Luis María Murillo Quinche – Entomología: Las avispas chibchas

Los invitamos a disfrutar este rico estudio sobre una clase de avispa de la sabana colombiana, escrito que reconcilia la ciencia y la poesía bajo la pluma de Luis María Murillo Quinche, precursor del estudio, científico y profesional, de la entomología colombiana.
“Las Avispas chibchas” fue publicado en el semanario colombiano “El gráfico” en 1924 y constituye el primer ensayo entomológico de Murillo Quinche. ¡Buena lectura!

LUIS MARIA MURILLO QUINCHE – ENTOMOLOGIA: LAS AVISPAS CHIBCHAS.

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La fortaleza de la microfauna

Portada libro Control Biológico en Colombia.

Cotidianamente, los cítricos estaban siendo atacados por plagas que les dejaban el follaje saturado de heridas heterogéneas. En búsqueda de una solución, los agricultores observaron durante días, hallando en la voracidad de los formícidos la acción particular que controlaba la población de plagas en sus cultivos. La fauna de plagas residente en los cítricos resultaba ser un festín para una población de hormigas.

En esa China del siglo III, el fenómeno natural del control biológico estaba siendo identificado por el ser humano, a través de la observación de la interacción entre los organismos que componen un agrosistema. Albor de la práctica de la entomología, enfocada a regular el balance de los microorganismos en un entorno. Alternativa para el manejo de plagas.

En ese entonces, el tiempo tomaba una dimensión en la que reflexionar acerca del entorno propiciaba el hábito de la paciencia. Contemplar la naturaleza favorecía el desarrollo de estrategias para la sostenibilidad de un cultivo. Por su parte, la industrialización de la agricultura traería mecanización y caldearía revoluciones como la verde, que legitimaba la utilización de productos químicos en el campo. Un cambio de paradigma en la agricultura se vivía, en donde la interiorización del concepto de eficacia – emparentado con la inmediatez y divorciado de la sostenibilidad – adquiría magnitud.

Así, pues, en el proceso de modernización de la agricultura, el conocimiento que emana de los procesos naturales fue quedando desplazado, para dar entrada a la tecnificación de procesos de síntesis química. En este contexto, el control de plagas recae en la alternativa de los productos químicos, plaguicidas que, a la postre, contribuyen al fortalecimiento de la plaga atacada.

En Colombia, los primeros eventos referidos al control biológico de plagas tienen lugar en 1913 en Cundinamarca. Luis Zea Uribe, en Tocaima y Federico Lleras Acosta, en Guaduas, trabajaron sobre la acción del Coccobacilo acridiorum que, inyectado, en las langostas, producía una enfermedad diarreica en éstas. Zea y Lleras estudiaron estrategias de saneamiento biológico de plagas, en un tiempo en el que la investigación entomológica era inexistente en el contexto académico Colombiano. Posteriormente, en 1923, aparecen publicaciones sobre las características del gusano de seda doméstica por Aureliano Vélez y otro por Ernesto Murillo. A finales de los 20, se publican “Las enfermedades y plagas en plantas: sus causas y control”, folleto escrito por Rafael A. Torro y un artículo describiendo insectos en las praderas de la sabana bogotana por el hermano Apolinar María, religioso proveniente de Francia.

Trabajos como éstos contribuyeron a que la entomología fuera reconocida oficialmente como ciencia y profesión una década más tarde, en 1927.  No obstante, Luis María Murillo fue el gestor principal de la profesionalización entomológica. Como jefe fundador del servicio de sanidad ambiental del Ministerio de Agricultura, Murillo impelía y posicionaba el estudio y la práctica del control biológico de plagas.

    Se requiere poeta-científico para emprender labor quijotesca

En los 30, el Pulgón Lanigero atacaba, impetuoso, manzanos en Zotaquirá, Paipa y Duitama. A petición de los campesinos afectados, el gobierno envió a Luis María Murillo al frente del programa de control del Pulgón. Murillo implementó una estrategia en donde el objetivo era manejar los recursos mismos de las huertas, en vista de crear el ambiente propicio para la introducción del parásito del Pulgón, la avispita Aphelinus mali. El Neda Murilloi, cucarrón predador descubierto por Murillo y que lleva su nombre, también colaboró en la lucha contra el pulgón. Trabajo de poda, implementación de setos, injertos, aplicación de abonos eran algunas de las actividades que integraban la estrategia tendiente a erradicar al pulgón, que se había establecido en los tallos y las raíces para alimentarse de la salvia del manzano. Actividades que fueron medianamente puestas en marcha por los campesinos, pues la rutina de una labor más sosegada les dificultaba incorporar un trabajo adicional, que, a mediano plazo, los conduciría  a un control duradero de la plaga.

