Experiencias de agricultura orgánica colombiana: Huerta orgánica MMR

Experiencias de agricultura orgánica colombianas. Hernando Pulido, productor orgánico, propietario de la Huerta Orgánica Mis Mejores Recetas, nos cuenta acerca de su experiencia con su sistema de producción ecológico. La huerta orgánica MMR produce, y desde Subachoque distribuye a domicilio, legumbres, frutas y hierbas condimentarias orgánicas en la ciudad de Bogotá y alrededores. También, están abiertos a recibir productores que quieran enterarse de su sistema de producción orgánico. Informes: 317-3623137 huertaorganica.mmr@gmail.com

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“Lo orgánico sabe a realidad”

Entrevista a Sara González de CERES mercado orgánico

En Colombia, la presencia de los mercados verdes es aún anecdótica. Comercios establecidos, en el que un colombiano pueda hacerse a una despensa con alimentos orgánicos, todavía constituyen alternativas adjetivadas como originales, debido a su carácter escaso.

En este contexto, algunos agricultores orgánicos optan por comercializar sus productos en el exterior, en la búsqueda de mercados y consumidores que estén dispuestos a pagar el valor de un alimento sano. En general, el consumidor colombiano desconoce el valor nutricional de alimentarse con frutos de la tierra producidos bajo esquemas limpios de producción. En el afán de la cotidianidad de un país, en donde la economía de gran cantidad de hogares es de subsistencia, el valor que se busca al adquirir la canasta familiar es el de la frugalidad.

No obstante, la posibilidad de acceder a una alimentación sana no debería ser privilegio de clases pudientes, sino una realidad común a todos. En Colombia se evidencian múltiples factores que dificultan este objetivo: escasas políticas encaminadas al incentivo y al fortalecimiento de redes de producción agropecuaria orgánica y/o con buenas prácticas; exiguo control y promoción de la producción orgánica ante las cadenas de supermercados, que comúnmente no pagan el valor justo al productor orgánico, mas etiquetan el alimento biológico con un precio elitista; incipiente demanda de alimento orgánico por parte del consumidor nacional, que se traduce en costos elevados para la oferta agrícola orgánica colombiana. Y así, se podrían incluir cantidad de aspectos que tocan desde dinámicas económicas, así como la soledad de los agricultores biológicos, hasta un inminente cambio de consciencia de consumidores y productores.

Afortunadamente, al otro lado de la moneda, se visualiza gente trabajando con convicción e ideas frescas en la gestación de la transformación de los hábitos alimenticios venidos con la modernidad – vinculados con la inmediatez de la síntesis química – hacia una cultura alimenticia sensata y consciente. En ese escenario actúa Ceres, mercado orgánico, que en Medellín abre sus puertas no sólo a la comercialización de los productos orgánicos de campesinos de la región, sino también a la comprometida tarea de re-educar a consumidores en una cultura de nutrición en donde haya conocimiento del origen y del tratamiento de los productos alimenticios. En donde haya consciencia del trabajo de los agricultores y de su sostenibilidad. En donde haya una contribución a la protección del medio ambiente a través del consumo de alimentos agroecológicos producidos bajo esquemas respetuosos de la naturaleza.

Mercado orgánico Ceres, en Medellín. Foto tomada del sitio Facebook de Ceres, mercado orgánico

Mercado orgánico Ceres, en Medellín. Foto tomada del sitio Facebook de Ceres, mercado orgánico

CERES Colombia conversó con Sara González, co-propietaria y co-fundadora de Ceres mercado orgánico, acerca de su experiencia con su establecimiento; charla que evidenció la inminencia del fortalecimiento de redes de campesinos, consumidores y comercializadores, en la búsqueda de una realidad alimenticia sostenible y saludable.

CERES Colombia: ¿Qué es CERES mercado orgánico?

Sara González: Ceres es un espacio en donde comercializamos productos orgánicos y vegetarianos, cultivados y procesados de la mano de personas interesadas en rescatar las raíces de la alimentación integral, completa y sin contaminaciones. Es un mercado en donde se ofrecen frutas y verduras orgánicas, agroecológicas, sin ningún tipo de fumigaciones. Y otra línea de conservados orgánicos, una línea para el hogar y otra de aseo personal.

CC: ¿Cómo surgió la idea de montar un mercado con este tipo de productos?

SG: Julia correa, mi socia, y yo, desde siempre en la universidad, hemos tendido a la prácticas relacionadas con obras sociales. Decidimos, en el momento de emprender una vida laboral, buscar una solución con la que pudiéramos abarcar un público en la ciudad. Encontramos muchos campesinos en el mercado convencional y quisimos apoyarlos y la agricultura orgánica entonces nos pareció el complemento perfecto. Apoyar al campesinado que es un público vulnerable, pero que está de cierta manera aportando para la sostenibilidad tanto de su familia, como del medio ambiente y a la salud de quienes consumen sus productos.

CC: Siendo tú, Sara, comunicadora social y Julia, diseñadora de interiores ¿Cuál es la relación que construyen con la agricultura orgánica?

SG: La agricultura orgánica es un estilo de vida. Al estar vinculadas a este mundo hemos aprendido mucho; hemos trabajado de la mano de expertos en agricultura orgánica. Son conocimientos que uno va interiorizando y comprendiendo. No tanto la parte técnica; no tenemos el conocimiento de un agrónomo o una persona que ha estudiado la tierra y sus componentes. Manejamos muy buenos contactos, tenemos buenos maestros y trabajamos con los campesinos en una base de confianza.

CC: ¿ Cuál es el perfil de los productores que proveen su mercado?

SG: Trabajamos inicialmente con dos proveedores para la verdura. Uno de ellos es un campesino que se llama Jhon Ríos, él tiene sus cultivos en La Ceja. Ha sido parte de la organización COAS1. Ahora es independiente. Es un campesino gran amigo nuestro. Él se encarga de liderar una red con sus amigos aledaños para trasmitir su conocimiento. Y también estamos de la mano con una finca en Rionegro, donde se está generando una cooperativa de apoyo a los campesinos y existe un gran cultivo que es un lugar de enseñanzas.

CC: Los productos comercializados ¿han sido certificados bajo un sello nacional o ustedes mismas han hecho el control?

SG: Manejamos un aval de confianza con nuestros proveedores. En nuestro equipo de trabajo contamos con personas que nos acompañan y asesoran en estos procesos. Con los campesinos hacemos las visitas y ellos son quienes deben explicarnos cómo hacen sus procesos de siembra y fumigación. La agricultura orgánica se hace evidente, además que deben contar con insumos de preparaciones que se deben encontrar en el cultivo. Se deben hacer evidentes los biofertilizantes y diferentes minerales, como la harina de rocas en los cultivos. Se van creando redes y es nuestro deber y responsabilidad confiar en esa red. Los campesinos con los que trabajamos llevan en esto muchos años, incluso más de los que tiene Ceres en el mercado, ellos han forjado sus procesos agroecológicos por su cuenta. Ahora, en conjunto con Ceres, se refuerzan los procesos y canales de distribución.

CC: ¿Qué productos constituyen la oferta de Ceres?

SG: Manejamos todo lo que son frutas y verduras. Una línea de procesados como aromáticas, sales, miel de abejas, especies, bebidas. Además de ser mercados de orgánicos, también es uno de productos vegetarianos. No vendemos nada que provenga de animales, pues estamos en su defensa. También vendemos granos, arroces, pastas, panes, café. En la línea de aseo tenemos aceites corporales., shampoos, cremas de dientes, jabones. En la línea del hogar, desinfectantes, desengrasantes, multiusos, lavalozas, jabones para las manos. También vinos locales. Son licores artesanales producidos de mora y de mortiño.

CC: ¿Todos los productos son nacionales o importan algunos productos?

SG: Tenemos cuatro productos que son importados porque tristemente no se encuentran acá. Desearíamos que todos los productos fueran locales. Tenemos el jarabe de agave que es un endulzante mexicano increíble, además de que es sumamente respetuoso con los animales. Están las bebidas que reemplazan de cierta manera la leche, de arroz y de quinoa. Una pasta biológica italiana. Y sal del Himalaya que es americana.

CC: ¿Logran hacer una dieta completamente orgánica con los productos que tienen al alcance?

SG: Claro que sí. Socialmente es imposible seguirla, porque uno no siempre puede ir a la casa a comer; tienen que comer por allí en donde se aparezca el almuerzo. Pero yo creo que con los productos que encuentras en Ceres, puedes llevar una vida orgánica y sana en tu cotidianidad.

CC: ¿A qué sabe lo orgánico?

SG: Un producto orgánico sabe a lo que debe saber. Por ejemplo, un tomate orgánico tiene un sabor increíble, sabe a realidad. Sabe a raíz, sabe a integral.

CC: Los precios ¿Son asequibles a qué tipo de consumidores?

SG: Debido a la poca demanda los productos orgánicos son un poco más costosos, para públicos estrato medio y alto. Tratamos de manejar precios muy competitivos en el mercado. Quisiéramos abarcar todos los públicos, pero entre menos demanda haya menos oferta hay y es más difícil el proceso de distribución y de comercialización. Una vez se logre posicionar e incrementar el consumo de orgánicos, los precios tienden a bajar. Son productos muy especiales en el mercado y por eso incrementa su costo.

CC: ¿Qué percepción tienen del consumidor colombiano?

SG: Podemos hablar del consumidor paisa. Las personas de Medellín son de mentalidad muy cerrada. Somos criados de una manera que creemos que es la única. No todos tenemos la capacidad para abrir nuestra mente y percepción para entender esto. Ha sido muy difícil. Ha sido un proceso de educación y capacitación, constante acompañamiento. Mostrarles con hechos, cifras, qué es lo que pasa con los químicos. Pero se ha ido logrando un público, un mercado. Creo que con todo el impacto global que se ha generado hacia el medio ambiente, la gente ha reflexionado que no tiene por qué ser así, que estamos acabando con el planeta, que nos estamos intoxicando. En este momento estamos generando un despertar hacia la agricultura orgánica, hacia una vida sana, hacia una vida más tranquila. Estamos en un inicio, pero vamos muy bien.

CC: Ustedes manejan cierto tipo de actividades, como las salidas agroecológicas ¿estas actividades están enfocadas hacia esa re-educación del consumidor?

