Exportaciones de fruta Gulupa crecieron 5 veces en los últimos seis años

Artículo publicado originalmente en http://www.larepublica.co El Enero 31, 2014 Escrito por: Paula Delgado Gómez (pdelgado@larepublica.com.co)

Gráfico cifras de la Gulupa 2014 - Tomado del periódico La República

Gráfico cifras de la Gulupa 2014 – Tomado del periódico La República

Antes de 2007 el mundo no conocía la moderada acidez de la gulupa colombiana, una fruta originaria de Brasil que pertenece a la misma familia que el maracuyá.

Hoy se exportan a Europa, a Asia y a América casi 3.000 toneladas anuales, frente a las 523 toneladas de hace seis años. En este periodo las ventas externas se multiplicaron por cinco, al pasar de $3.954 millones en 2007 a $20.455 millones, entre enero y septiembre de 2013. La gulupa no es líder en los intercambios comerciales del país, pero se ha destacado por su crecimiento de 417% en las ventas externas desde 2007. Estas son superadas por las de los productos como el café y el plátano, que exportaron el año pasado a noviembre $3,4 billones y $1,2 billones, respectivamente. Este fruto de color púrpura oscuro y forma similar a la de una pelota de tenis ingresó a Europa por los Países Bajos desde Sudáfrica; sin embargo, problemas sanitarios en África afectaron el cultivo en los 90, dejando el mercado del antiguo continente desatendido. A finales de esa década, Colombia ya se posicionaba como un importante actor en el mercado de la uchuva, la primera fruta exótica nacional de exportación (con transacciones anuales por más de $380.000 millones), y había logrado entrar a países como Francia, Rusia y Croacia. Fueron precisamente los compradores de uchuva quienes impulsaron a los colombianos a llevarles también lo que en Europa se conoce como la fruta de la pasión, un cultivo que inició en forma importante en 1940 pero que no llegó al país sino hasta 1980, por lo que en el mercado nacional no era muy conocida, según un estudio de Corpoica. De hecho, el cultivo continúa siendo incipiente. Según cifras del Ministerio de Agricultura, el área sembrada no supera las 550 hectáreas y la producción nacional es de 6.400 toneladas. Las de plátano son 371.000 hectáreas. Sin embargo, la gulupa escaló hasta el sexto lugar en el ranking de las frutas y hortalizas exportadas. La primera es el plátano, le sigue el banano bocadillo, la uchuva y el mango. En el subgrupo de frutas exóticas es la segunda de mayor exportación después de la uchuva. Los actores que hacen posible que esta cadena comercial termine en países como Alemania y Bélgica, coinciden en que la demanda por esta fruta que se consume de distintas formas en Europa representa una gran oportunidad para Colombia, aunque el producto, por ser exótico, no se comercialice en grandes volúmenes. Javier López, gerente de Nativa Produce, por ejemplo, envía semanalmente en contenedores refrigerados cargados de fruta fresca desde los puertos de Cartagena y Santa Marta hacia Europa y decenas de cajas viajan en avión desde Bogotá hasta destinos como Panamá y Brasil. Actualmente Colombia es competidor en Europa de países como Kenia y Zimbabue, donde esta fruta se cultiva hace más de 90 años y representa el producto agrícola más importante de su economía. Además de recuperarse del declive en su producción tras el desarrollo de variedades híbridas más resistentes, los países sudáfricanos le han dado al maracuyá morado un valor agregado y lo exportan empacado en forma de zumo. Dicho resurgimiento inspiró a los empresarios colombianos a explotar las propiedades diferenciales de la gulupa colombiana, entre ellas, su sabor más intenso y dulce. Aprovechar los acuerdos comerciales El empresario tiene acceso a 13 tratados de libre comercio con los que cuenta el país (incluyendo los acuerdos de alcance parcial), cuatro tratados de libre comercio suscritos y cinco tratados de libre comercio que actualmente se encuentran en negociación. De esta manera es más sencillo corresponder a la demanda de frutas exóticas que en Europa tiene origen en la imagen de estos productos que se muestran como una alternativa de alimentación saludable. Sumado a ello también ha crecido el desarrollo de frutas con cierto valor agregado, como las deshidratadas y orgánicas. Las opiniones Álvaro Ernesto Palacio Gerente general de Asohofrucol “La gulupa ya ingresó a varios mercados y gusta, pero independientemente de las oportunidades de mercado el área sembrada es muy pequeña para atender la demanda de exportaciones”. Eduardo Muñoz Gómez Dir. del Centro para el Aprovechamiento de los TLC “La organización de los productores y el acompañamiento del Gobierno son claves para despejar el camino hacia mercados importantes”.
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La inversión es de tiempo y convicción

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Fernando Soleibe, Programa de agricultura orgánica, Caficauca

Entrevista Gustavo Umaña y Fernando Soleibe de Caficauca

El cooperativismo es una alternativa beneficiosa para los pequeños agricultores. Asociarse para alcanzar niveles de conocimiento técnico en agricultura orgánica, para avanzar, para hacer más eficientes los ingresos. El esquema cooperativo es democrático, un sistema en donde los socios tienen voz y voto en la toma de decisiones. Sin ánimo de lucro, los excedentes cooperativos se revierten en servicios para los participantes del esquema.

La producción de café ha sido históricamente uno de los sistemas productivos más contaminantes y despilfarradores de recursos naturales. Bajo el cooperativismo, numerosos caficultores del Cauca han encontrado la vía para cambiar sus esquemas productivos de convencionales a orgánicos, a través de la acción y el liderazgo de Caficauca y su programa de caficultura orgánica. Sin embargo, la tarea no ha sido fácil. En un país en donde el incentivo a la producción y al consumo orgánico es prácticamente insignificante, la debilidad institucional y cultural, entre otros factores, dificultan el camino para dirigir las prácticas agrícolas hacia la construcción de un campo más sano y ecológico.

En este marasmo institucional, cooperativas como Caficauca impulsan los procesos de educación en agricultura limpia en grupos de campesinos, con el apoyo financiero de cooperación internacional. Compleja tarea de reivindicar la relación del campesino con la protección del medio ambiente y la seguridad alimentaria, en la ausencia de una sostenibilidad financiera, debida a las variables del mercado internacional, a la falta de protección del Estado al campo y a infinitos aspectos que parecen desestimular la producción limpia.

CERES Colombia conversó con dos hombres claves del programa de caficultura orgánica en Caficauca, Gustavo Umaña y Fernando Soleibe, quienes hablaron acerca de los obstáculos que han encontrado en la aplicación del programa, así como de la inminencia de lograr una sostenibilidad financiera de la caficultura orgánica para los pequeños productores.

¿Qué es Caficauca?