Sin embargo, la población campesina que recibía a Murillo en sus cultivos para sus investigaciones también constituyó una gran enseñanza para el científico. De ellos Murillo expresó: “¡Qué maravillosos son esos agricultores! Observan y conocen la vida del campo con tanta inteligencia, que sólo faltan a su vocabulario palabras científicas para que su relación sea perfecta. Con esa estupenda colaboración iba cumpliendo con acierto mis investigaciones.”

Paradójico, parecería que Murillo no encontraba siempre eco de sus estrategias entre la gente del campo. La gente estaba acostumbrada a resultados urgentes, puesto que lo que estaba comprometido era su sustento. Y desde la entomología, Murillo se topó con el velo de desconfianza que envuelve a toda ciencia recientemente legitimada. Sin embargo, como asistente de un entomólogo extranjero imaginario, pues éste nunca nunca llegó, Murillo se entregó en cuerpo y alma a la labor de investigación de insectos desde el Departamento de Agricultura y Zootecnia del Ministerio de Industrias.

En medio de su quijotesca empresa, no escatimó en la compra de lo que necesitase para el laboratorio, invirtiendo hasta su propio sueldo. A propósito de la desconfianza que despertaba en los hombres de política y colegas agrónomos con respecto a sus estudios entomológicos, Luis María expresaba:

“La iniciación del estudio de Entomología fue una ocurrencia insólita en nuestro ambiente, a juzgar por su recibo. Unos, se sorprendieron de esa chifladura que había surgido depronto por el estudio de los insectos, y otros, protestaban de que hubiera tontos que creyeran que esos bichos insignificantes podían destruir millones de dólares anuales en la economía humana, al punto de que se tuviera que recurrir a gente de sueldo de los gobiernos para estudiar tales paparruchadas”.

No obstante, Murillo creía en el potencial de los insectos para el balance de la fauna de microorganismos. Él los observaba dentro y fuera de su laboratorio, andando esa Colombia rural que en aquel tiempo se componía en su mayoría de huertos poco prolijos. Para ese entonces, los hombres de ciencia eran también hombres de literatura y, a través de ella, expresaban su vehemencia por la materia estudiada. Acerca de sus estudios de la abeja Chibcha, Murillo, bucólico, escribía:

“En el rincón más bello de Tabio, entre los pliegues del Juáica, que se destaca al poniente, he contemplado el nacimiento de las avispas, he palpado las mucuritas de su bella industria cerámica, las he visto trabajar… Cuando las he seguido en su vuelo, me han parecido… los espíritus de los chibchas consagrados en las aguas termales, que vagaron por las curvas del cerro mitológico, cantando, con aladas vihuelas, un himno a la diosa Chía” *.

Luis María Murillo Quinche vivió abundantes experiencias que consolidaron a la Entomología y a la sanidad biológica colombianas en su primera etapa. Es asombroso el hecho de que un hombre, solo, se aventurara en los caminos de la sanidad biológica sin prácticamente ayuda financiera del Estado. Entre las plagas combatidas por la acción de Murillo, se anotan la Diatrea Sacharalis, gusano barrenador en la caña combatido con las avispitas Trichogramma minutum; la Lyperosia irritans, mosca del ganado atacada con avispitas Spalangidae; la Icerva Purchasy, instalada en las plantas ornamentales de Bogotá luego de la introducción de acacias importadas, menguada con Rodolia cardinales.

La colección de conocimientos acerca de insectos acumulada por Murillo abordó también el estudio de factores como el clima, para determinar momentos de reproducción y extinción de poblaciones de la microfauna; análisis consignado en el libro “Los insectos y el clima”. “Sentido de la lucha biológica” se constituye como su obra cumbre, en donde da cuenta de la experiencia con el Sacadodes pyralis dyar, gusano rosado colombiano alojado en el algodón, cuyo agente controlador fue la avispita Aphanteles turbariae.

En justeza, con su nombre permanece bautizada la Colección Taxonómica Nacional (CORPOICA, Tibaitatá, Bogotá), la cual conforman más de 100.000 insectos recolectados por él. Su antecedente en 1943, el “Primer catálogo de Insectos de importancia económica en Colombia”, realizado por Murillo, fue el campanazo clave para que el Ministerio de Agricultura y Comercio dimensionara la importancia de este conocimiento y, por tanto, la inminencia de proveer los elementos necesarios para procurar la conservación de la colección entomológica.