SG: Claro que sí. Tenemos ciertos programas para tratar de acercar al consumidor hacia las prácticas de agricultura orgánica; porque la gente se ha alejado completamente de sus raíces, de su conexión con el campo. Uno escucha a niños que creen que las frutas y las verduras vienen del supermercado y que son transportadas a la casa, entonces no logran esa relación de la tierra hacia la mesa. En estas salidas estamos invitando a familias con sus hijos, sus amigos, a que vengan y conozcan las prácticas; que vean que es un proceso muy bonito, muy grande. Queremos mostrar que nuestros productos tienen gran valor nutricional y social. Y también, con unos compañeros del restaurante vegetariano “Verdeo” estamos generando espacios en donde surgen charlas, clases de cocina, en donde se enseña a la gente a consumir sano, a consumir otros productos, a ver qué está pasando con el mundo.

CC: ¿Qué impacto ha tenido Ceres en su localidad?

SG: Pienso que ha sido un impacto positivo en la comunidad. Estamos ubicados en un lugar muy bonito, en un barrio muy tranquilo de Medellín, en el poblado. Estamos rodeados de naturaleza. La gente se intriga, la gente camina, viene mucho extranjero. Nos ven como algo novedoso, como un espacio tranquilo y ameno para disfrutar y aprender.

CC: En otros tipos de espacios como ferias o mercados móviles ¿Han participado? ¿Podríamos pensar que hay espacios para promocionar este nuevo tipo de consumo?

SG: Tenemos un gran defecto y es que le metemos mucho corazón a las cosas. Hemos tenido invitaciones a ferias pero hemos estado muy escépticas a compartir espacios  desligados de nuestra ideologías. Y ferias verdes o ecológicas son pocas. Siempre buscamos la forma de hacernos conocer, pero bajo nuestra ideología. No queremos que la gente nos confunda, que malinterprete nuestras ideas.

CC: ¿Conoces otras experiencias de mercados similares al suyo?

SG: Si. Más o menos como hace 17 años está un mercado orgánico, creo que es el único que existía antes que nosotros, en Medellín, se llama Coliflor. Es un mercado campesino muy bonito porque ellos mismo producen y comercializan sus productos. Existen charcuterías y otras tiendas que venden productos orgánicos. Pero en realidad, mercado orgánico como tal con gran variedad de productos orgánicos y naturales, solamente somos dos.

CC: ¿Cuáles son las motivaciones de los agricultores proveedores de Ceres para producir bajo esquemas de producción limpios?

SG: Por ejemplo, nuestro gran acompañante durante todo este proceso tuvo una experiencia de vida muy bonita y fue cuando ya, en agricultura convencional, estaba absolutamente explotado, destruido, no le quedaba ninguna opción de vida. Estaba debiendo más de lo que producía; estaba muy mal económicamente y un amigo de él, alguien que conoció de COAS, en donde él empezó a practicar la agricultura orgánica, le ofreció la oportunidad de cultivar lulo orgánico. Y él dijo, “bueno qué más me queda, tratemos”. Y se metió con la cosecha de lulo y vio que la podía hacer, que los precios eran más bajos, el sabor mejor y el fruto más sano. Y desde hace 7 años produce orgánico. Ahora está tan capacitado y tiene tanto conocimiento, que inclusive es asesor para otras fincas, para enseñarles cómo es el proceso. Se ha convertido en una inminencia en agricultura orgánica en Antioquia. Ellos están tratando de ir en contravía del mercado convencional. En orgánico tienen un pago justo por sus productos. Se encargan de producir, de vender y tienen la conciencia tranquila de que sus productos están llegando de la manera correcta al consumidor final.

CC: Ceres hace parte de una red colombiana de agricultura biológica ¿podríamos hablar del trabajo que hacen ustedes allí? ¿Cómo funciona esta red?

SG: Cuando decidimos crear este espacio de mercado orgánico, fuimos a muchas entidades institucionales en busca de ayuda, de información, de soporte. Y la verdad el desconocimiento en la secretaría de agricultura es absolutamente vergonzoso. No tienen ni idea de lo qué es un producto orgánico. Cuando empezamos no recibimos la ayuda ni la información necesarias de parte de entidades institucionales. Llegamos a la esta red que se llama RECAB2. Ellos fueron quienes nos apoyaron con la información sobre los proveedores, los agricultores. Nos dieron mucha información sobre agricultura orgánica y acompañamiento en nuestra fase inicial. Ahora ya no estamos trabajando en conjunto con ellos, pero seguimos en contacto y apoyándonos mutuamente. Nuestro gran contacto para empezar fue esta red. La red es algo muy efectivo.

CC: ¿Conocen políticas que motiven la producción orgánica en Colombia?

SG: A nivel estatal todavía está muy débil. Falta mucho apoyo del gobierno. Mucha documentación, enseñanza, capacitación. Creo que es casi nulo lo que recibimos y lo que reciben los agricultores de parte del Estado. Es más bien la gente con corazón y con capacidad para ver otros tipos de alternativas de vida la que decide apoyar los procesos de las pequeñas redes de cooperación con la agricultura orgánica.

CC: ¿Qué percepción tiene de la agricultura orgánica en Colombia?

Pienso que estamos en un nacimiento, en un inicio, en crecimiento, en desarrollo. Todo esto de la globalización, del TLC, son condiciones en donde podemos generar ideas que nos ayuden a comprender dónde está la honestidad de los productos. A mejorar las prácticas agroecológicas.

CC: ¿Qué propondría a la agricultura colombiana?

SG: Uno de nuestros sueños es seguir conectando las redes. Es seguir cambiando y mejorando la vida de los campesinos. Lo más importante es fortalecer las redes existentes. Desde que haya una buena producción, desde que se consoliden estas redes y se tengan ideales claros se tiene resuelto lo fundamental.

Entrevista y redacción: Natalia Fernández-Ruiz
31.05.12

Ceres, mercado orgánico
http://www.facebook.com/ceresmercadoorganico
Provenza: Cra 35 # 8a-3 (Una cuadra arriba de La Divina Eucaristía). Medellín, Colombia
Teléfono: 2665360

Tomado de sitio Facebook de Ceres, mercado orgánico.

Tomado de sitio Facebook de Ceres, mercado orgánico.

La inversión es de tiempo y convicción

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Fernando Soleibe, Programa de agricultura orgánica, Caficauca

Entrevista Gustavo Umaña y Fernando Soleibe de Caficauca

El cooperativismo es una alternativa beneficiosa para los pequeños agricultores. Asociarse para alcanzar niveles de conocimiento técnico en agricultura orgánica, para avanzar, para hacer más eficientes los ingresos. El esquema cooperativo es democrático, un sistema en donde los socios tienen voz y voto en la toma de decisiones. Sin ánimo de lucro, los excedentes cooperativos se revierten en servicios para los participantes del esquema.

La producción de café ha sido históricamente uno de los sistemas productivos más contaminantes y despilfarradores de recursos naturales. Bajo el cooperativismo, numerosos caficultores del Cauca han encontrado la vía para cambiar sus esquemas productivos de convencionales a orgánicos, a través de la acción y el liderazgo de Caficauca y su programa de caficultura orgánica. Sin embargo, la tarea no ha sido fácil. En un país en donde el incentivo a la producción y al consumo orgánico es prácticamente insignificante, la debilidad institucional y cultural, entre otros factores, dificultan el camino para dirigir las prácticas agrícolas hacia la construcción de un campo más sano y ecológico.

En este marasmo institucional, cooperativas como Caficauca impulsan los procesos de educación en agricultura limpia en grupos de campesinos, con el apoyo financiero de cooperación internacional. Compleja tarea de reivindicar la relación del campesino con la protección del medio ambiente y la seguridad alimentaria, en la ausencia de una sostenibilidad financiera, debida a las variables del mercado internacional, a la falta de protección del Estado al campo y a infinitos aspectos que parecen desestimular la producción limpia.

CERES Colombia conversó con dos hombres claves del programa de caficultura orgánica en Caficauca, Gustavo Umaña y Fernando Soleibe, quienes hablaron acerca de los obstáculos que han encontrado en la aplicación del programa, así como de la inminencia de lograr una sostenibilidad financiera de la caficultura orgánica para los pequeños productores.

¿Qué es Caficauca?

Caficauca es una cooperativa con 50 años de servicio. Pertenece al gremio del esquema comercial de la Federación de cafeteros. Cumple una función social y comercial. Tiene 3000 asociados caficultores del departamento, en 28 municipios del Cauca.

Institucionalmente hace 8 años, Caficauca viene con un programa que hemos venido sosteniendo, que es el paquete que tenemos certificado. Ha sido muy difícil porque han entrado y salido varios productores del programa, debido a diferentes factores que no hacen atractiva la producción orgánica para ellos.

¿Cuál es la motivación de Caficauca para promover la caficultura orgánica?

En el esquema gremial la consciencia ecológica es menor. Hace poco tiempo se ha venido gestando un cambio de mentalidad. Por muchos años el sector cafetero era el que más afectaba los recursos naturales, la contaminación de las aguas y de los suelos Se ha cambiado un poco el modelo tecnológico en la producción, en el manejo del café, de las aguas, de la vivienda y esto ha hecho que se tome un poco más de consciencia de lo ecológico. El Cauca tiene un potencial grandísimo para la producción limpia, pero tenemos la dificultad de que los productores son muy débiles en el tema cultural, por la misma influencia que hay de los otros caficultores que trabajan con agroquímicos, que buscan tener una mayor producción a costa de los fertilizantes. Entonces muchos productores orgánicos se ven desmotivados porque sus ingresos son menores frente a los del vecino, que es productor convencional. Aún cumpliendo con la misma producción, los productores orgánicos perciben mucho sacrificio en su mano de obra y muchas veces esto no se ve recompensado en el precio del café.

¿Cuántos agricultores están adscritos al programa de caficultura orgánica?

400. Llegamos a tener 700. Hemos hecho filtros porque muchos no cumplían con la norma, entonces no pudieron ingresar en un comienzo. Otros debían pasar por una etapa de descontaminación. Eso algunos no lo entendieron, entonces no aguantaron los dos o tres años que tenían que cumplir, caían en sus prácticas anteriores y no pudieron continuar. Otros aprovecharon todo el paquete tecnológico, recibieron ayudas. Hemos tenido ayudas de cooperación internacional para mejorar el programa, los esquemas de producción, el beneficiadero, el secado, el manejo ambiental. La fortaleza cultural y mental es un poco baja entre los productores, entonces la gente termina desertando y tomando otras opciones a pesar de que haya aprovechado algunos beneficios del programa inicialmente.

¿En qué consiste el paquete tecnológico de caficultura orgánica promovido por Caficauca?