Caficauca es una cooperativa con 50 años de servicio. Pertenece al gremio del esquema comercial de la Federación de cafeteros. Cumple una función social y comercial. Tiene 3000 asociados caficultores del departamento, en 28 municipios del Cauca.

Institucionalmente hace 8 años, Caficauca viene con un programa que hemos venido sosteniendo, que es el paquete que tenemos certificado. Ha sido muy difícil porque han entrado y salido varios productores del programa, debido a diferentes factores que no hacen atractiva la producción orgánica para ellos.

¿Cuál es la motivación de Caficauca para promover la caficultura orgánica?

En el esquema gremial la consciencia ecológica es menor. Hace poco tiempo se ha venido gestando un cambio de mentalidad. Por muchos años el sector cafetero era el que más afectaba los recursos naturales, la contaminación de las aguas y de los suelos Se ha cambiado un poco el modelo tecnológico en la producción, en el manejo del café, de las aguas, de la vivienda y esto ha hecho que se tome un poco más de consciencia de lo ecológico. El Cauca tiene un potencial grandísimo para la producción limpia, pero tenemos la dificultad de que los productores son muy débiles en el tema cultural, por la misma influencia que hay de los otros caficultores que trabajan con agroquímicos, que buscan tener una mayor producción a costa de los fertilizantes. Entonces muchos productores orgánicos se ven desmotivados porque sus ingresos son menores frente a los del vecino, que es productor convencional. Aún cumpliendo con la misma producción, los productores orgánicos perciben mucho sacrificio en su mano de obra y muchas veces esto no se ve recompensado en el precio del café.

¿Cuántos agricultores están adscritos al programa de caficultura orgánica?

400. Llegamos a tener 700. Hemos hecho filtros porque muchos no cumplían con la norma, entonces no pudieron ingresar en un comienzo. Otros debían pasar por una etapa de descontaminación. Eso algunos no lo entendieron, entonces no aguantaron los dos o tres años que tenían que cumplir, caían en sus prácticas anteriores y no pudieron continuar. Otros aprovecharon todo el paquete tecnológico, recibieron ayudas. Hemos tenido ayudas de cooperación internacional para mejorar el programa, los esquemas de producción, el beneficiadero, el secado, el manejo ambiental. La fortaleza cultural y mental es un poco baja entre los productores, entonces la gente termina desertando y tomando otras opciones a pesar de que haya aprovechado algunos beneficios del programa inicialmente.

¿En qué consiste el paquete tecnológico de caficultura orgánica promovido por Caficauca?

Tenemos un paquete tecnológico bien formado con el equipo técnico y los productores, para mejoramiento y conservación de suelos a través de la utilización de los recursos orgánicos, de la implementación de fertilizantes orgánicos. Manejo de control de plagas mediante agro-biológicos y también con preparación de caldos en las fincas, con base en plantas medicinales. Tenemos la parte de manejo de residuos orgánicos, de no contaminación, tanto por suelos como por aire, a través de barreras laterales. Se necesita mucha asistencia para trabajar porque se requiere mayor cantidad de tiempo para implementar un manejo del esquema orgánico. En orgánico manejamos la selección de las coberturas nobles, el deshierbe alto para la conservación del suelo. Eso requiere mayor inversión de jornales y consciencia del productor para hacer eso. Para saber reconocer una maleza de una cobertura. Mientras el convencional le pasa la guadaña por encima sin contemplación. Allí es donde tenemos la variable entre los dos sistemas.  No es un paquete técnico que valga plata sino que lo que vale es tiempo.

¿Cómo se realiza el control de plagas en esta caficultura orgánica?

A partir del conocimiento de los productores, tenemos un reconocimiento de plantas que tienen una aplicación en determinados usos, como el ají, la ortiga, la salvia, el extracto de papaya, que utilizamos para plagas y enfermedades. Tenemos un manual de 60 preparaciones con distintas tipos de plantas. Además, estamos trabajando sobre los hongos agro-biológicos con buenos resultados. Para preparar un producto de estos el productor necesita tiempo y allí es donde está la inversión.

¿Cómo se realiza el lavado del café en este esquema?

Hacemos un beneficio ecológico en donde no utilizamos transporte de agua, sino que hacemos el lavado directamente en tanque. Despulpamos por gravedad, se fermenta sin agua, los granos se secan al sol. Es conservacionista el sistema que le trasmitimos al productor. En el manejo de los residuos, la pulpa se utiliza como abono. Que vaya a unas composteras, que no haya contaminación por las aguas mieles. Hacemos tratamiento de agua grises de los lavaderos. En este sistema la primera cabeza de lavado, que es la que tiene mayor porcentaje de contaminación por aguas mieles, la llevamos a la compostera porque es agua rica en potasio. Entonces trabajamos sobre la segunda y tercera agua, que es a la que le hacemos el tratamiento por medio de bacterias, pozos y después dejamos que infiltre en el suelo. Tratamos de ser muy ecológicos.

¿Conocen programas similares de caficultura orgánica?

Los programas son insuficientes aún. Es que aquí las posibilidades de utilizar químicos son mínimas porque son productos costosos, pero ni la federación ni la cooperativa han tomado consciencia de esta situación a favor. A través del Ministerio de Agricultura y Medio Ambiente, de Hacienda, el gobierno debería incentivar estos procesos de agricultura limpia.

¿Cuáles son los retos de transición de una caficultura convencional a una orgánica?

Es difícil llegarle a 60 mil familias de caficultores, aptas para una producción limpia. Se requieren muchos recursos, porque aquí son minifundios y no fincas grandes. La otra parte es el tema organizacional, el lograr que los caficultores se agrupen, que sean asociativos. Eso es un trabajo de cambio de mentalidad y pensamiento. De ideas de que podemos compartir. Todo el mundo quiere tener su propio beneficiadero, su propio secadero. Es un poco ese sentido social de que yo tengo lo mío y el vecino lo suyo y a mí no me importa si hace o no hace, soy yo. El individualismo imperante. Eso también lo tenemos dentro del paquete, lograr que ellos se organicen. Ese tema es complicado porque los productores no son conscientes de que estar organizados implica disciplina, gastos, cumplir con tiempos y capacitaciones. Los que logran tomar consciencia de eso se mantienen en el programa, los otros desertan. Tenemos un porcentaje alto de deserción por esta situación.

¿En qué radica la desmotivación de los caficultores del Cauca?

Hay factores negativos que han desmotivado a tener una mayor organización de los grupos orgánicos. El Cauca tiene gran potencial pero no tiene apoyo tecnológico ni institucional, tanto de Federación como de las casas comerciales, entonces la gente muchas veces no se ve motivada a seguir un esquema orgánico. Hay muchos que producen empíricamente, sin un paquete tecnológico y terminan con unas producciones bajas, con muchas enfermedades en sus cafetos y a veces se les daña el café y dejan de producir porque no tienen la idea de que en una producción limpia no se puede tener un café abandonado. Sin embargo hay potencial.