    Gallego, una colección que se vuelve museo

La entomología colombiana tiene otro de sus pilares en Francisco Luis Gallego, quien dirigió la cátedra de entomología hacia una perspectiva ecológica. Su rol en la historia del control biológico en Colombia se destaca en el ámbito universitario, desde donde implementó, como tema matriz de la enseñanza entomológica, la conservación y el uso de la entomofauna benéfica en la lucha contra las plagas.

En 1937, Gallego inició un trabajo de recolección de insectos bajo la forma de un archivo entomológico, que se convertiría en materia museal. En la sede Medellín de la Universidad Nacional, se halla el Museo Entomológico Francisco Luis Gallego, que hoy cuenta con una colección formada por más de 200.000 insectos, dividida en cinco subcolecciones. Del gran legado académico de Gallego, además de sus insectos, quedan rigurosos documentos entomológicos como “Estudios fundamentales” de 1946, que contiene 131 síntesis acerca de 131 plagas.

Otro capítulo importante se abriría para la entomología en 1973, año de fundación de la Sociedad Colombiana de Entomología. Propiciada por Hernán Alcaraz y Germán Valenzuela, SOCOLEN ha funcionado desde entonces bajo una perspectiva bioecológica del ejercicio entomológico y ha contribuido a la reunión de estudiosos de este campo, a favor del intercambio de conocimiento. La investigación entomológica de SOCOLEN ha pasado por el manejo integrado de plagas y el manejo de hongos entomopatógenos, aplicados en plantaciones importantes para la economía nacional, como caña de azúcar, café, arroz, leguminosas, palma de aceite, entre otras.

Asimismo, desde la universidad colombiana, se ha contribuido al desarrollo del conocimiento y aplicación del control biológico. Desde sus departamentos de agricultura e ingeniería ambiental, la Universidad Nacional, la del Valle, la de Antioquia, la Javeriana y la del Tolima han llevado el trabajo e inquietudes de los precursores del control biológico hacia la especificidad regional del campo colombiano, labor innegablemente valiosa para la salud de la naturaleza y de la economía, pues como decía Murillo, “No por diminutos son pequeños los estragos de los insectos en la economía”.

Herederos de la acción altruista de estos hombres de ciencia, hoy varios actores fundamentales siguen contribuyendo a hacer de Colombia un país abanderado en el estudio del control biológico de plagas.

* Publicado originalmente en El gráfico No.715, Nov.29.1924. Tomado del blog Luis María Murillo Quinche http://luismariamurilloquinche.blogspot.ca/2008/01/las-avispas-chibchas.html

Bibliografía:
NICHOLLS E, Clara Inés. Control biológico de insectos: un enfoque agroecológico. Colombia: editorial, 1989. Situación de la parte en la obra.
VALENZUELA, Germán. Cap. I. Aspectos históricos del control biológico. En: Control biológico en Colombia.
http://luismariamurilloquinche.blogspot.com/ [Consultado el 27 de abril 2012]Revista “Manejo Integrado de Plagas” No.56 http://web.catie.ac.cr/informacion/RMIP/rmip56/biblio-a.htm [Consultado el 27 de abril 2012]
http://www.virtual.unal.edu.co/cursos/agronomia/2006631/lecciones/cap04/lec04a.html [Consultado el 27 de abril 2012]

Natalia Fernández-Ruiz
Santiago de Cali, Abril 2012

Biocontrol y especificidad, el objetivo de Sanoplant

Entrevista a Carlos Anibal Montoya gerente de Sanoplant

Carlos Anibal Montoya gerente de Sanoplan

Carlos Anibal Montoya gerente de Sanoplant

Mientras aislaba artesanalmente cepas agresivas para combatir una plaga, Carlos Anibal Montoya presintió que la penetración a la plaga, la inoculación, podía ser bien una práctica que le generase un empleo autónomo, hacer empresa. Y al mismo tiempo hacer, mediante la recolección constante y estudiada, un banco de cepas altamente efectivas para el control biológico de plagas y enfermedades propias a la agronomía y la ganadería.

Estudió primero agronomía y luego se enfocó en las enfermedades de los vegetales. Plantas y hongos, plantae y fungi; insectos. Seleccionar, aislar, purificar, reproducir, observar. Elementos del entorno de estudio del fitopatólogo, que conducirían a Carlos Anibal a la búsqueda de una fusión consistente, entre las cepas y el ambiente afectado en donde serían aplicadas.

Desde su sede en Palmira, en el suroccidente colombiano, Sanoplant, la empresa que constituyó Carlos Anibal Montoya, produce, distribuye y comercializa microorganismos destinados, tanto a atacar enfermedades y plagas agrícolas y pecuarias, como a recobrar el equilibrio biológico del ecosistema en donde actúan.