Tenemos un paquete tecnológico bien formado con el equipo técnico y los productores, para mejoramiento y conservación de suelos a través de la utilización de los recursos orgánicos, de la implementación de fertilizantes orgánicos. Manejo de control de plagas mediante agro-biológicos y también con preparación de caldos en las fincas, con base en plantas medicinales. Tenemos la parte de manejo de residuos orgánicos, de no contaminación, tanto por suelos como por aire, a través de barreras laterales. Se necesita mucha asistencia para trabajar porque se requiere mayor cantidad de tiempo para implementar un manejo del esquema orgánico. En orgánico manejamos la selección de las coberturas nobles, el deshierbe alto para la conservación del suelo. Eso requiere mayor inversión de jornales y consciencia del productor para hacer eso. Para saber reconocer una maleza de una cobertura. Mientras el convencional le pasa la guadaña por encima sin contemplación. Allí es donde tenemos la variable entre los dos sistemas.  No es un paquete técnico que valga plata sino que lo que vale es tiempo.

¿Cómo se realiza el control de plagas en esta caficultura orgánica?

A partir del conocimiento de los productores, tenemos un reconocimiento de plantas que tienen una aplicación en determinados usos, como el ají, la ortiga, la salvia, el extracto de papaya, que utilizamos para plagas y enfermedades. Tenemos un manual de 60 preparaciones con distintas tipos de plantas. Además, estamos trabajando sobre los hongos agro-biológicos con buenos resultados. Para preparar un producto de estos el productor necesita tiempo y allí es donde está la inversión.

¿Cómo se realiza el lavado del café en este esquema?

Hacemos un beneficio ecológico en donde no utilizamos transporte de agua, sino que hacemos el lavado directamente en tanque. Despulpamos por gravedad, se fermenta sin agua, los granos se secan al sol. Es conservacionista el sistema que le trasmitimos al productor. En el manejo de los residuos, la pulpa se utiliza como abono. Que vaya a unas composteras, que no haya contaminación por las aguas mieles. Hacemos tratamiento de agua grises de los lavaderos. En este sistema la primera cabeza de lavado, que es la que tiene mayor porcentaje de contaminación por aguas mieles, la llevamos a la compostera porque es agua rica en potasio. Entonces trabajamos sobre la segunda y tercera agua, que es a la que le hacemos el tratamiento por medio de bacterias, pozos y después dejamos que infiltre en el suelo. Tratamos de ser muy ecológicos.

¿Conocen programas similares de caficultura orgánica?

Los programas son insuficientes aún. Es que aquí las posibilidades de utilizar químicos son mínimas porque son productos costosos, pero ni la federación ni la cooperativa han tomado consciencia de esta situación a favor. A través del Ministerio de Agricultura y Medio Ambiente, de Hacienda, el gobierno debería incentivar estos procesos de agricultura limpia.

¿Cuáles son los retos de transición de una caficultura convencional a una orgánica?

Es difícil llegarle a 60 mil familias de caficultores, aptas para una producción limpia. Se requieren muchos recursos, porque aquí son minifundios y no fincas grandes. La otra parte es el tema organizacional, el lograr que los caficultores se agrupen, que sean asociativos. Eso es un trabajo de cambio de mentalidad y pensamiento. De ideas de que podemos compartir. Todo el mundo quiere tener su propio beneficiadero, su propio secadero. Es un poco ese sentido social de que yo tengo lo mío y el vecino lo suyo y a mí no me importa si hace o no hace, soy yo. El individualismo imperante. Eso también lo tenemos dentro del paquete, lograr que ellos se organicen. Ese tema es complicado porque los productores no son conscientes de que estar organizados implica disciplina, gastos, cumplir con tiempos y capacitaciones. Los que logran tomar consciencia de eso se mantienen en el programa, los otros desertan. Tenemos un porcentaje alto de deserción por esta situación.

¿En qué radica la desmotivación de los caficultores del Cauca?

Hay factores negativos que han desmotivado a tener una mayor organización de los grupos orgánicos. El Cauca tiene gran potencial pero no tiene apoyo tecnológico ni institucional, tanto de Federación como de las casas comerciales, entonces la gente muchas veces no se ve motivada a seguir un esquema orgánico. Hay muchos que producen empíricamente, sin un paquete tecnológico y terminan con unas producciones bajas, con muchas enfermedades en sus cafetos y a veces se les daña el café y dejan de producir porque no tienen la idea de que en una producción limpia no se puede tener un café abandonado. Sin embargo hay potencial.

¿Entonces el eco de este programa en la región es?

Hay productores que quieren ser orgánicos, pero al lado hay 10 que son convencionales, mientras el saca 50 arrobas por hectárea, el otro saca 120, 140. Si el productor orgánico se preocupa por tener 4000 ó 5000 árboles por hectárea en lugar de 600, pues va a ver que la diferencia de ingreso frente al convencional no es grande. El tema comercial es el que más golpea, el del posicionamiento comercial del café. Sin embargo hay interés, pero hace falta fortaleza institucional en el proceso.

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Hablemos de la comercialización del café producido por la caficultura orgánica del Cauca

En el mercado hay grandes equivocaciones. Se dice que en el mercado no hay espacio para la producción orgánica de los cafés del mundo y resulta que sí, nosotros estamos convencidos de que sí. Lo que pasa es que el exportador natural del café de la Cooperativa es la misma Federación de Cafeteros o Expocafé y muchas veces por cuestiones de mercadeo no se logra ubicar un buen comprador que esté dispuesto a pagar por ese sello y por la caficultura orgánica. Hemos tenido grandes dificultades en el tema comercial, por el posicionamiento del programa y por tener una sostenibilidad, que al caficultor le asegure tener un ingreso permanente. Entonces, cada año estamos al va-y-ven del mercado internacional y de las posibilidades comerciales que nos hagan nuestros exportadores. Eso ha sido negativo porque hay años que nos ha ido muy bien y otros que han sido terribles, porque no hemos tenido sobreprecio y eso desmotiva al productor para tener su café certificado. Adicional a eso, la locura de la diferencia de prima de calidad que tiene Colombia frente a otros países nos hace menos atractivos en el mercado internacional. Ya hay países que tienen cafés en iguales condiciones de calidad, que también son orgánicos. Como el café orgánico de Perú y Centroamérica, que son mucho más baratos para  los que el comprador puede pagar primas altísimas de bonificaciones y sobreprecios y siguen siendo cafés mucho más baratos que el café colombiano. Entonces para un cliente en el exterior no es atractivo comprar café colombiano. Eso es una crisis que hemos venido viviendo desde hace 3 años, que desafortunadamente ha ido envolviendo el desinterés de los cafeteros.

¿El café orgánico tiene cabida en el mercado y el consumo nacional?

Eso se viene trabajando más por el lado del café leofilizado, que es el café que no se logra vender en el exterior. La Federación produce ese café, que tiene un proceso que hace que no sea 100% natural y que ha perdido su calidad. Sin embargo, la consciencia de consumo de café orgánico es insignificante en Colombia. De hecho, el consumo de café es mínimo en Colombia. Estamos hablando de un 11% de la población que consume café, que es muy bajo, a comparación de Brasil u otros países productores. Todo esto se suma y hace que practicar la caficultura orgánica no sea motivante. El caficultor tiene que hacer más trabajo, porque algunos productos los tiene que fabricar dentro de su finca. Los controles biológicos tienen que hacerlos ellos mismos. Esto es reemplazar inversión de plata por tiempo y trabajo. Sin embargo, hay que ser conscientes de que no es lo mismo incentivar un árbol a que produzca más con un agente químico, a que la mata produzca naturalmente lo que debe producir. Allí hay una diferencia grande en producción, que toca el ingreso. El que tiene la consciencia y culturalmente lo tiene claro, pues no importa, pero la mayoría tiene la expectativa de un mayor ingreso y eso desmotiva.

¿Es necesario unirse para ser más eficiente en caficultura orgánica de minifundios?

Para exportar necesitamos 25 mil kilos. Ningún productor, a excepción de 10 ó 20 productores grandes, está en condiciones de exportar solo. Entonces para exportar un contenedor, tenemos que reunir 50, 60, 100 caficultores. Un productor grande si lo puede hacer, con menos esfuerzo, menos mano de obra, menos tiempo de compensación. El trabajo duro es la concientización de que una finca de producción cafetera debe pensarse como empresa. El Cauca es uno de los departamentos con mayor índice de pequeños productores, de minifundios. Que es ventajoso en el tema de la calidad del café y su manejo, pero es contraproducente frente a la producción y al ingreso.

Hablemos de esa contradicción de la sostenibilidad comercial del café orgánico

Este programa de agricultura orgánica es subsidiado.  Cuando ese subsidio se los traslademos al productor se cae todo el andamiaje, entonces no es sostenible. Son las mismas organizaciones, como Caficauca, las que subsidian todo. Entonces, tendremos que llegar a un nivel en el que en las cooperativas se tenga la suficiente mentalidad de trabajar juntos, de aportar juntos. En ocasiones, al productor le parece mucho dar 30 mil pesos al año, pues dentro de un Estado, mal llamado paternalista porque no da capital semilla para crecimiento, en muchos proyectos se pierde la plata porque se trabaja con un nivel conformista y no por progresar. Entonces hemos caído mucho en el asistencialismo, no hay mentalidad de asociarse, lo que es fundamental para que los procesos de agricultura y certificación orgánica sean sostenibles.

Cafetal

¿Cuál es el perfil de un productor orgánico?

Básicamente, lo que se necesita es conciencia. Muchos de nuestros productores están orientados a la conveniencia. Los productores que entran al programa orgánico entran más  por ganarse un sobreprecio, que por el convencimiento de que deben producir orgánico. Esos son los que más fácil desertan. Entonces el perfil es la convicción del productor de trabajar en la parte orgánica. Dos, la constancia. La tecnología dentro de lo orgánico no está inventada, se vive de cambios y trabajos para recoger experiencias, aplicarlas, si se adaptan o no, pero no es una tecnología que esté desarrollada como en la agricultura convencional que dice, aplique tantos kilos de químicos y listo. También, tener la posibilidad y las ganas de crecer. A veces es la cultura la que le ha dado los elementos a la gente para permanecer en un estancamiento, en donde no hay necesidad de crecer y el productor se conforma con lo que tiene.

¿La inversión en la caficultura orgánica es más de tiempo y motivación que de dinero?