¿Entonces el eco de este programa en la región es?

Hay productores que quieren ser orgánicos, pero al lado hay 10 que son convencionales, mientras el saca 50 arrobas por hectárea, el otro saca 120, 140. Si el productor orgánico se preocupa por tener 4000 ó 5000 árboles por hectárea en lugar de 600, pues va a ver que la diferencia de ingreso frente al convencional no es grande. El tema comercial es el que más golpea, el del posicionamiento comercial del café. Sin embargo hay interés, pero hace falta fortaleza institucional en el proceso.

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Hablemos de la comercialización del café producido por la caficultura orgánica del Cauca

En el mercado hay grandes equivocaciones. Se dice que en el mercado no hay espacio para la producción orgánica de los cafés del mundo y resulta que sí, nosotros estamos convencidos de que sí. Lo que pasa es que el exportador natural del café de la Cooperativa es la misma Federación de Cafeteros o Expocafé y muchas veces por cuestiones de mercadeo no se logra ubicar un buen comprador que esté dispuesto a pagar por ese sello y por la caficultura orgánica. Hemos tenido grandes dificultades en el tema comercial, por el posicionamiento del programa y por tener una sostenibilidad, que al caficultor le asegure tener un ingreso permanente. Entonces, cada año estamos al va-y-ven del mercado internacional y de las posibilidades comerciales que nos hagan nuestros exportadores. Eso ha sido negativo porque hay años que nos ha ido muy bien y otros que han sido terribles, porque no hemos tenido sobreprecio y eso desmotiva al productor para tener su café certificado. Adicional a eso, la locura de la diferencia de prima de calidad que tiene Colombia frente a otros países nos hace menos atractivos en el mercado internacional. Ya hay países que tienen cafés en iguales condiciones de calidad, que también son orgánicos. Como el café orgánico de Perú y Centroamérica, que son mucho más baratos para  los que el comprador puede pagar primas altísimas de bonificaciones y sobreprecios y siguen siendo cafés mucho más baratos que el café colombiano. Entonces para un cliente en el exterior no es atractivo comprar café colombiano. Eso es una crisis que hemos venido viviendo desde hace 3 años, que desafortunadamente ha ido envolviendo el desinterés de los cafeteros.

¿El café orgánico tiene cabida en el mercado y el consumo nacional?

Eso se viene trabajando más por el lado del café leofilizado, que es el café que no se logra vender en el exterior. La Federación produce ese café, que tiene un proceso que hace que no sea 100% natural y que ha perdido su calidad. Sin embargo, la consciencia de consumo de café orgánico es insignificante en Colombia. De hecho, el consumo de café es mínimo en Colombia. Estamos hablando de un 11% de la población que consume café, que es muy bajo, a comparación de Brasil u otros países productores. Todo esto se suma y hace que practicar la caficultura orgánica no sea motivante. El caficultor tiene que hacer más trabajo, porque algunos productos los tiene que fabricar dentro de su finca. Los controles biológicos tienen que hacerlos ellos mismos. Esto es reemplazar inversión de plata por tiempo y trabajo. Sin embargo, hay que ser conscientes de que no es lo mismo incentivar un árbol a que produzca más con un agente químico, a que la mata produzca naturalmente lo que debe producir. Allí hay una diferencia grande en producción, que toca el ingreso. El que tiene la consciencia y culturalmente lo tiene claro, pues no importa, pero la mayoría tiene la expectativa de un mayor ingreso y eso desmotiva.

¿Es necesario unirse para ser más eficiente en caficultura orgánica de minifundios?

Para exportar necesitamos 25 mil kilos. Ningún productor, a excepción de 10 ó 20 productores grandes, está en condiciones de exportar solo. Entonces para exportar un contenedor, tenemos que reunir 50, 60, 100 caficultores. Un productor grande si lo puede hacer, con menos esfuerzo, menos mano de obra, menos tiempo de compensación. El trabajo duro es la concientización de que una finca de producción cafetera debe pensarse como empresa. El Cauca es uno de los departamentos con mayor índice de pequeños productores, de minifundios. Que es ventajoso en el tema de la calidad del café y su manejo, pero es contraproducente frente a la producción y al ingreso.

Hablemos de esa contradicción de la sostenibilidad comercial del café orgánico

Este programa de agricultura orgánica es subsidiado.  Cuando ese subsidio se los traslademos al productor se cae todo el andamiaje, entonces no es sostenible. Son las mismas organizaciones, como Caficauca, las que subsidian todo. Entonces, tendremos que llegar a un nivel en el que en las cooperativas se tenga la suficiente mentalidad de trabajar juntos, de aportar juntos. En ocasiones, al productor le parece mucho dar 30 mil pesos al año, pues dentro de un Estado, mal llamado paternalista porque no da capital semilla para crecimiento, en muchos proyectos se pierde la plata porque se trabaja con un nivel conformista y no por progresar. Entonces hemos caído mucho en el asistencialismo, no hay mentalidad de asociarse, lo que es fundamental para que los procesos de agricultura y certificación orgánica sean sostenibles.

Cafetal

¿Cuál es el perfil de un productor orgánico?

Básicamente, lo que se necesita es conciencia. Muchos de nuestros productores están orientados a la conveniencia. Los productores que entran al programa orgánico entran más  por ganarse un sobreprecio, que por el convencimiento de que deben producir orgánico. Esos son los que más fácil desertan. Entonces el perfil es la convicción del productor de trabajar en la parte orgánica. Dos, la constancia. La tecnología dentro de lo orgánico no está inventada, se vive de cambios y trabajos para recoger experiencias, aplicarlas, si se adaptan o no, pero no es una tecnología que esté desarrollada como en la agricultura convencional que dice, aplique tantos kilos de químicos y listo. También, tener la posibilidad y las ganas de crecer. A veces es la cultura la que le ha dado los elementos a la gente para permanecer en un estancamiento, en donde no hay necesidad de crecer y el productor se conforma con lo que tiene.

¿La inversión en la caficultura orgánica es más de tiempo y motivación que de dinero?

La diferencia de la orgánica frente a la agricultura convencional está en tiempo, en dedicación, en conocimientos. El nivel académico de los caficultores del Cauca es muy bajo, estamos hablando de básico primaria. Eso hace que la capacidad de asimilación de ellos sea mínima y sin motivación de aprender. Y en estos procesos se requiere de mucha voluntad de aprender, de trabajo, investigación, seguimiento, estudio. Nos hemos desgastado con talleres y vemos que en la fincas la gente no ha aplicado ni el 10% de lo que se ha hablado en la capacitación. El otro punto es el incentivo hacia el campo. El tema es que el joven, desde que pueda estudiar un bachillerato o una universidad, dice “yo me voy de aquí, el campo no es lo mío”. Entonces también tiene que ver en parte la estructura del estado, la motivación del estado.