En tiempos en donde la agronomía y la ganadería tienden hacia esquemas limpios de producción, impulsadas por un cambio en la concepción de la seguridad alimentaria y del medio ambiente, Sanoplant ofrece la potencia del biocontrol. El proceso de identificación de cepas voraces, las bondades del control biológico frente al control químico de plagas, entre otros, constituyeron temas de la conversación que con Carlos Anibal Montoya, gerente y propietario de Sanoplant, tuvo CERES Colombia.

CERES Colombia: Sanoplant cuenta hoy con un banco de cepas ¿Cómo ha sido el proceso para formar esta colección?

Carlos Anibal Montoya: Por mi práctica como fitopatólogo me llegaban muchas cepas y fui haciendo un banco de cepas, que con el tiempo hemos ido aislando, mejorando y enriqueciendo. A veces hacemos intercambio con estudiantes que están estudiando un problema de plaga o enfermedad determinado, quienes nos traen cepas que aislamos y que vamos agregando a ese banco.

CC: ¿Qué características tiene este banco de cepas?

CAM: En la comercialización de los insumos para el biocontrol suele encontrarse, por ejemplo, una cepa como una Beauveria bassiana, de una variedad que ha funcionado muy bien básicamente para el control de la broca, pero que no es tan efectiva atacando otras plagas. Las cepas que hemos desarrollado las hemos relacionado con la plaga específica, para luego reactivarla, seleccionarla y aislarla. Esa especificidad es la que hacemos acá y nos funciona muy bien como elemento de control.

CC: ¿Cuál es la diferencia entre un inoculante convencional y uno generado bajo el esquema biológico?

CAM: Los productos para control de plagas de manera biológica hacen esa fusión con lo que hay en el ambiente, que no hace el inoculante químico. Entonces al aplicarlos hay menos contaminación de aire, del suelo, del agua, menos posibilidades de riesgos para la salud humana, lo que le da un benéfico valor agregado a las producciones agrícolas y pecuarias. Estamos dándole un valor agregado a la producciones y otra cosa más importante, estamos cumpliendo con las tendencias europeas, americanas e incluso colombianas en el mercado, que es disminuir ostensiblemente el uso de agroquímicos.

CC: ¿Cuál es la durabilidad del control de plagas una vez el producto aplicado?

CAM: La durabilidad es constante una vez se logra establecer la cepa y hacer un buen manejo de ella. Te doy un ejemplo, en 1980 se impuso mucho en Colombia el control biológico de la hormiga roja y en las zonas en donde se hizo no ha surgido la necesidad de aplicar ningún otro inoculante, pues hoy en día sigue funcionando el control natural. La relación costo beneficio es alta.

CC: ¿Qué relación de costos hay entre el producto de control biológico y el de control químico de plagas?

CAM: Las ventajas económicas son muchas. Los costos del biocontrol comparativamente con los inoculantes químicos utilizados en la agricultura convencional están por debajo del 50%. Lo otro son los valores agregados que se traducen en la generación de confianza en el mercado y en el consumidor, que no lo logran los productos generados bajo esquemas químicos. Hay una tendencia en la consciencia de la gente hacia productos más sanos, más inocuos, más limpios.

CC: ¿Existe resistencia de algunas plagas o enfermedades hacia el control biológico o es altamente efectivo?

CAM: No. Esa es una de las ventajas del control biológico frente al químico y es que las plagas no generan resistencia. Como te decía, nosotros manejamos algo que se llama “especificidad” que es conseguir que el hongo o la bacteria sea específica frente al problema que nosotros queremos combatir. Porque otro inoculante podría estar atacando también la población benéfica; entonces nosotros estamos apostando a la especificidad, potencializando el producto hacia el objetivo-plaga que haya que eliminar.

CC: ¿De dónde surge el conocimiento y la práctica del control biológico en Colombia?

CAM: El Valle del Cauca es pionero en control biológico. Estamos hablando de casi 40 años de experiencia de control de plagas en caña de azúcar. La experiencia con control empezó con Diatraea spp que es la famosa plaga de la caña. Se trajeron unas moscas taquínida del Perú. Las trajo el doctor Juan de Dios Raigosa, quien fue de los primeros en Colombia que trabajaron con control biológico. Y de allí ya han pasado 40 años.
CC: ¿Hay investigación fuerte en este campo en Colombia?

CAM: Si, Colombia es abanderada y fuerte en el control biológico. Ahora hay profesionales muy preparados en este tema, que se han dedicado al desarrollo de alternativas de control biológico válidas para Colombia y América.