La diferencia de la orgánica frente a la agricultura convencional está en tiempo, en dedicación, en conocimientos. El nivel académico de los caficultores del Cauca es muy bajo, estamos hablando de básico primaria. Eso hace que la capacidad de asimilación de ellos sea mínima y sin motivación de aprender. Y en estos procesos se requiere de mucha voluntad de aprender, de trabajo, investigación, seguimiento, estudio. Nos hemos desgastado con talleres y vemos que en la fincas la gente no ha aplicado ni el 10% de lo que se ha hablado en la capacitación. El otro punto es el incentivo hacia el campo. El tema es que el joven, desde que pueda estudiar un bachillerato o una universidad, dice “yo me voy de aquí, el campo no es lo mío”. Entonces también tiene que ver en parte la estructura del estado, la motivación del estado.

Ustedes hablaban de que el conocimiento orgánico no está hecho. ¿De dónde se han apropiado de este conocimiento?

Ha habido incursiones grandes en Colombia. En los 70 y 80 hubo apoyo europeo y asiático, en donde se empezó a fomentar el manejo ambiental y la agricultura limpia, pero bajo unos criterios externos, porque aquí no ha habido una investigación ni un proceso propio que se haya patentado. Algunos extranjeros se quedaron en Colombia y comenzaron ha generar documentos, escritos, sobre el proceso de caficultura orgánica. Esos son los primeros pilares. De allí comenzaron a generarse movimientos internacionales, sobretodo en Europa, en donde ha habido más conciencia del tema ambiental, de la conservación, de la producción limpia, de los químicos. Esa incidencia ha hecho que en Sudamérica se promueva el tema de la agricultura limpia. Pero no debido a una estructura institucional o gubernamental establecida para ello. De hecho ha habido quijotes que han querido trabajar el tema y terminan desgastados. Y algunos, que hemos seguido la línea, hemos trabajado en lo orgánico no por apoyo estatal, si no más por principios, por iniciativa propia; pero no hay una vocación o interés institucional o formativo. Ni desde las universidades en donde la formación en este aspecto es menor. Hemos tratado de involucrar a las universidades locales, pero el esquema académico no tiene este componente de agricultura limpia. La Fundación Universitaria de Popayán, socia de nuestro programa, adoptó, en su programa de estudio del área agropecuaria, la práctica de caficultura limpia, mas fue una iniciativa de nuestro programa.

¿Saben de redes de mercado orgánico en Colombia y cuál es su    perspectiva del consumidor colombiano?

Hemos escuchado de mercados pero eso aquí es muy tímido. Por allí se generó un movimiento de mercados verdes, patrocinado por el Min. de Medio Ambiente, pero fracasó. No existe un plan nacional de promover mercado orgánico, de direccionar a las grandes cadenas a comprar y vender orgánico. No hay una ley ni una estructura organizacional hacia este propósito, que sería lo ideal. Que un Min. de Agricultura promoviera en el senado que la producción orgánica debe cumplir tanto espacio dentro del consumo nacional. No hay nada que incentive lo orgánico, que le digan a la cadena de supermercado “si usted promueve productos orgánicos tendrá un incentivo fiscal”, por ejemplo, como existe para otras cosas. Sin una estructura o ley cualquier iniciativa que se haga es efímera. La gente compra lo que sea o lo más barato, pero no hay consciencia de que se consuma orgánico por bien de la salud.

¿Cuál es su propuesta a la agricultura colombiana?

El tema es fuerte. El Estado, aparte de fomentar, debe crear leyes que protejan a los agricultores, que promuevan descuentos arancelarios para los consumos agrícolas,  que ojalá fueran exentos para que la gente tenga la oportunidad de tecnificarse para hacer más fácil su trabajo y producción. Pienso que la idea es que el Estado haga una reforma agraria en ese sentido. Que promueva las asociaciones campesinas, que diferencie el salario del campo con el de la ciudad. En el campo no se tiene seguridad social. Es que el campo se nos llenó de viejos, pues hay mucha deserción. Los jóvenes le huyen el campo.

Entrevista, fotografía y redacción: Natalia Fernández-Ruiz
24.04.12

Gallinas felices

La historia de la tecnología viene corriendo desde que el hombre primitivo identificó el poder del agarre de sus manos. En una carrera cada vez más acelerada, los avances tecnológicos toman forma para metamorfosearse rápidamente en otros. Es un ciclón en donde la evolución social humana parece quedarse jadeante ante la marcha de la ciencia. Surge la confusión de usos y alcances de la tecnología en un sinnúmero de prácticas nefastas y pancistas. En ese contexto, también afloran mentes líderes que se agrupan para explotar la tecnología al beneficio del medio ambiente y de quienes lo habitan.

En Madrid Cundinamarca funciona el Centro de Investigación y Transferencia de Biotecnologías Coraflor, dedicado a la investigación y al desarrollo de producción agropecuaria limpia, eficaz y respestuosa del medio ambiente y sus seres. Establecido por la Corporación Minuto de Dios y liderado por Fundases, el CITB Coraflor permanece con las puertas abiertas en el kilómetro 1,5 de la vía Puente Piedra-Subachoque. La Granja Vivero Coraflor se extiende sobre 23,5 hectáreas, de las que 11,5 hectáreas sirven a la zona productiva y 14 permanecen en bosque nativo.

En la granja, se generan procesos de conservación de recursos, manejo de desechos orgánicos, diseño de jardines, reforestación de cuencas hídricas a partir de plantas nativas,  así como proyectos de porcicultura, avicultura y pecuarios, todos tendientes a integrar los elementos de los distintos esquemas productivos en una relación de mutuo beneficio. Asimismo, el conocimiento generado se transmite a productores o personas interesadas en aplicar la biotecnología a sus emprendimientos.

El proyecto “Gallina Feliz” toma forma en esta granja. Gallinas ponedoras que salen curiosas, pastorean y entran al galpón en plena tranquilidad y a voluntad. Una caminada fresca entre las plantas las conduce a alimentarse directamente de la quinoa. Las faustas gallinas producen huevos sanos, sabrosos y voluminosos, en un galpón en donde la construcción de jerarquía es permitida. En sus cacareos en alborozo, ausente está la angustia causada por el sofoco y la oscuridad que producen los galpones comerciales convencionales. La lógica de la productividad inmediata no toca la existencia de estas ponedoras, que cumplen su ciclo endureciendo sus carnes como les es natural a los cuerpos que se desplazan; cuerpos vivos, no alimentos desde que salen del cascarón. Ante el extraordinario desorden de plumas, picos completos, cuerpos robustos e incesantes cacareos Juliana Paola Calderón Vega, agrónoma de Fundases, habló con CERES Colombia acerca del proceso que el proyecto “Gallina feliz” ha tenido en la granja Coraflora y de los efectos que la aplicación de la tecnología EM ha tenido en este desarrollo.

Juliana Paola Calderón Vega, Agrónoma Fundases.

Juliana Paola Calderón Vega, Agrónoma Fundases.

En una gallina feliz el estrés es cero y el menú variado

Juliana: El proyecto gallina feliz consiste en disminuir al máximo el estrés animal. Estamos trabajando con las normas de bienestar animal con el fin de proporcionarle a las gallinas un ambiente adecuado en donde ellas puedan pastorear. No las despicamos como comercialmente se manejan las aves, las dejamos con su pico completo. Esto con el objetivo de que ellas puedan consumir todo el forraje que se les suministra.

En el pasto sembramos avena, quinoa, alfalfa, trébol rojo y les traemos todos los residuos de las cosechas; de los brócolis, las cebollas y lechugas. Compramos sólo la alfalfa peletizada, y todo lo que son granos. Empezaremos a trabajar con forraje verde hidropónico, con germinados de maíz, lentejas y garbanzo. Esto proporciona mayor bienestar para la gallina y un valor agregado en la calidad del huevo. Los huevos tienen una yema mucho más roja, a nivel comercial el cliente lo acepta mucho más.

Para el el control de parásitos, manejamos las tecnologías de los microorganismos (tecnología EM). Microorganismos en el agua de bebida como probióticos para las aves. Como fuente de calcio les damos leche en los bebederos. Ellas están sueltas, entran a voluntad. Cuando salen de este potrero, traemos follaje todo el tiempo para que no se descompense la alimentación. Les damos una pequeña proporción de concentrado porque son líneas de gallinas de alta producción, pero en su mayoría ellas mantienen pastoreando en medio del forraje.

    Respetando el ciclo de la vida. Huevos y carne de calidad

J: Después de las 61 semanas de producción, cuando ya no es rentable tener las aves para producción de huevos se ofrecen como carne. Esta raza es una línea multipropósito. Tenemos la raza Lohmann Brown. La gente la compra para el sancocho o para enrazarla con sus gallos en las fincas. Hemos tenido comentarios que dicen que el sabor es de gallina criolla. Es un sabor agradable y no insípido.  En cuanto a la textura la coloración de la piel es más amarilla, es más oscura de la que uno compra tradicionalmente en el mercado. Si es un poco dura porque las aves mantienen caminando, pero gusta mucho este tipo de ave. Pues ellas están contentas. No las motivamos con luz ni las estimulamos para que produzcan. Sí estamos sacando porcentajes de postura y hacemos índices de producción, pero no las estimulamos para que produzcan más de lo que pueden producir.

El interés de nosotros no es tener una cantidad de huevos sino producir un huevo de excelente calidad que pueda tener un valor agregado y que el cliente vea que puede tener unas gallinas a nivel tradicional y que pueden ser rentables. Que puede vender el huevo a un buen precio. Que no tiene que tenerlas encerradas como normalmente se maneja sino que puede tener a bajo costo instalaciones de madera y puede tener las aves bien. Nuestra instalación está hecha desde el 2008 y no se ha deteriorado; la madera salió de la finca, entonces son costos que en realidad benefician al productor, lo ideal es transferir este tipo de producción a la gente.

 Antes, la Gallina era Feliz y la gente paciente
Conocimiento tradicional

J: Se podría decir que este esquema viene del conocimiento tradicional. Normalmente en el campo la gente tiene sus gallinas sueltas y ellas tienen cerchas, tienen su jerarquía. Esto se fue perdiendo cuando se comenzó a implementar la avicultura convencional. Quisimos retomar la producción tradicional para que el productor vea que no tiene que tener grandes cantidades de dinero para producir un producto de buena calidad. Sino que con lo que tiene en la finca y bien manejado lo puede hacer. La idea es transferir esto a los pequeños productores que hasta ahora están conociendo el sistema o que lo quieren hacer a nivel comercial y que sea competitivo en el mercado. El huevo criollo se paga bien, pero los productores no saben cómo entrar en el mercado y cómo ser competitivos. Y la idea es poderle enseñar al productor, mire esta es una instalación en donde tengo 500 aves. Usted puede usted ser competitivo con forrajes, suplementos, entrar en el mercado con otro tipo de huevo. Entonces la gente se emociona con meterle otra vez pasión al campo, meterle trabajo,  paciencia, porque eso se ha perdido mucho.

