La suerte de la eficiencia orgánica

Entrevista a Juan Fernando Suárez – Gerente de Calidad Hacienda Lucerna

Juan Fernando Suárez, Gerente de Calidad Hacienda Lucerna.

Nos encaminamos desde Cali hasta Bugalagrande por la vía vecina a Rozo. La carretera, llana y amigable, se ensombrecía al atravesar los campos de árboles barbados, para volver a iluminarse al ritmo de los cultivos despeinados de caña. Como el sol, la caña de azúcar se impone en el paisaje del Valle del río Cauca, en donde se ubican cerca de 2000 productores del palo dulce, a los que se suman 13 ingenios. Entre productores, 76%, e ingenios, 24%, siembran alrededor de 218.000 hectáreas de caña a lo largo del recorrido del río Cauca por los departamentos del Cauca, Valle y Risaralda.

La ruta de cañaduzales nos condujo hacia la tradicional Hacienda Lucerna, predio que lanza desde sus campos y edificaciones claves de la historia del agro del Valle del Cauca. La casa blanca y roja nos saludó silenciosa con sus ojos-ventana, esos por los que han pasado instantáneas de una familia dedicada al agro; esos que testimonian de las motivaciones de Carlos Durán Castro, científico aplicado, gestor del desarrollo agropecuario del Valle del Cauca en el siglo XX.

Carlos Durán Castro aportó sólidos conocimientos e interesantes acercamientos al estudio, progreso e implementación de esquemas productivos adaptados a la realidad del campo vallecaucano. El desarrollo de la raza Lucerna, eficiente lechera adaptada a las condiciones tropicales, es sólo uno de los efectos tangibles de su emprendimiento. Políticas que pactaron por un desarrollo eficiente del agro regional, basadas en una relación respetuosa con la naturaleza y su sabiduría, constituyen la esencia de su gestión y legado.

Es así como desde su fundador, la Hacienda Lucerna ha sido una especie de finca agrícola experimental, en donde se propende por el desarrollo y aplicación de esquemas productivos adaptados al ecosistema local, respetuosos de la naturaleza y del ser humano. En 1988, Hacienda Lucerna inició su vuelco hacia la agricultura orgánica, con la generación de caña de azúcar para la producción de panela en bloque y granulada. De 152 hectáreas sembradas en caña, generan cerca de 16.875 toneladas al año. Desde esas áreas, en Bugalagrande, Juan Fernando Suárez, gerente de calidad de la Hacienda Lucerna, nos concedió una entrevista, en la que la experiencia de Lucerna como productora de panela orgánica nos reveló interesantes elementos.

Vuelta a lo tradicional 

CERES Colombia: ¿Cuál fue la motivación de H. Lucerna para producir orgánicamente? 

Juan Fernando Suárez: Lucerna era un productor completamente convencional que quemaba, aplicaba herbicida e insecticida. El Dr. Carlos Durán siempre fue un visionario y él decía “pero cómo es posible que en un cultivo de estos cada vez nos volvamos más insumo-depedientes. Tiene que existir otro esquema productivoVamos a darle un vuelco total a esto”. Él se preguntó por qué estábamos acabando con nuestro suelo y deteriorando el medio ambiente y empezó a devolverse; a arreglar esa cantidad de errores que se habían cometido. El doctor Carlos lo que hizo fue mostrarnos el camino. Demostró que la caña no sólo era productiva de la forma convencional, sino también en un esquema orgánico con el que trabajamos hace más de 20 años. Él fue capaz de eliminar el uso de los elementos químicos en la combustión orgánica, pues antiguamente los agricultores no utilizaban químicos. De allí en adelante fue una pelea muy dura, porque para los ingenios decirles “usted no puede quemar si no cortar en verde” era como pegarles una bofetada. Hemos trabajado duro y nos sentimos muy tranquilos con la decisión que el doctor Carlos tomó.

Nosotros no queremos ser únicos, pues sabemos que este es el esquema productivo de un futuro muy cercano o si no, no lo habrá.

CC: Háblenos de lo particular del trabajo en la Hacienda Lucerna.

JFS: Hemos ido rescatando técnicas y modificándolas con nuestras necesidades. Cada día estamos convencidos de lo que hacemos. No hacemos nada mecanizado. El trabajador de la hacienda ya tiene los cuidados dentro de su cultura. Piensa antes de entrar al cultivo, pues es consciente de los daños, no está mecanizado, pues normalmente a los trabajadores los mandan a hacer una tarea, pero no existe la pregunta del por qué. Respetan el cultivo porque conocen los procedimientos que se están llevando a cabo allí. Se ha ido creando una consciencia entre los trabajadores.