Ustedes hablaban de que el conocimiento orgánico no está hecho. ¿De dónde se han apropiado de este conocimiento?

Ha habido incursiones grandes en Colombia. En los 70 y 80 hubo apoyo europeo y asiático, en donde se empezó a fomentar el manejo ambiental y la agricultura limpia, pero bajo unos criterios externos, porque aquí no ha habido una investigación ni un proceso propio que se haya patentado. Algunos extranjeros se quedaron en Colombia y comenzaron ha generar documentos, escritos, sobre el proceso de caficultura orgánica. Esos son los primeros pilares. De allí comenzaron a generarse movimientos internacionales, sobretodo en Europa, en donde ha habido más conciencia del tema ambiental, de la conservación, de la producción limpia, de los químicos. Esa incidencia ha hecho que en Sudamérica se promueva el tema de la agricultura limpia. Pero no debido a una estructura institucional o gubernamental establecida para ello. De hecho ha habido quijotes que han querido trabajar el tema y terminan desgastados. Y algunos, que hemos seguido la línea, hemos trabajado en lo orgánico no por apoyo estatal, si no más por principios, por iniciativa propia; pero no hay una vocación o interés institucional o formativo. Ni desde las universidades en donde la formación en este aspecto es menor. Hemos tratado de involucrar a las universidades locales, pero el esquema académico no tiene este componente de agricultura limpia. La Fundación Universitaria de Popayán, socia de nuestro programa, adoptó, en su programa de estudio del área agropecuaria, la práctica de caficultura limpia, mas fue una iniciativa de nuestro programa.

¿Saben de redes de mercado orgánico en Colombia y cuál es su    perspectiva del consumidor colombiano?

Hemos escuchado de mercados pero eso aquí es muy tímido. Por allí se generó un movimiento de mercados verdes, patrocinado por el Min. de Medio Ambiente, pero fracasó. No existe un plan nacional de promover mercado orgánico, de direccionar a las grandes cadenas a comprar y vender orgánico. No hay una ley ni una estructura organizacional hacia este propósito, que sería lo ideal. Que un Min. de Agricultura promoviera en el senado que la producción orgánica debe cumplir tanto espacio dentro del consumo nacional. No hay nada que incentive lo orgánico, que le digan a la cadena de supermercado “si usted promueve productos orgánicos tendrá un incentivo fiscal”, por ejemplo, como existe para otras cosas. Sin una estructura o ley cualquier iniciativa que se haga es efímera. La gente compra lo que sea o lo más barato, pero no hay consciencia de que se consuma orgánico por bien de la salud.

¿Cuál es su propuesta a la agricultura colombiana?

El tema es fuerte. El Estado, aparte de fomentar, debe crear leyes que protejan a los agricultores, que promuevan descuentos arancelarios para los consumos agrícolas,  que ojalá fueran exentos para que la gente tenga la oportunidad de tecnificarse para hacer más fácil su trabajo y producción. Pienso que la idea es que el Estado haga una reforma agraria en ese sentido. Que promueva las asociaciones campesinas, que diferencie el salario del campo con el de la ciudad. En el campo no se tiene seguridad social. Es que el campo se nos llenó de viejos, pues hay mucha deserción. Los jóvenes le huyen el campo.

Entrevista, fotografía y redacción: Natalia Fernández-Ruiz
24.04.12

La vida limpia

LA VIDA LIMPIA
Entrevista a Piedad Guerrero y Lidia Lucero, Pioneras de Biofruit Napoli.

La cálida acogida de los agricultores amainó el viento gélido que atravesaba olímpico el paisaje para endurecer nuestra piel. Llegamos al municipio José María Hernández, en Upiales Nariño, para encontrarnos con la coherencia de un grupo de agricultores apasionados por la vida. El fruto que los congrega engalana el panorama con aromas naturales y con la imagen mágica de su abrigo natural. La uvilla, la uchuva, el aguaymanto, la phisalis peruviana, es la fruta escogida por este grupo de agricultores que decidió asociarse, bajo la filosofía de un esquema de producción orgánico.

Constituidos como Biofruit Napoli, hoy la asociación congrega a 22 familias que encuentran en la experiencia de la agricultura orgánica una vuelta a los tiempos en donde la inmediatez no permeaba el ritmo de la vida y una alternativa comunitaria para alcanzar una estabilidad económica. “El amor en caja”, como llaman los franceses a la uchuva, es cultivada por Biofruit en Upiales y llega con altos estándares de calidad y suculencia a los mercados de Suiza, Canadá y Estados Unidos, a través de la gestión de la comercializadora Fruandes.

Actualmente, Colombia es uno de los principales productores y exportadores de uchuva; fruto que representa una alternativa prometedora para la exportación, debido a que no se deteriora fácilmente y a que es altamente demandado en el mercado internacional. En 2010, la exportación de uchuva colombiana reportó 22,2 millones de dólares, teniendo como principales compradores a Alemania, Suecia y Reino Unido. Sin embargo, la demanda creciente de uchuva por parte de Europa y Norteamérica no es correspondida por la cantidad producida en Colombia.

Biofruit Napoli representa hoy un dechado del poder de la asociación en Colombia, constituyéndose como pionera en un modelo mancomunado de producción agrícola orgánica. Triste sería que permanecieran como una rareza y afortunado que otros productores locales identifiquen la fuerza de trabajar en comunidad. No obstante, la experiencia de Biofruit Napoli no sólo ha sido en términos de producción orgánica, sino de compartir conocimientos, en vista de heredar semillas de valores comunitarios a las generaciones nacientes. CERES Colombia conversó con Piedad Guerrero y Lidia Lucero, acerca de las percepciones que de la experiencia de producción orgánica tienen estas pioneras de la Asociación Biofruit Napoli.

Piedad Guerrero y Lidia Lucero, Pioneras de Biofruit Napoli

Piedad Guerrero y Lidia Lucero, Pioneras de Biofruit Napoli

CERES Colombia: ¿Qué es Biofruit Napoli?