Gallinas pastoreando entre plantas de Quinoa

 La motivación de la tecnología EM
Microorganismos eficaces

La motivación del proyecto Gallina Feliz fue demostrarle al productor que la tecnología EM funciona no sólo en agricultura sino en ganadería, porcicultura y gallinas ponedoras. Ya se había visto en Costa Rica y en otros sistemas de explotación que tenían gallinas en pastoreo, entonces quisimos adoptar esa idea a ver cómo funcionaba en la sabana de Bogotá. Se temía por el frío y las inundaciones pero funcionó muy bien y sin problemas de plagas ni de enfermedades. A la gente le causa curiosidad ver un sistema que ya casi no se usa. Ahora el boom es que toda la gente tenga a las gallinas así, sueltas, caminando.

La estupenda fauna de microorganismos
Tecnología EM, usos y orígenes

J: La tecnología EM consiste en un grupo de microorganismos benéficos como levaduras, hongos, lactobasilos, también bacterias fotosintéticas. Éstos trabajan en equipo para degradar el material orgánico. Al degradar materia orgánica se genera una exposición controlada, es decir, podemos controlar olores, moscas. En el tracto digestivo de las aves funciona como probiótico. Protege el sistema inmune y disminuye cantidades de amoniaco en la gallinaza, a comparación de como se vería normalmente en un galpón. Hay control de olores, no es insoportable el olor. Esta tecnología me ayuda a bajar costos en relación a los sustratos. Las camas profundas no las cambiamos en todo el año que las gallinas están allí; simplemente se aplican los microorganismos EM y se hacen unos volteos. Entonces eso funciona como un compostaje, los microorganismos están haciendo una digestión con esta materia orgánica que se les incorpora que es la gallinaza. Se alimentan de esa gallinaza y controlan amoniaco, moscas, patógenos, plagas. Entonces  la tecnología EM es trabajar de la mano con los microorganismos benéficos que antes ignorábamos, o no sabíamos que existían, para fortalecer nuestros sistemas de explotación.

J: La tecnología EM es japonesa, desarrollada por el profesor Teruo Higa. Él empezó a aislar microorganismos, con el trasfondo del manejo de las energía, la conservación y la sinergía con el medio ambiente. Al aislar los microorganismos, pudo detectar compatibilidades entre éstos y sus usos. Él le trasmitió esta tecnología a Fundases. En Colombia nosotros somos pioneros en esta tecnología. Actualmente, la tecnología también la tiene Ecuador, Chile, Argentina, entro otros países del mundo. En Fundases nuestro propósito es poder transferir la tecnología a otros productores, pues tiene muchos beneficios. Hoy en día entidades como la CAR y la Umata, que se interesan por los sistemas pecuarios y agrícolas, restringen mucho a los productores con los planes de manejo ambiental. Entonces, un productor con un plan de manejo ambiental basado en esta tecnología puede asegurar la no contaminación de aguas, le devuelve el componente biótico al suelo en compostajes, garantiza bienestar a los animales, le aporta nutrientes al suelo. Lo ideal es que en Colombia todo lo que extraemos lo podamos recuperar, reponer. Con esta tecnología podemos devolverle al suelo todo lo que le sacamos.

   Huevos felices a la venta y conocimiento libre. Ecos
Comercialización y transferencia de conocimientos

J: Los huevos orgánicos los comercializamos directamente en la granja Coraflor y el punto de venta de Fundases en Bogotá. Estamos haciendo alianza con la Huerta orgánica Mis Mejores Recetas, para ver si podemos dar a conocer los huevos en Bogotá, ya que es muy complicado conseguir un huevo orgánico allá. Y si lo consigues te lo cobran carísimo. La gente de la zona, primero ve las gallinas y luego compra el huevo, pues necesitan creer que es un huevo de calidad. Nuestro interés es llegar a Bogotá y a otras zonas para dar a conocer este huevo de alta calidad y sabor.

J: En cuanto a la producción de Gallina Feliz, tenemos a personas interesadas en San Francisco. Casualmente ha sido más complicado en la región de Madrid que es en donde estamos. Conocer el proyecto ha interesado más a productores que vienen de lejos, hasta de Puerto Gaitán – Meta; gente de otros sitios lejanos son los que miran por internet las fotos, vienen a conocer la tecnología y van y la aplican en sus fincas.

A través de nuestra página web y Facebook pueden enterarse de nuestra labor en la granja. También de la actualidad de nuestro centro de investigación y de transferencia de biotecnologías. Cuando la gente visita la granja empieza a entusiasmarse y llaman a familiares y amigos, generándose una cadena de comunicación.

Fundación Fundases – Minuto de Dios
Teléfono: 4304454 (Bogotá)
Km 1,5 Vía Puente Piedra-Subachoque
http://www.fundases.com

Entrevista y redacción: Natalia Fernández-Ruiz
Comunicaciones CERES Colombia Ltda
Madrid, Cundinamarca, Colombia. 2012.

Mis Mejores Recetas son orgánicas

Entrevista a Hernando Pulido propietario de la Huerta Orgánica Mis Mejores Recetas

En la espera, leíamos un artículo acerca de las huertas urbanas que han hecho algunos residentes de barrios en Bogotá. Mujeres mayores han reconstruido un recuerdo de la infancia, a modo de huerta en los solares de sus casas. Hoy tiene carácter anecdótico el hecho de hacer crecer hortalizas para consumo personal en el contexto de la urbe. Antes era lo esperado. No obstante, el acceso a hortalizas sanas parece ser un tema que viene retomando su fuerza desde diferentes frentes. La huerta orgánica Mis Mejores Recetas es, pues, nuestro próximo frente. Al Norte de Bogotá, en la 80 con 25, nos embarcamos hacia Subachoque.

Llevamos sólo 15 minutos de trayecto y el aire frío de la sabana se siente ya bucólico. La voz de Héctor Pulido acompaña el paisaje de la Sabana de Occidente, mientras nos cuenta acerca de su vuelta al campo y su relación con él. Como propietario de la huerta orgánica MMR, el señor Pulido conoce la actualidad medioambiental del municipio de Subachoque, en donde se halla su huerta. La geografía y la altura de Subachoque propician notable calidad de suelo y abundancia hidrográfica, constituyendo un ecosistema agradecido con las prácticas agropecuarias. Subachoque es hoy considerado municipio ecológico de Cundinamarca, debido a sus planes y acciones tendientes a conservar esa fortaleza de su ecosistema.

Identificada esa vitalidad agropecuaria, el municipio de Subachoque protege sus áreas rurales de la urbanización improductiva, en beneficio de las prácticas agrícolas tendientes a la utilización de esquemas productivos ecológicos. En esta lógica, la construcción de invernaderos y plantas industriales están excluidas de consideración, para evitar la contaminación de los recursos hídricos, que bañan con pureza los cultivos de la zona. La huerta orgánica del señor Pulido es un modelo en la región, por lo que su esquema productivo orgánico funciona como fuente de conocimiento para productores de la zona.

A 35 kilómetros de Bogotá nor-oriental estábamos en “frente de trabajo” o “Subachoque”, en lengua Chibcha. Avanzamos circundados por montañas hasta las puertas abiertas de la “Huerta orgánica Mis Mejores Recetas”. Hortalizas y frutas sanas, libres de químicos, a la puerta del hogar y con precios justos, es una alternativa a la oferta industrial de alimentos, en donde lo orgánico aún tiene poca cabida. Posibilidades de volver a alimentarse de lo sembrado con esmero en huertas locales, en donde la trazabilidad del producto toma rostro en la relación directa con el agricultor.

Allí, frente a las hileras coloridas de hortalizas y frutas en pleno crecimiento, Hernando Pulido nos contó acerca de la experiencia de producir y distribuir a domicilio, en la capital colombiana, 38 variedades sembradas con agricultura orgánica. Agricultora, comercializadora y distribuidora directa, la Huerta orgánica MMR surte en su mayoría a familias y a pequeñas tiendas orgánicas.

Huerta orgánica Mis Mejores Recetas en Subachoque

Huerta orgánica Mis Mejores Recetas en Subachoque

CERES Colombia: ¿Cómo comenzó la Huerta Orgánica Mis Mejores Recetas?

Hernando Pulido:  La huerta orgánica MMR nació en el 2005 como una iniciativa de cultivar la finca familiar. Nos asesoraron para que sembráramos sólo 5 variedades de hortalizas, pero desde el principio pensamos sembrar 36 variedades para conformar un amplio portafolio para satisfacer las necesidades de una familia. Empezamos con un área de 3500 m y ahora tenemos una hectárea sembrada. Hemos podido diversificar diferentes mercados. Surtimos pequeñas tiendas orgánicas distribuidoras de mercados de barrio. Tenemos la distribución de mercados orgánicos a domicilios, estando disponibles todos los productos del portafolio, como los de otros cultivadores que son también orgánicos. Tenemos línea de hortalizas, frutas, condimentos y aromáticas de clima frío, como acelga, espinaca, lechugas, perejil, orégano, tomillo, laurel. En fruta fresa, mora y uchuva. Nosotros somos productores y comercializadores de la huerta.

CC: ¿Cómo ha sido el proceso y la apropiación de conocimientos de agricultura orgánica?

HP: Un agrónomo especializado en agricultura orgánica nos asesoró. A medida que nos iban pasando las cosas íbamos investigando en libros, internet y basándonos en conceptos de personas que estuvieran trabajando lo orgánico. El manejo de lo orgánico es de experiencias y de compartir conocimientos para ayudarse, de compartir experiencias a raíz de los diferentes problemas. Eso es lo bonito de lo orgánico, que nos ayudamos y nos apoyamos contándonos los secretos, que no deberían ser secreto. El compartir es necesario para que Colombia pueda ser un país totalmente orgánico.

CC: ¿Qué impacto ambiental ha producido la huerta?