CC: Muchas de las técnicas que aplican ¿surgen del conocimiento tradicional?

JFS: Claro. Los abuelos, bisabuelos, nuestros antepasados siempre produjeron con lo que había en campo. Ellos no ponían el uso de los químicos de por medio. Recuerdo que mi abuelo se oponía a la minería a pesar de no tener los conceptos técnicos de los daños que ésta puede producir. Hemos ido perdiendo esa costumbre de producir como tradicionalmente se hizo.

CC: ¿Toman también elementos de experiencias internacionales en orgánica?

JFS: Hay países desarrollados que llevan gran recorrido en lo orgánico. No sería lógico decir que no nos basamos en lo que ellos publiquen. Pero hay una situación particular y es que Colombia es un país tropical. Contamos con la radiación solar los 365 días del año y eso es un potencial que no tienen muchos países del mundo. A partir de ese potencial debemos referenciarnos de lo que hacen en el exterior, pero siempre puliendo con la realidad de nuestros sistemas productivos. Creo que es una mezcla de los dos.

La soledad de los ecológicos 

CC: ¿Se sienten solos como productores orgánicos en su gremio? 

JFS: No tenemos apoyo. Hay que resaltar que los productores orgánicos tenemos unos aliados muy importantes: las certificadoras que hacen que este camino tenga sentido final. La certificadora no es un agente que viene simplemente a hacer una inspección, sino un apoyo para mejorar las cosas que no se han consolidado aún. También, es una entidad que tiene credibilidad. Los productores no han podido identificar esto y se preguntan cómo van a meter una cantidad de plata en una certificación. Miran la parte de los pesos, en lugar de los beneficios a futuro. Ahora cualquier producto debería tener una certificación. La gente responde que el valor agregado de su producto es la calidad, cuando eso debe ser un compromiso. Pero ahora lo que juegan son valores agregados y qué más valor agregado que un sello certificador.

CC: ¿Existe algún incentivo estatal para la producción orgánica? 

JFS: Ninguno. En el mercado internacional tenemos un apoyo fuerte hacia la producción orgánica, porque ellos ya pasaron por lo que estamos viviendo. Ellos ya acabaron todo el recurso de ellos y entonces no les conviene que pase lo mismo en otros lugares.

CC: ¿Existen iniciativas de trabajo conjunto por parte de productores orgánicos? JFS: Productores orgánicos en conjunto no hay. Contamos con la reserva natural El Hatico, con quienes nos certificamos conjuntamente y por fortuna tenemos un ingenio que viene haciendo las cosas de forma diferente, el ingenio Providencia, donde hay alrededor de mil hectáreas certificadas en caña de azúcar orgánica. Desafortunadamente en el Valle del Cauca hay es un monocultivo de la caña, por lo que tenemos que propender a una producción más eficiente. Eficiente en términos de lograr que el suelo y el cultivo sean más duraderos, eliminando elementos químicos de la producción.

Suerte de 22 años* 

CC: Háblenos de la eficiencia de lo orgánico.

JFS: Estamos convencidos de que somos más eficientes que un productor convencional. Solamente este tema, los productores convencionales tienen que coger su cultivo cada cuatro o cinco cortes, es decir, cada cuatro o cinco años y volverlo a sembrar las suertes nuevamente, porque la producción va en caída. Entonces estamos hablando de cuatro cortes. Nosotros en este momento tenemos suertes de caña de 19 cortes y creciendo. De las labores culturales, la que más hace daño es la quema, en donde los primeros cinco centímetros del suelo mueren y allí es donde tenés todos los microorganismos benéficos para el suelo. Nosotros no hacemos eso. Hemos ido creciendo poco a poco, estamos ya en más del 3% de materia orgánica en el suelo. En cuestión de diez años hemos mejorado la materia orgánica en casi un punto. La gente se preguntará ¿apenas un punto? pero el mejoramiento de ese sólo punto es tan grande que nisiquiera se puede cuantificar.

CC: ¿Qué impactos genera la producción orgánica? 