Lidia: BIOFRUIT Napoli es una asociación netamente orgánica. Las personas que participamos en ella sentimos amor por la naturaleza. Nos gusta vivir en ella y procurar su desintoxicación, pues por tanto componente químico hoy en día está enferma. De esa enfermedad de la naturaleza, hemos visto la necesidad de tomar el riesgo de ir en contravía de la industria porque ahora todo es químico y rápido; no se ha tenido en cuenta el proceso de la naturaleza: el nacimiento, crecimiento, desarrollo y producción de las plantas. Ahora hay ausencia de microorganismos que antes hacían su vida normal en la naturaleza. A raíz del amor arraigado por nuestra existencia, por nuestro mundo, es que nosotros hemos tomado la decisión de trabajar la agricultura orgánica. Esto para llevar una vida sana y dejar a las generaciones futuras el precedente de que es necesario tomar conciencia de llevar una vida digna y feliz en la naturaleza, retomando lo de antes, la vida limpia.

Piedad: Yo me uní a la Asociación por medio de unas compañeras que me invitaron a participar, porque mi oficio no fue este, fue la enfermería, pero como ya me jubilé me invitaron a cultivar uchuvas orgánicas. Cultivamos la uchuva bajo esquema orgánico porque vemos que lo químico nos está perjudicando y está intoxicando al campo. Por ese motivo hemos invitado a otros compañeros y asociaciones para que participen en la agricultura orgánica, pues es lo más importante en nuestra vida y queremos dejar esa herencia a nuestros hijos.

CC: ¿Hace cuánto están asociados?

L: Aproximadamente 6 años. Nuestro inicio fue casual, fue como tomar una aventura. No teníamos conocimiento en la comercialización de la fruta. Oímos conferencias que nos dieron en Ipiales, con expertos de todo el país. Al principio se nos hizo cosa fácil. Pensábamos que la uvilla nacía por allí, crecía y ya. Pero luego vimos la necesidad de organizarnos, de hacer una asociación con todos los requisitos necesarios para dividir responsabilidades en grupo. Esto es una bonita experiencia porque a pesar de que ahora la gente es tan individualista, el hecho de empezar a compartir el conocimiento, no sólo a nivel de la agricultura orgánica sino a otros niveles, es un factor que hace crecer a las comunidades. Nuestra asociación es compacta. Todos los miembros permanecen pendientes, permanentes y constantes en sus cultivos. Se ha dado también trabajo a terceros, en las cosechas. Nos estamos relacionando más con la gente, dando a conocer las bondades de esta forma de trabajo. Y así la gente va imitando y asociándose en diferentes temas, no sólo en la agricultura.

CC: ¿Cuál fue la motivación para devenir agricultores orgánicos?

L: En Nariño siempre ha sido tradicional el cultivo de la papa. Y eche abonos y eche químicos que envenenan al humano. Esta fue una de las causas. La otra fue la necesidad de lograr una estabilidad económica. La papa fluctúa y no siempre hace ganar al agricultor, no es algo seguro. Nosotros queríamos hallar una seguridad en el trabajo y en la producción. Como la plata y la salud son necesarias, entonces era una forma de subsistir divinamente. Hemos sido muy perseverantes. Esto no es fácil, las situaciones han sido difíciles. El amor a la naturaleza nos llevó a esto.

CC: ¿Cuántos asociados son? ¿Cuáles son las ventajas de la asociación?

P: Ahora somos 22 socios. Las ventajas son salir adelante trabajando conjuntamente en la agricultura orgánica. Queremos dejar el egoísmo para proponernos una producción bajo esquema orgánico de todos los productos que da nuestra tierra. Recordar a nuestros mayores, a nuestros antepasados, ellos nunca utilizaron los químicos.

L: La estabilidad, el enriquecimiento como personas y como grupo en cuanto a conocimientos y valores. Constituir una experiencia modelo a nivel nariñense, colombiano y darnos a conocer en el exterior ha sido un experiencia muy satisfactoria nacida de la asociación.

CC: ¿Entonces Biofruit es un modelo para otros productores?

P: Si, porque hemos sido los pioneros en la región en trabajar un esquema de agricultura orgánica de forma asociativa.

L: Aspiramos que nuestro esquema productivo sea reconocido para que los demás productores puedan tomar ejemplo. Esto es un trabajo que está hecho con esfuerzo y por eso nos gustaría que concientizara a la gente.

Capachos de Uchuva en José María Hernández

Capachos de Uchuva en José María Hernández

CC: ¿A quién va dirigida la uchuva orgánica producida por Biofruit?

P: Va a mercado nacional e internacional. La mandamos para Bogotá y de allí la mandan para Estados Unidos, Canadá y Suiza.

CC: ¿Qué demanda tiene esta fruta?

P: Hay bastante demanda, pero la oferta es insuficiente por eso estamos invitando a más productores para que entren en nuestra asociación.

CC: ¿Qué dificultades han tenido en su esquema orgánico y cómo las han solucionado?

L: El tiempo de lluvias es difícil para la producción orgánica. Hay altos y bajos. La cuestión química es rápida en el tiempo. En épocas de lluvia se generan muchos hongos, los terrenos se inundan y eso a veces nos desmotiva porque las plantas empiezan a enfermarse y lo orgánico requiere más tiempo para hacer el beneficio o la curación a la planta. Hay soluciones orgánicas como la manzanilla con la ceniza. Nuestro problema son los hongos debido a la gran humedad que se ha generado por el invierno. La fertilización es más fácil. Se hace con abono orgánico y estiércol de animales.

CC: ¿De dónde viene ese conocimiento?

L: De las capacitaciones con el Sena, Acción social, Pastoral social. Nos han ayudado mucho en ese sentido y de resto proviene de la experiencia.

CC: ¿Utilizan técnicas de conocimiento ancestral?

P: Esencialmente parten de las capacitaciones. Sin embargo, yo utilizo el zumo del ají con manzanilla para ahuyentar insectos. Y la utilización de la ceniza y la cal salen del conocimiento ancestral. Eso yo lo oía de mis padres.

CC: ¿Cuál es su percepción acerca de la agricultura en Colombia?

P: La gente todavía está muy apegada al químico, porque tienden a la facilidad, a la comodidad, a la inmediatez y los productos químicos les ayudan a sostener el cultivo rápido. Pero nosotros promovemos una vuelta atrás.

CC: ¿Sienten que su asociación Biofruit hace eco en la región?

P:Sí. Nosotros empezamos con seis familias asociadas al cultivo orgánico de la uchuva. Y ahora ya vamos con 22 socios y estamos con gente de la Cocha, de Pasto, de Túquerres, de Potosí. Ya hay familias y municipios que están pasándose al esquema orgánico. Eso es eco.

L: El eco es progresivo. Una motivación es la necesidad de estabilidad. Porque la agricultura en todos los niveles, así sea químico, está por los suelos ¡todo está barato! No hay un incentivo a los agricultores. No hay un seguro para las pérdidas de cultivos por los factores climáticos. Depronto no es tanto la concientización en sí, porque para eso a los gobiernos les falta mucho, sino más que todo la necesidad de estabilidad económica y en mínima parte la consciencia.