HP: Cuando comenzamos con la granja hace 7 años, teníamos un 20% de productividad de la tierra. En este momento tenemos un 92% de productividad. O sea, le hemos devuelto todos los nutrientes y todos los beneficios que tenía la tierra antiguamente para que haya una mayor productividad. Fuera de hemos regenerado el ecosistema. Vienen pájaros y se respira aire puro, hay paz y existe un muy buen ambiente. En los cultivos convencionales lo que se respira son los químicos, se respira polución. Entonces con lo orgánico se tiene una mejor salud. Aquí, ninguna de las personas necesita tapabocas para hacer alguno de los procesos, porque estamos respirando aire puro.

Huerta orgánica Mis Mejores Recetas en Subachoque

Huerta orgánica Mis Mejores Recetas en Subachoque

CC: Háblenos de la efectividad de lo orgánico

HP: Ser cultivador orgánico le produce a uno beneficios en cuanto a la salud y al bienestar, como económicos. Cultivar orgánico no es más caro en razón del incremento de la mano de obra. Antes uno propicia trabajo, que es algo muy importante. En los cultivos convencionales ya está muy mecanizado todo. Usan herbicidas y máquinas con las cuales reemplazan la mano de obra. Lo que se produce como orgánico tiene beneficios y rentabilidad para la persona que lo esté produciendo, bajo los parámetros y necesidades establecidas de un esquema orgánico.

CC: Como consumidor de alimentos orgánicos ¿A qué sabe lo orgánico?

HP: Es sabor a naturaleza, es un sabor limpio. Tienes el sabor original de cada uno de los productos. El tomate sabe a tomate, la fresa a fresa, el huevo no tiene sabor a químico. Los productos saben a lo que son y uno se siente realmente comiendo algo sano.

CC: ¿Cómo maneja los precios de sus productos?

HP: En el 2006, trabajó en la granja un administrador agropecuario que sacó tiempos de todos los procesos. Tiempos de deshierbe, de hacer las camas, del aporcamiento. Entonces yo sé cuánto me cuesta a mí cada una de mis hortalizas. Somos los únicos en el país que tenemos el costo real de las hortalizas. Todo el mundo, para saber el precio de una hortaliza se basa en Corabastos, por ejemplo; pero realmente el costo de decir, mire, a mí una lechuga me cuesta 950 pesos, lo tengo yo porque lo sacamos sobre los costos.

CC: Hablemos del costo de lo orgánico

HP: A comienzos del año 2000, diría yo que empezó a notarse el fomento a la oferta de productos orgánicos. En grandes cadenas de supermercados, se fijaron precios más altos que el valor ecuánime que tenía esta oferta orgánica. Nosotros que somos cultivadores y distribuidores directos sabemos que se puede tener un precio justo, al que el consumidor tenga acceso. El costo de un producto orgánico es asequible. Éste puede tener un margen levemente superior al convencional, pero el convencional tiene todos los químicos y los insumos perjudiciales para el organismo. La persona paga unos pesos más por el producto orgánico, pues sabe que está consumiendo algo que le da confianza para su salud.

CC: ¿Cómo desarrollan el conocimiento que aplican?

HP: Junto con la Universidad Nacional hemos estudiado varios temas, entre ellos el desarrollo de compost, el almacenamiento de pastos y algunos tipos de fertilizantes. De esta experiencia se sacó una serie de videos pedagógicos, acerca de las técnicas aplicadas. La huerta está abierta a los visitantes. Lo orgánico es el futuro y un futuro muy cercano. Nos interesa que la gente lo sienta, que podamos tener una naturaleza y un cuerpo sin contaminación, así como un bienestar para las próximas generaciones.

CC: ¿Cuáles considera son las características de un productor orgánico?

HP: Lo más importante es tener voluntad y deseo de cambiar. Confiar en que las cosas pueden mejorar poniéndoles empeño. Las cosas no se hacen por sí solas. Uno tiene que saber y estar al frente del trabajo. Estar pendiente de las actividades y labores. Hay que pensar en que las cosas evolucionan. En este momento cada día están desarrollando conocimiento de agricultura orgánica. Entonces es tener la confianza para utilizar el conocimiento.

CC: ¿Qué estimularía a un productor convencional a cambiar a orgánico?

HP: Creo que presenciando ejemplos y un ejemplo es esta huerta. Por eso yo he invitado a muchas personas que aún no tienen la confianza y no saben cómo pueden tener los beneficios de un esquema productivo orgánico a que vengan, lo vean y lo vivan aquí en la huerta. Que sepan que lo pueden hacer. Que vean que no se trata de altas inversiones sino de constancia, de estar uno presente, permanentemente cumpliendo con todos los requerimientos de la huerta. La huerta está abierta a visitantes. Ahora estamos montando la página web y toda la plataforma de información, pero por medio del celular me contactan para conocer el sistema de la huerta.

Don Hernando Pulido Propietario de la huerta orgánica MMR, que siembra y distribuye verdura orgánica desde Subachoque.

Don Hernando Pulido Propietario de la huerta orgánica MMR, que siembra y distribuye verdura orgánica desde Subachoque.

CC: ¿Se han asociado con otros productores de la zona?

HP: Con Fundases pensamos hacer una serie de proyectos pilotos, en conjunto con la alcaldía de Subachoque y con la Umata, para implementarlos con pequeños cultivadores aquí en la región. El objetivo es mostrar los beneficios que tiene producir orgánico, frente a la producción convencional, en vista de trabajar por una mejoría de ingresos de los agricultores locales.

CC: ¿Cuál es su motivación para certificar su producción orgánica a nivel nacional?

HP: Para nosotros es el respaldo a la labor que estamos haciendo. Nos da el aval de lo que está siendo hecho de forma correcta. Permite que haya un control de una tercera persona.  En mi concepto, el control preventivo y amigable es necesario. Al tener dudas sobre algún procedimiento le comentamos a la certificadora. Cuando vienen a mirar y encuentran algo para corregir, nos señalan las alternativas para hacerlo. Simplemente, es una labor en equipo para que la producción de la huerta se realice en las mejores condiciones.

CC: ¿Qué perspectiva tiene de la agricultura orgánica en Colombia?

HP: Considero que se consolida futuro al trabajar presente bajo esquema orgánico. La vocación agrícola del país es notable, así que hay que pensar en descontaminar el suelo, el ambiente e impactarlos en forma benéfica. Y fuera de eso, beneficiarse de un consumo alimenticio mucho más sano, con vitaminas y nutrientes. Eso tenemos que hacerlo ya. Definitivamente los químicos y plaguicidas poco a poco desaparecerán, hay productos biológicos que los están reemplazando y en mejores condiciones de producción y precio.

Hay que creer en lo orgánico. Darle su tiempo, pues esto tiene un proceso. Se tiene que tener paciencia, constancia, dedicación, saber manejar momentos de bajada y subida. Cuando se cae hay que saberse levantar y seguir adelante. Lo más importante es tener el deseo y la consciencia de que cuando uno está produciendo orgánico está haciendo un gran beneficio al resto de la humanidad. El que lo quiera hacer, lo haga con el corazón y el deseo de que está trabajando en una labor de gran beneficio para su entorno y para la comunidad. Uno debe pensar que lo orgánico es algo que hicieron nuestros antepasados y que luego vinieron otras generaciones que trajeron químicos, maquinarias sofisticadas que acabaron con la mano de obra en el campo. Lo orgánico está volviendo a estas viejas tradiciones que tienen un equilibrio con la naturaleza y que nos llevan a estar en paz con ella.

En la Huerta orgánica Mis Mejores Recetas se aplica:

Riego. El agua viene de nacederos y del cerro, siendo agua de riego natural. Luego llega al río Subachoque. Se aplica en las noches para evitar evotranspiración y propiciar un buen estado del terreno al trabajarlo.
Fertilización. Se utiliza cascarilla de arroz para cerner la tierra. Se aplica compost de desechos vegetales de la huerta y bocache preparado con estiércol, tierra, cascarilla, salvado, carbón, melaza.
Rotación. Siembras alternadas por familias, para propiciar un nivel equilibrado de productividad. Así no se siembra el mismo producto sobre la misma cama, pues cada hortaliza tiene necesidades diferentes, por lo que sustrae de la tierra distintos nutrientes.
Productividad. Niveles de 92% frente a los de 20% con los que empezó la huerta.
Deshierbe. Manual. Se dejan hierbas para proteger el terreno y contribuir con nutrientes al crecimiento de las raíces de la planta.
Control de plagas. Trampas, como la torito o de cinta engomada. Extractos de agua ají. Utilización de los elementos aportados por la naturaleza.

Huerta orgánica Mis Mejores Recetas
Hernando Pulido
Celular: 317-3623137 (Puede realizar sus pedidos a este número)
huertaorganica.mmr@gmail.com (también puede realizar sus pedidos a este correo)

Entrevista y redacción: Natalia Fernández-Ruiz
18.05.12

La vida limpia

LA VIDA LIMPIA
Entrevista a Piedad Guerrero y Lidia Lucero, Pioneras de Biofruit Napoli.

La cálida acogida de los agricultores amainó el viento gélido que atravesaba olímpico el paisaje para endurecer nuestra piel. Llegamos al municipio José María Hernández, en Upiales Nariño, para encontrarnos con la coherencia de un grupo de agricultores apasionados por la vida. El fruto que los congrega engalana el panorama con aromas naturales y con la imagen mágica de su abrigo natural. La uvilla, la uchuva, el aguaymanto, la phisalis peruviana, es la fruta escogida por este grupo de agricultores que decidió asociarse, bajo la filosofía de un esquema de producción orgánico.

Constituidos como Biofruit Napoli, hoy la asociación congrega a 22 familias que encuentran en la experiencia de la agricultura orgánica una vuelta a los tiempos en donde la inmediatez no permeaba el ritmo de la vida y una alternativa comunitaria para alcanzar una estabilidad económica. “El amor en caja”, como llaman los franceses a la uchuva, es cultivada por Biofruit en Upiales y llega con altos estándares de calidad y suculencia a los mercados de Suiza, Canadá y Estados Unidos, a través de la gestión de la comercializadora Fruandes.

Actualmente, Colombia es uno de los principales productores y exportadores de uchuva; fruto que representa una alternativa prometedora para la exportación, debido a que no se deteriora fácilmente y a que es altamente demandado en el mercado internacional. En 2010, la exportación de uchuva colombiana reportó 22,2 millones de dólares, teniendo como principales compradores a Alemania, Suecia y Reino Unido. Sin embargo, la demanda creciente de uchuva por parte de Europa y Norteamérica no es correspondida por la cantidad producida en Colombia.

