca investigar porque si es cierto que el comportamiento es diferente. Hemos logrado adaptar algunas variedades y nuestro proveedor de semilla en Estados Unidos nos envía esas variedades. Vamos probando durante diferentes meses de siembra con los insumos que manejamos. Como en la finca manejamos eras de 10 m2, tenemos 750 eras, lo que nos facilita hacer ensayos a pequeña escala dentro del cultivo, para identificar la evolución de las distintas variedades.

¿Cómo percibe al CONSUMIDOR COLOMBIANO?

JCO: Últimamente hay una tendencia más marcada hacia lo orgánico, lo que tiene que ver con los flujos de la economía. Si hay una buena economía, mejora bastante la percepción y la gente quiere consumir diferente. Esto es un problema de precios. Si el precio de la lechuga o el tomate va a la baja, el jefe del hotel va a comprar el más barato. Sin embargo el chef, cocineros y jefes de cocina dan su punto de vista acerca de que el producto orgánico sabe mejor, dura más, tiene mejor color, es más brillante, entonces terminan definiendo la compra por el producto orgánico que es un poquito más caro que el producto convencional.

¿Considera el consumo de lo orgánico tendencia de una ELITE?

Es de una elite pero también se está masificando. En la medida en que quitemos los interrogantes de la producción y logremos ser tan competitivos como los otros, podemos vender tomate orgánico al lado del convencional, por ejemplo, y puede ser muy grande el consumo. Mucha gente cree que esos productos son sólo para los ricos. Pero si el producto orgánico pudiera ponerse en cafeterías de universidades, por ejemplo, y ofrecer buenas ensaladas tampoco significa que va a ser consumido, pues los muchachos optan por la comida rápida. Entonces también allí hay un concepto de hábitos de consumo, de la educación y de la cultura en el hogar.

¿Cómo percibe la producción ORGÁNICA COLOMBIANA?

JCO: La tendencia de la producción orgánica en Colombia es al crecimiento, como está pasando en todo el mundo. Lo importante es diferenciar esquemas productivos, pues hay productores que creen que tienen una producción orgánica porque no aplican químicos, pero aplican gallinaza. En nuestro caso no aplicamos gallinaza ni ningún desechos de origen animal. Utilizamos lombriz roja californiana que alimentamos con los residuos de la lechuga y con otros subproductos de nuestros cultivos.

¿Conoce OTRAS EXPERIENCIAS locales de producción similares a la de Bio-Bio?

JCO: Sí, en la zona hay unos dos o tres. No sé si están certificados pero veo que están haciendo cambios. Ellos venden hortalizas mediante fundaciones como la Epsa, la Carvajal, en los mercados verdes de Comfandi.

¿Se han ustedes integrado o ASOCIADO con otros productores orgánicos de la región para consolidar una oferta más integral de productos orgánicos?

JCO: No lo hemos hecho, pero ojalá se pueda. Todavía no hay una madurez en el mercado que permita hacer eso. Aquí la gente no es muy dada a integrarse. La asociatividad en los productores es muy baja. Hemos tratado de que algunos productores vecinos nos siembren bajo contrato, pero las fincas no están certificadas entonces finalmente no lo hacemos.

¿Qué le proporciona a Bio-Bio una CERTIFICACIÓN ORGÁNICA de sus productos?

JCO: Nos concede un sentido diferenciador, no tanto en el precio, pero si en el mercado. El hecho de que estemos certificados con un organismo serio y que eso vaya en el rótulo nuestro, le permite tener certeza al consumidor. Como nuestro mercado es institucional, la certificación genera confianza de que el producto fue fabricado bajo unas normas y unos criterios serios. Algunas instituciones lo demandan.

¿Cuál cree podría ser un mecanismo de MOTIVACIÓN para los PRODUCTORES LOCALES para cambiar del esquema convencional al orgánico?

JCO: Hay varios puntos. Uno es que esto no es sólo sembrar para vender, se necesita convicción por parte del productor de que lo orgánico es lo adecuado para él, para su salud y la de su familia, para el bienestar de su suelo y para el de su cliente. Lo otro es que el mercado lo demande. Si el consumidor no visualiza que ese diferencial de precio es un beneficio para su salud y la de su familia, el productor va a seguir en el mismo camino convencional, pues ya tiene un esquema creado.

¿Piensa que hay INCENTIVO del gobierno colombiano para la producción orgánica?

JCO: No, ninguno. Hubo un programa con Andrés Arias, antes ministro de agricultura, de donde salió el sello ecológico nacional. Con el ministro actual no ha habido una continuidad del programa y desmotaron la oficina que se había creado para este programa de agricultura ecológica. El ICA hace poco por esto.

¿Cuál es su percepción de la AGRICULTURA COLOMBIANA?

La agricultura colombiana ha desmejorado mucho frente a otros casos. He viajado y he visto otras experiencias, por ejemplo en Perú o Argentina. Afortunadamente no tenemos esas grandes áreas sembradas con transgénicos como en Argentina, pero creo que vamos a llegar allá con unas áreas que se están expandiendo en los llanos. A nivel del Valle todo está sembrado en monocultivo de caña en la parte plana; pero el Valle tiene un gran potencial en la ladera, en producción de frutas y hortalizas que se podría dar con más valor bajo producción orgánica de mandarina, mango, piña, por ejemplo. Colombia tiene un gran potencial para ser productor orgánico por sus condiciones ambientales y el mercado internacional tiene una alta demanda de estos productos. Sin embargo, nos estamos quedando atrás frente a la gran producción agroindustrial peruana, por ejemplo. Debido a sus condiciones climáticas, ellos son productores fuertes de hortalizas a gran escala. Desde el punto de vista agroindustrial ellos nos han cogido ventaja. Pero también tenemos las nuestras, como que nos cuesta un dólar y medio menos exportar una caja de hortalizas que a ellos, debido a nuestra proximidad con el transporte hacia Norte América y Europa, que son los grandes compradores. En la medida en que la India y China revolucionen el consumo orgánico, el área en el mundo no va a alcanzar. En Colombia, aún hay mucho desconocimiento de herramientas para producir lo orgánico bajo los mismos estándares de productividad que lo convencional. Pero nosotros tenemos casi la misma productividad por unidad de superficie y unidad de tiempo que un convencional.

¿Logra usted hacer una dieta variada de productos orgánicos?

JCO: Si, lo hago. Consumo todos los productos que producimos y hago un matrimonio de productos orgánicos de otros productores. Se arma un paquete y se logra hacer una dieta. Aceites, leche de soya, huevos.

¿A qué sabe lo orgánico?

JCO: Lo orgánico sabe diferente y lo bueno es que lo podemos medir. Con un grupo de la Universidad del Valle desarrollamos un dispositivo para medir y desde el punto de vista energético y eléctrico se puede diferenciar el sabor. Lo hemos hecho con 16 productos entre los que están café, maracuyá, uchuva, tomate, banano, pimentón, fresa, lechuga. Y el sabor de lo orgánico a lo convencional cambia, además de que dura más el fruto, tienen una mejor presentación, mejor textura y brillo.

Natalia Fernández-Ruiz
Santiago de Cali, abril, 2012

Crédito fotografías: Bio Bio Verdecitos

Bio Bio Verdecitos
www.verdecitos.com