CC: ¿Qué incentivo hacia la agricultura orgánica ven de parte del gobierno?

L: Hay ausencia de incentivo. El gobierno debería apostarle a que la producción orgánica tuviera más valor, que se hiciera el diferencial entre lo químico y lo orgánico. Pues ahora vale igual en el mercado lo orgánico que lo convencional.

CC: ¿El consumidor es consciente de pagar el sobreprecio de lo orgánico?

P: Quizás en Bogotá haya más una voluntad de pagar este precio. Acá en la provincia no.

CC: ¿A qué sabe lo orgánico?

P: Tiene otro sabor porque parte de la consciencia de que son alimentos que no son dañinos para la salud. Como fui enfermera toda mi vida, sé que los químicos atacan mucho al organismo. Ahora, tanta frecuencia del cáncer es motivada también por esos hábitos de alimentación basados en la injerencia de químicos. Esto es lo que queremos cambiar. Aún cuando sea que uno tenga una huerta para consumo personal que sea totalmente orgánica.

CC: ¿Cuáles son las características de un productor orgánico?

L: La educación es la que forma a la persona. Sin conocimiento no se puede obrar, pero hay que bajar también el conocimiento al corazón. En la formación cultural también está la clave. Desafortunadamente el facilismo está posicionado en las personas. Ausente está la idea del esfuerzo ¡todo que me den!. Entonces se tiene que iniciar un proceso formativo de generación y eso toma su tiempo. Lastimosamente el hombre no ha sabido conservar la naturaleza. Hemos sido destructores de la vida en general y estamos muriendo a causa de nuestra misma mano, sea por la contaminación, por la industrialización. El mundo va en caída. La gente habla con mucha información que está en internet ¿pero de allí a actuar?

CC: ¿Qué les ha permitido la certificación? ¿Representa para ustedes una inversión o un costo?

L: La certificación ha sido muy importante para nosotros porque nos ha permitido alcanzar un comercio internacional. Ha permitido que a nivel interno de la asociación nos organicemos, le pongamos un poco más de disciplina y rigor a la producción, que la hagamos de una forma estable, estándar y con alta calidad. En ese sentido, la labor de la certificadora es muy buena y las recomendaciones nos las hacen con el propósito de buscar que al interior de nuestra comunidad cada día nos superemos. Así que hemos mejorado la calidad de lo que tenemos y hemos alcanzado el mercado internacional. El ejemplo que estamos dando a nuestra comunidad también ha sido gracias a la certificación.

CC: ¿Cómo perciben a la certificadora? ¿Les ha aportado conocimiento?

Nosotros hemos buscado la capacitación por nuestros propios medio. Sin embargo, como la certificadora nos exige la capacitación ha sido esto una motivación para alcanzar muchos conocimientos en el esquema orgánico.

Entrevista y redacción: Natalia Fernández-Ruiz

La suerte de la eficiencia orgánica

Entrevista a Juan Fernando Suárez – Gerente de Calidad Hacienda Lucerna

Juan Fernando Suárez, Gerente de Calidad Hacienda Lucerna.

Nos encaminamos desde Cali hasta Bugalagrande por la vía vecina a Rozo. La carretera, llana y amigable, se ensombrecía al atravesar los campos de árboles barbados, para volver a iluminarse al ritmo de los cultivos despeinados de caña. Como el sol, la caña de azúcar se impone en el paisaje del Valle del río Cauca, en donde se ubican cerca de 2000 productores del palo dulce, a los que se suman 13 ingenios. Entre productores, 76%, e ingenios, 24%, siembran alrededor de 218.000 hectáreas de caña a lo largo del recorrido del río Cauca por los departamentos del Cauca, Valle y Risaralda.

La ruta de cañaduzales nos condujo hacia la tradicional Hacienda Lucerna, predio que lanza desde sus campos y edificaciones claves de la historia del agro del Valle del Cauca. La casa blanca y roja nos saludó silenciosa con sus ojos-ventana, esos por los que han pasado instantáneas de una familia dedicada al agro; esos que testimonian de las motivaciones de Carlos Durán Castro, científico aplicado, gestor del desarrollo agropecuario del Valle del Cauca en el siglo XX.

Carlos Durán Castro aportó sólidos conocimientos e interesantes acercamientos al estudio, progreso e implementación de esquemas productivos adaptados a la realidad del campo vallecaucano. El desarrollo de la raza Lucerna, eficiente lechera adaptada a las condiciones tropicales, es sólo uno de los efectos tangibles de su emprendimiento. Políticas que pactaron por un desarrollo eficiente del agro regional, basadas en una relación respetuosa con la naturaleza y su sabiduría, constituyen la esencia de su gestión y legado.

Es así como desde su fundador, la Hacienda Lucerna ha sido una especie de finca agrícola experimental, en donde se propende por el desarrollo y aplicación de esquemas productivos adaptados al ecosistema local, respetuosos de la naturaleza y del ser humano. En 1988, Hacienda Lucerna inició su vuelco hacia la agricultura orgánica, con la generación de caña de azúcar para la producción de panela en bloque y granulada. De 152 hectáreas sembradas en caña, generan cerca de 16.875 toneladas al año. Desde esas áreas, en Bugalagrande, Juan Fernando Suárez, gerente de calidad de la Hacienda Lucerna, nos concedió una entrevista, en la que la experiencia de Lucerna como productora de panela orgánica nos reveló interesantes elementos.

Vuelta a lo tradicional 

CERES Colombia: ¿Cuál fue la motivación de H. Lucerna para producir orgánicamente? 

Juan Fernando Suárez: Lucerna era un productor completamente convencional que quemaba, aplicaba herbicida e insecticida. El Dr. Carlos Durán siempre fue un visionario y él decía “pero cómo es posible que en un cultivo de estos cada vez nos volvamos más insumo-depedientes. Tiene que existir otro esquema productivoVamos a darle un vuelco total a esto”. Él se preguntó por qué estábamos acabando con nuestro suelo y deteriorando el medio ambiente y empezó a devolverse; a arreglar esa cantidad de errores que se habían cometido. El doctor Carlos lo que hizo fue mostrarnos el camino. Demostró que la caña no sólo era productiva de la forma convencional, sino también en un esquema orgánico con el que trabajamos hace más de 20 años. Él fue capaz de eliminar el uso de los elementos químicos en la combustión orgánica, pues antiguamente los agricultores no utilizaban químicos. De allí en adelante fue una pelea muy dura, porque para los ingenios decirles “usted no puede quemar si no cortar en verde” era como pegarles una bofetada. Hemos trabajado duro y nos sentimos muy tranquilos con la decisión que el doctor Carlos tomó.