Biofruit Napoli representa hoy un dechado del poder de la asociación en Colombia, constituyéndose como pionera en un modelo mancomunado de producción agrícola orgánica. Triste sería que permanecieran como una rareza y afortunado que otros productores locales identifiquen la fuerza de trabajar en comunidad. No obstante, la experiencia de Biofruit Napoli no sólo ha sido en términos de producción orgánica, sino de compartir conocimientos, en vista de heredar semillas de valores comunitarios a las generaciones nacientes. CERES Colombia conversó con Piedad Guerrero y Lidia Lucero, acerca de las percepciones que de la experiencia de producción orgánica tienen estas pioneras de la Asociación Biofruit Napoli.

Piedad Guerrero y Lidia Lucero, Pioneras de Biofruit Napoli

Piedad Guerrero y Lidia Lucero, Pioneras de Biofruit Napoli

CERES Colombia: ¿Qué es Biofruit Napoli?

Lidia: BIOFRUIT Napoli es una asociación netamente orgánica. Las personas que participamos en ella sentimos amor por la naturaleza. Nos gusta vivir en ella y procurar su desintoxicación, pues por tanto componente químico hoy en día está enferma. De esa enfermedad de la naturaleza, hemos visto la necesidad de tomar el riesgo de ir en contravía de la industria porque ahora todo es químico y rápido; no se ha tenido en cuenta el proceso de la naturaleza: el nacimiento, crecimiento, desarrollo y producción de las plantas. Ahora hay ausencia de microorganismos que antes hacían su vida normal en la naturaleza. A raíz del amor arraigado por nuestra existencia, por nuestro mundo, es que nosotros hemos tomado la decisión de trabajar la agricultura orgánica. Esto para llevar una vida sana y dejar a las generaciones futuras el precedente de que es necesario tomar conciencia de llevar una vida digna y feliz en la naturaleza, retomando lo de antes, la vida limpia.

Piedad: Yo me uní a la Asociación por medio de unas compañeras que me invitaron a participar, porque mi oficio no fue este, fue la enfermería, pero como ya me jubilé me invitaron a cultivar uchuvas orgánicas. Cultivamos la uchuva bajo esquema orgánico porque vemos que lo químico nos está perjudicando y está intoxicando al campo. Por ese motivo hemos invitado a otros compañeros y asociaciones para que participen en la agricultura orgánica, pues es lo más importante en nuestra vida y queremos dejar esa herencia a nuestros hijos.

CC: ¿Hace cuánto están asociados?

L: Aproximadamente 6 años. Nuestro inicio fue casual, fue como tomar una aventura. No teníamos conocimiento en la comercialización de la fruta. Oímos conferencias que nos dieron en Ipiales, con expertos de todo el país. Al principio se nos hizo cosa fácil. Pensábamos que la uvilla nacía por allí, crecía y ya. Pero luego vimos la necesidad de organizarnos, de hacer una asociación con todos los requisitos necesarios para dividir responsabilidades en grupo. Esto es una bonita experiencia porque a pesar de que ahora la gente es tan individualista, el hecho de empezar a compartir el conocimiento, no sólo a nivel de la agricultura orgánica sino a otros niveles, es un factor que hace crecer a las comunidades. Nuestra asociación es compacta. Todos los miembros permanecen pendientes, permanentes y constantes en sus cultivos. Se ha dado también trabajo a terceros, en las cosechas. Nos estamos relacionando más con la gente, dando a conocer las bondades de esta forma de trabajo. Y así la gente va imitando y asociándose en diferentes temas, no sólo en la agricultura.

CC: ¿Cuál fue la motivación para devenir agricultores orgánicos?

L: En Nariño siempre ha sido tradicional el cultivo de la papa. Y eche abonos y eche químicos que envenenan al humano. Esta fue una de las causas. La otra fue la necesidad de lograr una estabilidad económica. La papa fluctúa y no siempre hace ganar al agricultor, no es algo seguro. Nosotros queríamos hallar una seguridad en el trabajo y en la producción. Como la plata y la salud son necesarias, entonces era una forma de subsistir divinamente. Hemos sido muy perseverantes. Esto no es fácil, las situaciones han sido difíciles. El amor a la naturaleza nos llevó a esto.

CC: ¿Cuántos asociados son? ¿Cuáles son las ventajas de la asociación?

P: Ahora somos 22 socios. Las ventajas son salir adelante trabajando conjuntamente en la agricultura orgánica. Queremos dejar el egoísmo para proponernos una producción bajo esquema orgánico de todos los productos que da nuestra tierra. Recordar a nuestros mayores, a nuestros antepasados, ellos nunca utilizaron los químicos.

L: La estabilidad, el enriquecimiento como personas y como grupo en cuanto a conocimientos y valores. Constituir una experiencia modelo a nivel nariñense, colombiano y darnos a conocer en el exterior ha sido un experiencia muy satisfactoria nacida de la asociación.

CC: ¿Entonces Biofruit es un modelo para otros productores?

P: Si, porque hemos sido los pioneros en la región en trabajar un esquema de agricultura orgánica de forma asociativa.

L: Aspiramos que nuestro esquema productivo sea reconocido para que los demás productores puedan tomar ejemplo. Esto es un trabajo que está hecho con esfuerzo y por eso nos gustaría que concientizara a la gente.

Capachos de Uchuva en José María Hernández

Capachos de Uchuva en José María Hernández

CC: ¿A quién va dirigida la uchuva orgánica producida por Biofruit?

P: Va a mercado nacional e internacional. La mandamos para Bogotá y de allí la mandan para Estados Unidos, Canadá y Suiza.

CC: ¿Qué demanda tiene esta fruta?

P: Hay bastante demanda, pero la oferta es insuficiente por eso estamos invitando a más productores para que entren en nuestra asociación.

CC: ¿Qué dificultades han tenido en su esquema orgánico y cómo las han solucionado?

L: El tiempo de lluvias es difícil para la producción orgánica. Hay altos y bajos. La cuestión química es rápida en el tiempo. En épocas de lluvia se generan muchos hongos, los terrenos se inundan y eso a veces nos desmotiva porque las plantas empiezan a enfermarse y lo orgánico requiere más tiempo para hacer el beneficio o la curación a la planta. Hay soluciones orgánicas como la manzanilla con la ceniza. Nuestro problema son los hongos debido a la gran humedad que se ha generado por el invierno. La fertilización es más fácil. Se hace con abono orgánico y estiércol de animales.

CC: ¿De dónde viene ese conocimiento?

L: De las capacitaciones con el Sena, Acción social, Pastoral social. Nos han ayudado mucho en ese sentido y de resto proviene de la experiencia.

CC: ¿Utilizan técnicas de conocimiento ancestral?

P: Esencialmente parten de las capacitaciones. Sin embargo, yo utilizo el zumo del ají con manzanilla para ahuyentar insectos. Y la utilización de la ceniza y la cal salen del conocimiento ancestral. Eso yo lo oía de mis padres.

CC: ¿Cuál es su percepción acerca de la agricultura en Colombia?

P: La gente todavía está muy apegada al químico, porque tienden a la facilidad, a la comodidad, a la inmediatez y los productos químicos les ayudan a sostener el cultivo rápido. Pero nosotros promovemos una vuelta atrás.

CC: ¿Sienten que su asociación Biofruit hace eco en la región?

P:Sí. Nosotros empezamos con seis familias asociadas al cultivo orgánico de la uchuva. Y ahora ya vamos con 22 socios y estamos con gente de la Cocha, de Pasto, de Túquerres, de Potosí. Ya hay familias y municipios que están pasándose al esquema orgánico. Eso es eco.

L: El eco es progresivo. Una motivación es la necesidad de estabilidad. Porque la agricultura en todos los niveles, así sea químico, está por los suelos ¡todo está barato! No hay un incentivo a los agricultores. No hay un seguro para las pérdidas de cultivos por los factores climáticos. Depronto no es tanto la concientización en sí, porque para eso a los gobiernos les falta mucho, sino más que todo la necesidad de estabilidad económica y en mínima parte la consciencia.

CC: ¿Qué incentivo hacia la agricultura orgánica ven de parte del gobierno?

L: Hay ausencia de incentivo. El gobierno debería apostarle a que la producción orgánica tuviera más valor, que se hiciera el diferencial entre lo químico y lo orgánico. Pues ahora vale igual en el mercado lo orgánico que lo convencional.

CC: ¿El consumidor es consciente de pagar el sobreprecio de lo orgánico?

P: Quizás en Bogotá haya más una voluntad de pagar este precio. Acá en la provincia no.

CC: ¿A qué sabe lo orgánico?

P: Tiene otro sabor porque parte de la consciencia de que son alimentos que no son dañinos para la salud. Como fui enfermera toda mi vida, sé que los químicos atacan mucho al organismo. Ahora, tanta frecuencia del cáncer es motivada también por esos hábitos de alimentación basados en la injerencia de químicos. Esto es lo que queremos cambiar. Aún cuando sea que uno tenga una huerta para consumo personal que sea totalmente orgánica.

CC: ¿Cuáles son las características de un productor orgánico?

L: La educación es la que forma a la persona. Sin conocimiento no se puede obrar, pero hay que bajar también el conocimiento al corazón. En la formación cultural también está la clave. Desafortunadamente el facilismo está posicionado en las personas. Ausente está la idea del esfuerzo ¡todo que me den!. Entonces se tiene que iniciar un proceso formativo de generación y eso toma su tiempo. Lastimosamente el hombre no ha sabido conservar la naturaleza. Hemos sido destructores de la vida en general y estamos muriendo a causa de nuestra misma mano, sea por la contaminación, por la industrialización. El mundo va en caída. La gente habla con mucha información que está en internet ¿pero de allí a actuar?

CC: ¿Qué les ha permitido la certificación? ¿Representa para ustedes una inversión o un costo?

L: La certificación ha sido muy importante para nosotros porque nos ha permitido alcanzar un comercio internacional. Ha permitido que a nivel interno de la asociación nos organicemos, le pongamos un poco más de disciplina y rigor a la producción, que la hagamos de una forma estable, estándar y con alta calidad. En ese sentido, la labor de la certificadora es muy buena y las recomendaciones nos las hacen con el propósito de buscar que al interior de nuestra comunidad cada día nos superemos. Así que hemos mejorado la calidad de lo que tenemos y hemos alcanzado el mercado internacional. El ejemplo que estamos dando a nuestra comunidad también ha sido gracias a la certificación.

CC: ¿Cómo perciben a la certificadora? ¿Les ha aportado conocimiento?

Nosotros hemos buscado la capacitación por nuestros propios medio. Sin embargo, como la certificadora nos exige la capacitación ha sido esto una motivación para alcanzar muchos conocimientos en el esquema orgánico.