CC: ¿Cuáles son las características del proceso de experimentación de Sanoplant?

CAM: Lo primero que hacemos es estar constantemente recibiendo problemas sanitarios que hacen que nosotros pongamos nuestras cepas a prueba, buscando las más virulentas o agresivas. Permanentemente estamos buscando las cepas naturales del campo, de donde extraemos una serie de organismos benéficos que nos interesa conservarlos para que formen parte de nuestro cepario.

CC: ¿Cuál es el proceso de generación de un inoculante?

CAM: El proceso arranca con que tenemos que saber cuál es el problema a atacar o a controlar. A partir de allí es una estrategia en laboratorio de traer la plaga para aislarla, purificarla y enfrentarla a diferentes clases de cepa. Luego se aíslan y se purifican las mejores cepas, las más agresivas, y se hace una réplica de ellas, un escalamiento comercial, para después efectuar la producción masiva que será aplicada en el terreno.

CC: ¿Cuál es el modo de acción de estos microorganismos?

CAM: Es aplicación directa en campo bajo las condiciones ideales de temperatura y humedad y se espera que en 8 días empiece el control.

CC: ¿Cuáles son las características óptimas de un cultivo para que sea efectivo el biocontrol?

CAM: Lo primero que se debe lograr es un control total del proceso desde el punto de vista de asepsia. Algo importante es trabajar bajo las características del mismo sistema de producción. Es necesario hacer pruebas de antagonismo de viabilidad, llevar un control de calidad interno. Nosotros contamos con un laboratorio externo contratado que a través de evaluaciones y pruebas confirma la efectividad de nuestro producto.

CC: ¿El biocontrol funciona en un cultivo orgánico o convencional?

CAM: Normalmente, cuando la gente quiere acceder al control biológico, lo que hace es una especie de transición hacia lo orgánico. Pero la historia ha demostrado que evidentemente la tendencia hacia el control biológico es creciente.

CC: ¿Qué impactos ambientales tienen estos microorganismos?
CAM: Los impactos son mínimos porque son de baja toxicidad. Si se siguen los pasos de seguridad no hay oportunidad de que se produzcan problemas hacia humanos, animales o medio ambiente, por eso se llama biológico. El microorganismo se integra dentro de un sistema de producción de una manera muy fácil, puesto que lo que busca es disminuir las moléculas químicas que son un gran problema desde el punto de vista de toxicidad, de generación de problemas al medio y al humano.

CC: Además de la tendencia hacia la agricultura limpia ¿Hacia qué otras razones atribuye usted el uso del biocontrol?

CAM: A los altos costos de los fertilizantes y fungicidas químicos y a que definitivamente la gente ya ha comprobado que, además de que son costosos, no están dando los resultados que se requieren. Otra cosa son los márgenes de rentabilidad, por los altos costos de los pesticidas la gente cierra mucho la brecha del retorno de la inversión y eso desmotiva mucho al sector agropecuario.

CC: ¿Hay posibilidades de que un inoculante biológico se salga de las manos?

CAM: En lo que llevamos de investigación en control biológico no ha habido ningún microorganismo que se convierta en un patógeno o algo por el estilo. Esa es una de las ventajas, hay mucha seguridad en este campo.

CC: ¿A quién va dirigida su oferta?

CAM: Pequeño, mediano y grande productor, en cualquier sistema, tanto en la parte agrícola como pecuaria. A nivel nacional e internacional. Estamos exportando a Ecuador y la idea es llegar a Centro América y el Sur de América y Europa.

CC: ¿Cuál es la demanda del producto?

CAM: En este momento la demanda es altísima. Las empresas pecuarias  y agrícolas están apostándole a la producción más limpia, sin trazas de residuos.

CC: ¿Cómo percibe las prácticas orgánicas en el país?

CAM: En este momento se habla de que cerca de un 46% de la producción colombiana es orgánica o biológica frente a un 54% convencional o química. Ha crecido bastante.
CC: ¿Cómo percibe el momento actual y el futuro de la agricultura y la ganadería en Colombia?

CAM: Percibo preocupación a raíz del tratado del libre comercio, porque eso significa que estaremos sujetos a una apertura de mercado que va a hacer que muchos de los productos que aún no desarrollamos eficientemente van a invadir el mercado de la agricultura y la ganadería en Colombia, quizás frenando esa investigación nacional. Pero lo cierto es que mucha gente se está preparando para eso, pues ya la gente asumió que se firmó, entonces no queda más que estar preparado.

Entrevista y redacción: Natalia Fernández-Ruiz
Palmira, Valle del Cauca, Colombia. Abril 2012.

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