Nosotros no queremos ser únicos, pues sabemos que este es el esquema productivo de un futuro muy cercano o si no, no lo habrá.

CC: Háblenos de lo particular del trabajo en la Hacienda Lucerna.

JFS: Hemos ido rescatando técnicas y modificándolas con nuestras necesidades. Cada día estamos convencidos de lo que hacemos. No hacemos nada mecanizado. El trabajador de la hacienda ya tiene los cuidados dentro de su cultura. Piensa antes de entrar al cultivo, pues es consciente de los daños, no está mecanizado, pues normalmente a los trabajadores los mandan a hacer una tarea, pero no existe la pregunta del por qué. Respetan el cultivo porque conocen los procedimientos que se están llevando a cabo allí. Se ha ido creando una consciencia entre los trabajadores.

CC: Muchas de las técnicas que aplican ¿surgen del conocimiento tradicional?

JFS: Claro. Los abuelos, bisabuelos, nuestros antepasados siempre produjeron con lo que había en campo. Ellos no ponían el uso de los químicos de por medio. Recuerdo que mi abuelo se oponía a la minería a pesar de no tener los conceptos técnicos de los daños que ésta puede producir. Hemos ido perdiendo esa costumbre de producir como tradicionalmente se hizo.

CC: ¿Toman también elementos de experiencias internacionales en orgánica?

JFS: Hay países desarrollados que llevan gran recorrido en lo orgánico. No sería lógico decir que no nos basamos en lo que ellos publiquen. Pero hay una situación particular y es que Colombia es un país tropical. Contamos con la radiación solar los 365 días del año y eso es un potencial que no tienen muchos países del mundo. A partir de ese potencial debemos referenciarnos de lo que hacen en el exterior, pero siempre puliendo con la realidad de nuestros sistemas productivos. Creo que es una mezcla de los dos.

La soledad de los ecológicos 

CC: ¿Se sienten solos como productores orgánicos en su gremio? 

JFS: No tenemos apoyo. Hay que resaltar que los productores orgánicos tenemos unos aliados muy importantes: las certificadoras que hacen que este camino tenga sentido final. La certificadora no es un agente que viene simplemente a hacer una inspección, sino un apoyo para mejorar las cosas que no se han consolidado aún. También, es una entidad que tiene credibilidad. Los productores no han podido identificar esto y se preguntan cómo van a meter una cantidad de plata en una certificación. Miran la parte de los pesos, en lugar de los beneficios a futuro. Ahora cualquier producto debería tener una certificación. La gente responde que el valor agregado de su producto es la calidad, cuando eso debe ser un compromiso. Pero ahora lo que juegan son valores agregados y qué más valor agregado que un sello certificador.

CC: ¿Existe algún incentivo estatal para la producción orgánica? 

JFS: Ninguno. En el mercado internacional tenemos un apoyo fuerte hacia la producción orgánica, porque ellos ya pasaron por lo que estamos viviendo. Ellos ya acabaron todo el recurso de ellos y entonces no les conviene que pase lo mismo en otros lugares.

CC: ¿Existen iniciativas de trabajo conjunto por parte de productores orgánicos? JFS: Productores orgánicos en conjunto no hay. Contamos con la reserva natural El Hatico, con quienes nos certificamos conjuntamente y por fortuna tenemos un ingenio que viene haciendo las cosas de forma diferente, el ingenio Providencia, donde hay alrededor de mil hectáreas certificadas en caña de azúcar orgánica. Desafortunadamente en el Valle del Cauca hay es un monocultivo de la caña, por lo que tenemos que propender a una producción más eficiente. Eficiente en términos de lograr que el suelo y el cultivo sean más duraderos, eliminando elementos químicos de la producción.

Suerte de 22 años* 

CC: Háblenos de la eficiencia de lo orgánico.

JFS: Estamos convencidos de que somos más eficientes que un productor convencional. Solamente este tema, los productores convencionales tienen que coger su cultivo cada cuatro o cinco cortes, es decir, cada cuatro o cinco años y volverlo a sembrar las suertes nuevamente, porque la producción va en caída. Entonces estamos hablando de cuatro cortes. Nosotros en este momento tenemos suertes de caña de 19 cortes y creciendo. De las labores culturales, la que más hace daño es la quema, en donde los primeros cinco centímetros del suelo mueren y allí es donde tenés todos los microorganismos benéficos para el suelo. Nosotros no hacemos eso. Hemos ido creciendo poco a poco, estamos ya en más del 3% de materia orgánica en el suelo. En cuestión de diez años hemos mejorado la materia orgánica en casi un punto. La gente se preguntará ¿apenas un punto? pero el mejoramiento de ese sólo punto es tan grande que nisiquiera se puede cuantificar.

CC: ¿Qué impactos genera la producción orgánica? 

JFS: Si H. Lucerna fuera un productor convencional no generaría más de 8 empleos directos. En conjunto, H. Lucerna genera 70 empleos directos. En la parte ambiental es un pulmoncito en un mar de caña convencional, en donde en estas 222 hectáreas de la hacienda sabemos que no hay política de manejo diferente a la orgánica. Esto nos ha llevado al manejo de zonas de liberación. Nuestra producción y mejora han sido tan grandes, que tenemos zonas de amortiguamiento en la hacienda. Tenemos dos hectáreas de nivelación, cercas vivas y todo el sistema genera una mejor producción en las partes que lo componen. Esperamos que lo que nosotros venimos haciendo pueda ser copiado. Que nos olvidemos del herbicida y tengamos rebaños de ovejas; que nos olvidemos de las quemas y tengamos corteros que puedan sentirse sanos cortando la caña en verde; que tengamos zonas, que no sean aptas para la caña, en otro tipo de manejos. Si hacemos esto vamos a conservar el recurso hídrico, uno de los más importantes.

CC: ¿Qué actitudes se requieren para ser un productor orgánico? 

JFS: Lo primero, creer que la producción orgánica sí es posible. Lo segundo, tener ganas, porque no puedo desconocer que la producción orgánica demanda muchísimo más tiempo que la producción convencional. Pero si uno está convencido de ese tema, pues lo hace.

CC: ¿Cómo percibe el mercado orgánico en Colombia? 

JFS: En Colombia sí hay nichos, lo que pasa es que la panela es un producto muy difícil. Con la panela hay que entrar a competir con precios en el mercado nacional. El mercado internacional sí paga el valor agregado de lo orgánico.

CC: ¿Cuál ha sido la experiencia de H. Lucerna en el mercado internacional? JFS: Es triste decirlo, pero cuando empezamos con la panela orgánica, nuestro cliente en EEUU nos dio un apoyo muy fuerte. Antes de tener apoyo nacional, tuvimos apoyo internacional. Es rico pensar que el producto de uno está llegando a x país, pero más rico sería decir que nuestro producto está llegando a varias ciudades de nuestro país.