Entrevista y redacción: Natalia Fernández-Ruiz

Biocontrol y especificidad, el objetivo de Sanoplant

Entrevista a Carlos Anibal Montoya gerente de Sanoplant

Carlos Anibal Montoya gerente de Sanoplan

Carlos Anibal Montoya gerente de Sanoplant

Mientras aislaba artesanalmente cepas agresivas para combatir una plaga, Carlos Anibal Montoya presintió que la penetración a la plaga, la inoculación, podía ser bien una práctica que le generase un empleo autónomo, hacer empresa. Y al mismo tiempo hacer, mediante la recolección constante y estudiada, un banco de cepas altamente efectivas para el control biológico de plagas y enfermedades propias a la agronomía y la ganadería.

Estudió primero agronomía y luego se enfocó en las enfermedades de los vegetales. Plantas y hongos, plantae y fungi; insectos. Seleccionar, aislar, purificar, reproducir, observar. Elementos del entorno de estudio del fitopatólogo, que conducirían a Carlos Anibal a la búsqueda de una fusión consistente, entre las cepas y el ambiente afectado en donde serían aplicadas.

Desde su sede en Palmira, en el suroccidente colombiano, Sanoplant, la empresa que constituyó Carlos Anibal Montoya, produce, distribuye y comercializa microorganismos destinados, tanto a atacar enfermedades y plagas agrícolas y pecuarias, como a recobrar el equilibrio biológico del ecosistema en donde actúan.

En tiempos en donde la agronomía y la ganadería tienden hacia esquemas limpios de producción, impulsadas por un cambio en la concepción de la seguridad alimentaria y del medio ambiente, Sanoplant ofrece la potencia del biocontrol. El proceso de identificación de cepas voraces, las bondades del control biológico frente al control químico de plagas, entre otros, constituyeron temas de la conversación que con Carlos Anibal Montoya, gerente y propietario de Sanoplant, tuvo CERES Colombia.

CERES Colombia: Sanoplant cuenta hoy con un banco de cepas ¿Cómo ha sido el proceso para formar esta colección?

Carlos Anibal Montoya: Por mi práctica como fitopatólogo me llegaban muchas cepas y fui haciendo un banco de cepas, que con el tiempo hemos ido aislando, mejorando y enriqueciendo. A veces hacemos intercambio con estudiantes que están estudiando un problema de plaga o enfermedad determinado, quienes nos traen cepas que aislamos y que vamos agregando a ese banco.

CC: ¿Qué características tiene este banco de cepas?

CAM: En la comercialización de los insumos para el biocontrol suele encontrarse, por ejemplo, una cepa como una Beauveria bassiana, de una variedad que ha funcionado muy bien básicamente para el control de la broca, pero que no es tan efectiva atacando otras plagas. Las cepas que hemos desarrollado las hemos relacionado con la plaga específica, para luego reactivarla, seleccionarla y aislarla. Esa especificidad es la que hacemos acá y nos funciona muy bien como elemento de control.

CC: ¿Cuál es la diferencia entre un inoculante convencional y uno generado bajo el esquema biológico?

CAM: Los productos para control de plagas de manera biológica hacen esa fusión con lo que hay en el ambiente, que no hace el inoculante químico. Entonces al aplicarlos hay menos contaminación de aire, del suelo, del agua, menos posibilidades de riesgos para la salud humana, lo que le da un benéfico valor agregado a las producciones agrícolas y pecuarias. Estamos dándole un valor agregado a la producciones y otra cosa más importante, estamos cumpliendo con las tendencias europeas, americanas e incluso colombianas en el mercado, que es disminuir ostensiblemente el uso de agroquímicos.

CC: ¿Cuál es la durabilidad del control de plagas una vez el producto aplicado?

CAM: La durabilidad es constante una vez se logra establecer la cepa y hacer un buen manejo de ella. Te doy un ejemplo, en 1980 se impuso mucho en Colombia el control biológico de la hormiga roja y en las zonas en donde se hizo no ha surgido la necesidad de aplicar ningún otro inoculante, pues hoy en día sigue funcionando el control natural. La relación costo beneficio es alta.

CC: ¿Qué relación de costos hay entre el producto de control biológico y el de control químico de plagas?

CAM: Las ventajas económicas son muchas. Los costos del biocontrol comparativamente con los inoculantes químicos utilizados en la agricultura convencional están por debajo del 50%. Lo otro son los valores agregados que se traducen en la generación de confianza en el mercado y en el consumidor, que no lo logran los productos generados bajo esquemas químicos. Hay una tendencia en la consciencia de la gente hacia productos más sanos, más inocuos, más limpios.

CC: ¿Existe resistencia de algunas plagas o enfermedades hacia el control biológico o es altamente efectivo?

CAM: No. Esa es una de las ventajas del control biológico frente al químico y es que las plagas no generan resistencia. Como te decía, nosotros manejamos algo que se llama “especificidad” que es conseguir que el hongo o la bacteria sea específica frente al problema que nosotros queremos combatir. Porque otro inoculante podría estar atacando también la población benéfica; entonces nosotros estamos apostando a la especificidad, potencializando el producto hacia el objetivo-plaga que haya que eliminar.

CC: ¿De dónde surge el conocimiento y la práctica del control biológico en Colombia?

CAM: El Valle del Cauca es pionero en control biológico. Estamos hablando de casi 40 años de experiencia de control de plagas en caña de azúcar. La experiencia con control empezó con Diatraea spp que es la famosa plaga de la caña. Se trajeron unas moscas taquínida del Perú. Las trajo el doctor Juan de Dios Raigosa, quien fue de los primeros en Colombia que trabajaron con control biológico. Y de allí ya han pasado 40 años.
CC: ¿Hay investigación fuerte en este campo en Colombia?

CAM: Si, Colombia es abanderada y fuerte en el control biológico. Ahora hay profesionales muy preparados en este tema, que se han dedicado al desarrollo de alternativas de control biológico válidas para Colombia y América.

CC: ¿Cuáles son las características del proceso de experimentación de Sanoplant?

CAM: Lo primero que hacemos es estar constantemente recibiendo problemas sanitarios que hacen que nosotros pongamos nuestras cepas a prueba, buscando las más virulentas o agresivas. Permanentemente estamos buscando las cepas naturales del campo, de donde extraemos una serie de organismos benéficos que nos interesa conservarlos para que formen parte de nuestro cepario.

CC: ¿Cuál es el proceso de generación de un inoculante?

CAM: El proceso arranca con que tenemos que saber cuál es el problema a atacar o a controlar. A partir de allí es una estrategia en laboratorio de traer la plaga para aislarla, purificarla y enfrentarla a diferentes clases de cepa. Luego se aíslan y se purifican las mejores cepas, las más agresivas, y se hace una réplica de ellas, un escalamiento comercial, para después efectuar la producción masiva que será aplicada en el terreno.

CC: ¿Cuál es el modo de acción de estos microorganismos?

CAM: Es aplicación directa en campo bajo las condiciones ideales de temperatura y humedad y se espera que en 8 días empiece el control.

CC: ¿Cuáles son las características óptimas de un cultivo para que sea efectivo el biocontrol?

CAM: Lo primero que se debe lograr es un control total del proceso desde el punto de vista de asepsia. Algo importante es trabajar bajo las características del mismo sistema de producción. Es necesario hacer pruebas de antagonismo de viabilidad, llevar un control de calidad interno. Nosotros contamos con un laboratorio externo contratado que a través de evaluaciones y pruebas confirma la efectividad de nuestro producto.

CC: ¿El biocontrol funciona en un cultivo orgánico o convencional?

CAM: Normalmente, cuando la gente quiere acceder al control biológico, lo que hace es una especie de transición hacia lo orgánico. Pero la historia ha demostrado que evidentemente la tendencia hacia el control biológico es creciente.

CC: ¿Qué impactos ambientales tienen estos microorganismos?
CAM: Los impactos son mínimos porque son de baja toxicidad. Si se siguen los pasos de seguridad no hay oportunidad de que se produzcan problemas hacia humanos, animales o medio ambiente, por eso se llama biológico. El microorganismo se integra dentro de un sistema de producción de una manera muy fácil, puesto que lo que busca es disminuir las moléculas químicas que son un gran problema desde el punto de vista de toxicidad, de generación de problemas al medio y al humano.

CC: Además de la tendencia hacia la agricultura limpia ¿Hacia qué otras razones atribuye usted el uso del biocontrol?

CAM: A los altos costos de los fertilizantes y fungicidas químicos y a que definitivamente la gente ya ha comprobado que, además de que son costosos, no están dando los resultados que se requieren. Otra cosa son los márgenes de rentabilidad, por los altos costos de los pesticidas la gente cierra mucho la brecha del retorno de la inversión y eso desmotiva mucho al sector agropecuario.

CC: ¿Hay posibilidades de que un inoculante biológico se salga de las manos?

CAM: En lo que llevamos de investigación en control biológico no ha habido ningún microorganismo que se convierta en un patógeno o algo por el estilo. Esa es una de las ventajas, hay mucha seguridad en este campo.

CC: ¿A quién va dirigida su oferta?

CAM: Pequeño, mediano y grande productor, en cualquier sistema, tanto en la parte agrícola como pecuaria. A nivel nacional e internacional. Estamos exportando a Ecuador y la idea es llegar a Centro América y el Sur de América y Europa.

CC: ¿Cuál es la demanda del producto?

CAM: En este momento la demanda es altísima. Las empresas pecuarias  y agrícolas están apostándole a la producción más limpia, sin trazas de residuos.

CC: ¿Cómo percibe las prácticas orgánicas en el país?

CAM: En este momento se habla de que cerca de un 46% de la producción colombiana es orgánica o biológica frente a un 54% convencional o química. Ha crecido bastante.
CC: ¿Cómo percibe el momento actual y el futuro de la agricultura y la ganadería en Colombia?

CAM: Percibo preocupación a raíz del tratado del libre comercio, porque eso significa que estaremos sujetos a una apertura de mercado que va a hacer que muchos de los productos que aún no desarrollamos eficientemente van a invadir el mercado de la agricultura y la ganadería en Colombia, quizás frenando esa investigación nacional. Pero lo cierto es que mucha gente se está preparando para eso, pues ya la gente asumió que se firmó, entonces no queda más que estar preparado.

Entrevista y redacción: Natalia Fernández-Ruiz
Palmira, Valle del Cauca, Colombia. Abril 2012.

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