JFS: Si H. Lucerna fuera un productor convencional no generaría más de 8 empleos directos. En conjunto, H. Lucerna genera 70 empleos directos. En la parte ambiental es un pulmoncito en un mar de caña convencional, en donde en estas 222 hectáreas de la hacienda sabemos que no hay política de manejo diferente a la orgánica. Esto nos ha llevado al manejo de zonas de liberación. Nuestra producción y mejora han sido tan grandes, que tenemos zonas de amortiguamiento en la hacienda. Tenemos dos hectáreas de nivelación, cercas vivas y todo el sistema genera una mejor producción en las partes que lo componen. Esperamos que lo que nosotros venimos haciendo pueda ser copiado. Que nos olvidemos del herbicida y tengamos rebaños de ovejas; que nos olvidemos de las quemas y tengamos corteros que puedan sentirse sanos cortando la caña en verde; que tengamos zonas, que no sean aptas para la caña, en otro tipo de manejos. Si hacemos esto vamos a conservar el recurso hídrico, uno de los más importantes.

CC: ¿Qué actitudes se requieren para ser un productor orgánico? 

JFS: Lo primero, creer que la producción orgánica sí es posible. Lo segundo, tener ganas, porque no puedo desconocer que la producción orgánica demanda muchísimo más tiempo que la producción convencional. Pero si uno está convencido de ese tema, pues lo hace.

CC: ¿Cómo percibe el mercado orgánico en Colombia? 

JFS: En Colombia sí hay nichos, lo que pasa es que la panela es un producto muy difícil. Con la panela hay que entrar a competir con precios en el mercado nacional. El mercado internacional sí paga el valor agregado de lo orgánico.

CC: ¿Cuál ha sido la experiencia de H. Lucerna en el mercado internacional? JFS: Es triste decirlo, pero cuando empezamos con la panela orgánica, nuestro cliente en EEUU nos dio un apoyo muy fuerte. Antes de tener apoyo nacional, tuvimos apoyo internacional. Es rico pensar que el producto de uno está llegando a x país, pero más rico sería decir que nuestro producto está llegando a varias ciudades de nuestro país.

CC: ¿Qué clientes surten y cuál es la demanda? 

JFS: En el Valle a La 14, Olímpica, Surtifamiliar y Comfandi. Algunos distribuidores de pequeñas supermercados y tiendas. Esto es porque la producción no nos alcanza. Sé que si fuéramos capaces de encontrar aliados que quisieran acercarse al nicho de lo ecológico, si producimos 1200 toneladas, 1200 toneladas vendemos. Pero ahora nos tenemos que limitar a lo que hacemos. Por eso hemos pensado en hacer una pequeña alianza con otro trapiche, para tener otro sitio en donde poder producir nuestra panela e incentivar a otros productores a que se certifiquen. Tranquilamente, podemos pagar 3 mil ó 4 mil pesos más por tonelada de caña a un productor orgánico de lo que le está pagando un ingenio.

El sabor de lo orgánico 

El sabor de lo orgánico

CC: ¿Cuál es el sabor de una panela orgánica frente a la convencional? 

JFS: Como buen paisa soy buen consumidor de panela. Antes, en Medellín, compraba la panela sin diferenciarla. Pero cuando uno ya conoce su panela, uno diferencia. En una aguapanela se sienten sabores distintos. Se perciben sabores más amargos y en algunas, no en todas, cierto sabor a algún químico, como un floculante o una acrilamida sintética, pues a los cultivos convencionales de caña, faltándoles 8 semanas para el corte los maduran. Ponen banderas y con una avionetica ¡yum! les aplican ese madurante que inhibe el crecimiento de la planta, entonces la concentración de azúcar se queda en el entalle. Desafortunadamente todos esos madurantes son químicos y la mayor parte son a base de glifosato. Esto sigue siendo permitido y los que consumen azúcar convencional lo ingieren.

CC: ¿Cómo percibe los hábitos de consumo de los colombianos? 

JFS: Los productores de orgánica tenemos que mejorar algo. Sabemos que un producto orgánico tiene un valor agregado que hay que incluir en el precio. Nosotros lo ponemos, pero en una escala en la que cualquier persona pueda consumirlo. Desafortunadamente muchos productores orgánicos inflan los precios. A eso no podemos llegar, porque estamos demostrando en este momento que tenemos sistemas de producción eficientes, más rentables, entonces ¿cómo vamos a trasladarle al consumidor final esos precios tan altos? Así, el consumo de lo orgánico se vuelve elitista.