CC: ¿Qué clientes surten y cuál es la demanda? 

JFS: En el Valle a La 14, Olímpica, Surtifamiliar y Comfandi. Algunos distribuidores de pequeñas supermercados y tiendas. Esto es porque la producción no nos alcanza. Sé que si fuéramos capaces de encontrar aliados que quisieran acercarse al nicho de lo ecológico, si producimos 1200 toneladas, 1200 toneladas vendemos. Pero ahora nos tenemos que limitar a lo que hacemos. Por eso hemos pensado en hacer una pequeña alianza con otro trapiche, para tener otro sitio en donde poder producir nuestra panela e incentivar a otros productores a que se certifiquen. Tranquilamente, podemos pagar 3 mil ó 4 mil pesos más por tonelada de caña a un productor orgánico de lo que le está pagando un ingenio.

El sabor de lo orgánico 

El sabor de lo orgánico

CC: ¿Cuál es el sabor de una panela orgánica frente a la convencional? 

JFS: Como buen paisa soy buen consumidor de panela. Antes, en Medellín, compraba la panela sin diferenciarla. Pero cuando uno ya conoce su panela, uno diferencia. En una aguapanela se sienten sabores distintos. Se perciben sabores más amargos y en algunas, no en todas, cierto sabor a algún químico, como un floculante o una acrilamida sintética, pues a los cultivos convencionales de caña, faltándoles 8 semanas para el corte los maduran. Ponen banderas y con una avionetica ¡yum! les aplican ese madurante que inhibe el crecimiento de la planta, entonces la concentración de azúcar se queda en el entalle. Desafortunadamente todos esos madurantes son químicos y la mayor parte son a base de glifosato. Esto sigue siendo permitido y los que consumen azúcar convencional lo ingieren.

CC: ¿Cómo percibe los hábitos de consumo de los colombianos? 

JFS: Los productores de orgánica tenemos que mejorar algo. Sabemos que un producto orgánico tiene un valor agregado que hay que incluir en el precio. Nosotros lo ponemos, pero en una escala en la que cualquier persona pueda consumirlo. Desafortunadamente muchos productores orgánicos inflan los precios. A eso no podemos llegar, porque estamos demostrando en este momento que tenemos sistemas de producción eficientes, más rentables, entonces ¿cómo vamos a trasladarle al consumidor final esos precios tan altos? Así, el consumo de lo orgánico se vuelve elitista.

CC: ¿Cómo motivar a consumidores a optar por alimentos sanos y a productores a adoptar esquemas de producción orgánicos? 

JFS: Tenemos que trabajar desde los niños, porque los padres de familia no prefieren para ellos mismos lo mejor, pero para sus hijos sí. En escuelas, colegios, universidades, supermercados, la clave sería capacitar a los padres de familia y mostrarles los productos que existen para la alimentación sana de sus hijos. Yo creo que ese es el camino. En cuanto a los productores, hay algunos que se motivan por el bolsillo. Hay que mostrarles lo rentable que puede llegar a ser lo ecológico frente a lo convencional.

Cuestión de réplica 

CC: ¿Existe alguna divulgación de la investigación y desarrollo de Lucerna?

JFS: Compartimos todo nuestro conocimiento, pero nos falta ese apoyo en la divulgación, pues ocurre que se tiende a pensar en los agricultores orgánicos como locos o románticos. Ofrecemos visitas en donde mostramos todo el proceso de la panela, no sólo el de la planta y trapiche sino también el de campo. Lo interesante es que lo que cobramos por esas visitas, lo invertimos en investigación. Con esto queremos divulgar más el conocimiento acerca de los esquemas productivos ecológicos; que los productores vengan e interactúen, pues de esas visitas han salido ideas muy buenas. Que no sólo se piense en Lucerna como pionera, si no como una réplica de muchísimos productores en la región, que puedan alcanzar lo que nosotros, en la parte de producción ecológica. 

CC: ¿Conoce experiencias locales similares en agricultura orgánica? 

JFS: Por la zona no hay experiencias similares. Está el Ingenio Providencia que tiene alrededor de mil hectáreas certificadas. Hay réplicas en Tolima, Antioquia, la Costa Atlántica que ayudan a demostrar que estos esquemas son los viables. Hay productores de fruta que van para delante con el manejo orgánico. También los hay de palma y de café. Pequeños y medianos productores deben volverse las personas capaces de mostrar y replicar esto en las regiones. El esfuerzo no debe ser de uno solo. El mercado está pidiendo producción orgánica, pero no hemos podido enviar más producto porque no lo hay. Mientras haya más productores orgánicos, va a haber más cobertura de los mercados que ahora no se cubren por la insuficiencia de la oferta.

CC: ¿Desde la H. Lucerna como productora orgánica, qué propondría al campo? JFS: Antes se trataba de los que nos naciera tener una producción orgánica. Ahora creo que necesariamente se trata de una obligación. El recurso agua se está agotando y la gran cantidad de elementos químicos que estamos utilizando va generando una residualidad en los alimentos y en el cuerpo humano. La clave es apoyarnos unos a los otros, porque ahora estamos solos. Algo importante es que los productores nos volvamos comercializadores de nuestros productos. Así, tendremos mayor utilidad y podremos fijar un precio más favorable al consumidor final. Es allí cuando los productores preferirán producir saludable a convencional. Necesitamos más apoyo del Estado y, en las ferias, más campo a los productores ecológicos. Y tener en cuenta que lo que hacemos desde la producción ecológica es en pro de todo el país, de la naturaleza, no solo de unas cuantas personas.

Después de varias horas de dedicación de Juan Fernando hacia nosotros, en las que recorrimos la hacienda, volvimos agradecidos a la carretera. Aún con el enérgico dulce de la panela Lucerna en el gusto, nuestras papilas, románticas, sentían una conexión directa con el trabajo de la tierra, con la tradición de saber escuchar a la naturaleza, esa práctica tan propia de la labranza de nuestros abuelos. Esa que sigue guiando las acciones de la Hacienda Lucerna hacia la construcción de futuro, pues como afirmaba Juan Fernando, “Hay daños en nuestro planeta que ya son irreparables. Lo que tenemos que pensar es en cómo no continuar dañándolo. Las grandes potencias lo han hecho y quieren devolverse. Creo que tenemos que pensar es en hacer futuro”.

*Suerte: Lotes sembrados de caña de azúcar.
Información visitas guiadas Hacienda Lucerna: Juan Fernando Suárez – Gerente de Calidad
lucernaproduccion@gmail.com 

Entrevista, redacción y fotografía por:
Natalia Fernández-Ruiz
Cali, Colombia, febrero 28 de 2012