CC: ¿Cómo motivar a consumidores a optar por alimentos sanos y a productores a adoptar esquemas de producción orgánicos? 

JFS: Tenemos que trabajar desde los niños, porque los padres de familia no prefieren para ellos mismos lo mejor, pero para sus hijos sí. En escuelas, colegios, universidades, supermercados, la clave sería capacitar a los padres de familia y mostrarles los productos que existen para la alimentación sana de sus hijos. Yo creo que ese es el camino. En cuanto a los productores, hay algunos que se motivan por el bolsillo. Hay que mostrarles lo rentable que puede llegar a ser lo ecológico frente a lo convencional.

Cuestión de réplica 

CC: ¿Existe alguna divulgación de la investigación y desarrollo de Lucerna?

JFS: Compartimos todo nuestro conocimiento, pero nos falta ese apoyo en la divulgación, pues ocurre que se tiende a pensar en los agricultores orgánicos como locos o románticos. Ofrecemos visitas en donde mostramos todo el proceso de la panela, no sólo el de la planta y trapiche sino también el de campo. Lo interesante es que lo que cobramos por esas visitas, lo invertimos en investigación. Con esto queremos divulgar más el conocimiento acerca de los esquemas productivos ecológicos; que los productores vengan e interactúen, pues de esas visitas han salido ideas muy buenas. Que no sólo se piense en Lucerna como pionera, si no como una réplica de muchísimos productores en la región, que puedan alcanzar lo que nosotros, en la parte de producción ecológica. 

CC: ¿Conoce experiencias locales similares en agricultura orgánica? 

JFS: Por la zona no hay experiencias similares. Está el Ingenio Providencia que tiene alrededor de mil hectáreas certificadas. Hay réplicas en Tolima, Antioquia, la Costa Atlántica que ayudan a demostrar que estos esquemas son los viables. Hay productores de fruta que van para delante con el manejo orgánico. También los hay de palma y de café. Pequeños y medianos productores deben volverse las personas capaces de mostrar y replicar esto en las regiones. El esfuerzo no debe ser de uno solo. El mercado está pidiendo producción orgánica, pero no hemos podido enviar más producto porque no lo hay. Mientras haya más productores orgánicos, va a haber más cobertura de los mercados que ahora no se cubren por la insuficiencia de la oferta.

CC: ¿Desde la H. Lucerna como productora orgánica, qué propondría al campo? JFS: Antes se trataba de los que nos naciera tener una producción orgánica. Ahora creo que necesariamente se trata de una obligación. El recurso agua se está agotando y la gran cantidad de elementos químicos que estamos utilizando va generando una residualidad en los alimentos y en el cuerpo humano. La clave es apoyarnos unos a los otros, porque ahora estamos solos. Algo importante es que los productores nos volvamos comercializadores de nuestros productos. Así, tendremos mayor utilidad y podremos fijar un precio más favorable al consumidor final. Es allí cuando los productores preferirán producir saludable a convencional. Necesitamos más apoyo del Estado y, en las ferias, más campo a los productores ecológicos. Y tener en cuenta que lo que hacemos desde la producción ecológica es en pro de todo el país, de la naturaleza, no solo de unas cuantas personas.

Después de varias horas de dedicación de Juan Fernando hacia nosotros, en las que recorrimos la hacienda, volvimos agradecidos a la carretera. Aún con el enérgico dulce de la panela Lucerna en el gusto, nuestras papilas, románticas, sentían una conexión directa con el trabajo de la tierra, con la tradición de saber escuchar a la naturaleza, esa práctica tan propia de la labranza de nuestros abuelos. Esa que sigue guiando las acciones de la Hacienda Lucerna hacia la construcción de futuro, pues como afirmaba Juan Fernando, “Hay daños en nuestro planeta que ya son irreparables. Lo que tenemos que pensar es en cómo no continuar dañándolo. Las grandes potencias lo han hecho y quieren devolverse. Creo que tenemos que pensar es en hacer futuro”.

*Suerte: Lotes sembrados de caña de azúcar.
Información visitas guiadas Hacienda Lucerna: Juan Fernando Suárez – Gerente de Calidad
lucernaproduccion@gmail.com 

Entrevista, redacción y fotografía por:
Natalia Fernández-Ruiz
Cali, Colombia, febrero 28 de 2012

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